República Centroafricana

En la República Centroafricana, la crisis atrapa a los poblados más remotos

En medio de la continua violencia, la situación humanitaria sigue siendo desesperada para millones de personas.

 

Por Suzanne Beukes

El 21 de febrero, UNICEF presenta su Acción Humanitaria para la Infancia (HAC) de 2014. Este llamamiento mundial presenta las necesidades combinadas de quienes viven en las circunstancias más difíciles, ya sea las situaciones de emergencia a gran escala que aparecen en los titulares de todo el mundo o las crisis menos visibles pero no menos urgentes, que ponen las vidas y el bienestar de los niños y las mujeres en peligro.

Con el objetivo de proporcionar asistencia esencial a 85 millones de personas, entre ellas 59 millones de niños, el HAC de 2014 es el mayor llamamiento humanitario jamás realizado por UNICEF –2.200 millones de dólares en total– y refleja el creciente impacto de los desastres y las emergencias sobre los niños de todo el mundo.

En la República Centroafricana, un millón de personas han huido de sus hogares, y alrededor de la mitad de la población está en necesidad urgente de asistencia como resultado de la violencia durante el último año. Entre los más afectados son los niños, que han sufrido cada vez más de la malnutrición y se convierten en blanco de la violencia.

Como se ha visto recientemente en el noroeste del país, mientras que los esfuerzos para proteger a las poblaciones vulnerables han tenido cierto éxito, gran parte de la población sigue necesitando ayuda.

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© UNICEF Video
Durante el período de un año, según estimaciones de las Naciones Unidas, cerca de 700.000 personas han sido desplazadas internamente, y unas 250.000 han huido a países vecinos.

BAORO, República Centroafricana, 21 de febrero de 2014 – El camino que lleva desde Bouar hasta Baoro, en la zona noroccidental de la República Centroafricana, pasa por una serie de pueblos fantasmas, arrasados por el fuego.

Una mujer con un bebé se encuentra en la puerta de una casa de dos habitaciones, donde la familia solía vivir; ahora solamente queda en pie la estructura carbonizada. Sólo unos días antes tuvo que huir con su esposo y sus otros hijos a la montaña, y ha permanecido allí desde entonces.

“Los anti-balaka hicieron esto”, dice, sacudiendo la cabeza.

El trayecto de 80 kilómetros es un reflejo de la historia de una sociedad que se ha fracturado debido a una terrible oleada de violencia étnica y religiosa. Durante un año, según las estimaciones de las Naciones Unidas, casi 700.000 de los 4,6 millones de habitantes del país han tenido que desplazarse internamente y unos 250.000 han huido a países vecinos. Otras 65.000 personas han tenido que ser escoltadas fuera del país por las fuerzas de seguridad para protegerlos de los peligros.

“Es una situación que ha ido de mal en mucho peor”, dice Robert McCarthy, coordinador de situaciones de emergencia de UNICEF en la República Centroafricana. “La gente ha tomado las armas. Son emocionales, tienen miedo y se están haciendo cosas terribles cuando los niños son el blanco”.

La mayor parte de la violencia ha tenido lugar entre un grupo de la milicia conocida como los anti-balaka y los antiguos miembros del Seleka, el grupo rebelde que tomó el poder en marzo de 2013 y gobernó brevemente con una fuerza brutal. Debido a que los Seleka eran sobre todo musulmanes de las regiones del norte y el oeste del país, los ataques de represalia realizados por fuerzas anti-balaka se han dirigido ampliamente a las comunidades musulmanas y han fomentado una violencia sectaria sin cuartel.

Falta de seguridad

En la Iglesia Católica Niño Jesús de Praga de Baoro, miles de familias cristianas y musulmanas duermen unas al lado de otras. Sus posesiones son lo único que pudieron llevar consigo tras los enfrentamientos entre los combatientes ex-Seleka y la milicia anti-balaka.

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Se estima que unos 28.000 niños sufren en 2014 desnutrición aguda grave y 75.500 niños sufren desnutrición aguda moderada.

La Iglesia está custodiada por el MISCA, la fuerza de mantenimiento de la paz de la Unión Africana. El padre Renato, que vive y trabaja en Baoro desde 1977, dice: “Ahora no es seguro para ellos, y especialmente para los musulmanes, abandonar el campamento, debido a que la milicia anti-balaka se encuentra por la ciudad”.

Achete Isene, que amamanta a su hijo de tres meses en el campamento, dice que no tiene miedo de la milicia anti-balaka, sino que necesita dinero para salir del campamento e ir a buscar a sus otros cuatro hijos, que ella piensa que se encuentran en un pueblo cercano. Quedaron separados durante los combates.

Una emergencia compleja

Lo que comenzó como una crisis política ha escalado hasta convertirse en un conflicto brutal y en una compleja situación de emergencia humanitaria.

Monique Nganga, madre de 11 hijos, dice: “Ambas comunidades han sufrido, tanto debido a la milicia Seleka como a la anti-balaka. Tanto los cristianos como los musulmanes han sufrido lo mismo”.

Aunque todos los grupos se han visto afectados, comunidades musulmanas enteras huyen a los países vecinos del Chad y Camerún. A mediados de enero, alrededor de 8.000 musulmanes se refugiaron en la mezquita de Bouar.

En vehículos de todos los tamaños que esperan la caravana de MISCA para viajar con seguridad a la frontera del Camerún, debido al miedo a sufrir ataques de la milicia anti-balaka durante el trayecto, se embalan bolsas, colchones, ollas y sartenes. Finalmente, la caravana se pone en marcha y 2.000 personas apiladas en la parte superior de camiones y automóviles sobrecargados logran salir de Bouar.

Los que se quedan tienen la esperanza de poder salir en el próximo viaje. Al caer la tarde, tres soldados de MISCA crean una barrera con pupitres de la escuela para cerrar el campamento.

Aumento de la desnutrición

Durante varias semanas, estas familias no han podido abandonar el lugar y esto ha supuesto un aumento de la desnutrición. En un examen reciente de la situación, 21 niños fueron diagnosticados con desnutrición grave aguda. Aquellos que tienen complicaciones fueron transportados discretamente al hospital de distrito de Bouar, mientras que los que se encuentran mejor recibieron asistencia en el propio campamento, porque los trabajadores humanitarios no quisieron correr el riesgo de sacarlos del allí. En el campamento reciben un suplemento de maní con alto contenido energético proporcionado por UNICEF y sus aliados.

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Debido a la persistente inseguridad y a la infraestructura deficiente en las zonas remotas, la situación presenta numerosas dificultades para los grupos humanitarios.

“La desnutrición va a ser un grave motivo de preocupación”, dice Wilfried Komoyo, Director del hospital de distrito de Bouar. “Debido a que la gente quedó desplazada, algunos niños no han recibido un tratamiento para la desnutrición, y volverán más enfermos que antes”.

El desplazamiento a gran escala durante el último año y la pérdida de tierras agrícolas, la escasez de alimentos y la falta de acceso a servicios básicos han llevado a que alrededor de 28.000 niños sufran de desnutrición aguda grave y 75.500 sufran de desnutrición aguda moderada en 2014.

Equipos móviles

La situación representa un enorme desafío para los grupos humanitarios, especialmente en las regiones más remotas del país, como Bouar, donde la inseguridad y la infraestructura deficiente dificultan el acceso. Mientras los organismos humanitarios están ampliando los esfuerzos de ayuda, los equipos móviles de UNICEF trabajan con sus asociados para evaluar la situación con rapidez y responder a ella.

“Hemos estado utilizando el enfoque del equipo móvil desde que reanudamos las operaciones a finales de julio de 2013”, dice el Sr. McCarthy. “Y hemos utilizado este enfoque para volver a abrir los centros de salud a fin de reanudar los servicios de agua, apoyar a los hospitales y determinar cuáles son los niños que necesitan una protección especial”.

A medida que esta situación de emergencia evoluciona cada día, aún queda mucho por hacer para proteger a las comunidades y ayudar a los niños y a las mujeres vulnerables y con necesidades básicas.


 

 

Fotografía UNICEF: liberados de los grupos armados

 

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