República Centroafricana

Los niños vinculados a grupos armados de la República Centroafricana recuperan sus vidas

Por Suzanne Beukes

N'DELE, República Centroafricana, 17 a 24 de agosto de 2012. Mustafa* se seca las lágrimas con el pañuelo verde de camuflaje que ha llevado durante el último año y medio debido a su vinculación con un grupo armado de la República Centroafricana, conocido como Convención de Patriotas para la Justicia y la Paz (CPJP). Su hermano, que tiene 18 años y sigue siendo miembro del grupo, se destaca entre la multitud que se ha reunido para despedir a Mustafa y a otros dos jóvenes. El hermano está visiblemente emocionado por la liberación de Mustafá, pero trata de ocultarlo.

VÍDEO: 17 a 24 de agosto de 2012. La corresponsal de UNICEF, Jimena Cañedo, informa sobre la reciente visita a la República Centroafricana de Ishmael Beah, Defensor de UNICEF en favor de los niños afectados por la guerra, donde 10 niños fueron liberados de los grupos armados.  Véalo en RealPlayer

 

Se trata de un viaje de tres horas desde el pequeño pueblo de Boulekenia, cerca de la frontera con Chad, hasta N'dele, la capital de la prefectura. Es la estación de las lluvias y el camino está en muy malas condiciones. El conductor detiene el coche varias veces porque Mustafa tiene náuseas. A medio camino de N'dele, Mustafa lanza por la ventana el pañuelo con el que se cubría la cabeza. La vida de la guerra ha terminado. Una vida nueva y desconocida comienza al otro lado de este complicado viaje.

Defensa en favor de los niños

Junto con otros siete jóvenes, Mustafa y los dos niños son recibidos en un centro de tránsito en N'dele para niños de entre 10 y 18 años que también han sido liberados este año de la CPJP. Aquí, o bien regresan a la escuela, o aprenden formación profesional. Mientras cursan susestudios se intenta localizar a sus familias. Después de algún tiempo en el centro de tránsito, se reúne a los niños con sus familias o se les coloca en hogares de guarda.

Hace algunos años, el Defensor de UNICEF en favor de los niños afectados por la guerra Ishmael Beah se encontraba en una situación similar. Fue reclutado por la fuerza cuando era un niño durante la guerra civil en Sierra Leona y, finalmente, escribió un exitoso libro sobre sus experiencias. Beah trata de crear conciencia sobre los problemas que afrontan los niños afectados por la guerra. “Llegué a la República Centroafricana para arrojar luz sobre los problemas de los niños en conflictos armados, que es una situación muy grave aquí, y también para pasar un tiempo con algunos de los jóvenes que han sido puestos en libertad”, dijo.

La separación de los niños de los grupos armados en la República Centroafricana forma parte de los esfuerzos de un equipo de tareas de las Naciones Unidas, con el mandato del Consejo de Seguridad, para liberar y rehabilitar a los niños afectados por los grupos armados. A pesar de la validación de las políticas nacionales sobre la protección de la infancia, los niños centroafricanos se enfrentan a graves abusos y violaciones contra los derechos humanos. Hasta la fecha, sólo tres de los ocho grupos armados que operan en el país han firmado un plan de acción para prevenir y poner fin a estas violaciones.

El camino hacia la reinserción no es fácil

En las ciudades afectadas por el conflicto, como N'dele y Akroussoulback en la región nororiental del país, la presencia de estos grupos es muy fuerte. Los soldados caminan por la ciudad blandiendo granadas propulsadas por cohetes y AK-47 como si fueran bolsas de mano.

Estas comunidades conocen la guerra y la violencia, ya que se enfrentan a ellas todos los días. Según la jefa de Protección infantil de UNICEF en la República Centroafricana, Fosca Giulidori, “la presencia de estos grupos es muy sólida en estas comunidades, y debido a que la infraestructura y el acceso a los servicios sociales están tan limitados, los niños son particularmente vulnerables a que les recluten en las fuerzas o grupos armados porque tienen muy pocas alternativas”.

Ahmed* se vio obligado a unirse a un grupo armado después de que su padre fuera asesinado en un ataque a su aldea. Tenía 11 años en ese momento. En cuatro años se había convertido en uno de los más altos mandos del grupo. “Pensé que si me quedaba en el grupo acabaría perdido”, reflexiona.

Giulidori explica: “Nos llevó mucho tiempo convencer a Ahmed y a los oficiales del grupo que debían dejarlo ir. Ellos se resistían porque es un líder fuerte y combativo y, naturalmente, él mismo tenía miedo de cómo sería la vida fuera del grupo”.

UNICEF llevó Ahmed al centro de tránsito. Se quedó allí durante algún tiempo antes de marcharse a vivir a casa de su tío. “Ahora estoy tomando clases de informática. Durante la primera lección nos enseñaron a encender la computadora, en la segunda lección aprendimos a usar el ratón”, dice con una sonrisa.

A pesar de sus progresos hasta ahora, corre el riesgo constante de volver de nuevo al grupo. Ahmed es particularmente vulnerable debido a la posición que tenía antes. Él sabe que debe salir de N'dele y quiere quedarse con su hermano en la capital, Bangui. “Pero incluso allí”, dice, “tengo enemigos”. A pesar de este riesgo, está decidido a continuar con sus clases de informática y se resiste a regresar al grupo.

“Cuando uno está condicionado para funcionar de determinada manera, necesita tiempo para saber que algo diferente es posible... Yo pasé por eso mismo”, dice Beah, que estuvo cinco días con los niños que asisten a sesiones sobre temas como la pérdida, la situación en tiempos de guerra y la reinserción. “Pero hay que trabajar denodadamente. Quiero dejar el mensaje de que no es fácil, se necesita perseverancia, pero al final se puede llegar al punto en el que uno siente que hay algo mejor. Todo comienza por dejar atrás las armas”.

* Los nombres son ficticios para proteger la identidad de los niños.

 


 


 

 

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