República Centroafricana

Un aliado de UNICEF ayuda a que los pueblos indígenas centroafricanos aprendan sobre sus derechos

Imagen del UNICEF
© UNICEF Central African Republic/2009/Stark-Merklein
Martine Ndobe, una joven madre, ha comenzado a exigir que le paguen en efectivo la miel que recoge del bosque de África central. En el pasado, la mujer aceptaba lo que los mercaderes bantús le daban en trueque por ese producto.

Por Brigitte Stark-Merklein

En vísperas del vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, un histórico acuerdo internacional sobre los derechos humanos básicos de todos los niños y niñas, UNICEF presenta una serie de artículos acerca de los avances logrados y los obstáculos que quedan por superar. A continuación, uno de esos artículos.

NUEVA YORK/ MBAIKI, provincia de Lobaye, República Centroafricana, 7 de agosto de 2009 - La Convención sobre los Derechos del Niño establece que todas las personas disfrutan de ciertos derechos inalienables. Sin embargo, para muchos pigmeos aka de la República Centroafricana el concepto de que tanto ellos como sus hijos e hijas tienen derechos resulta completamente novedoso.

Los pigmeos son el pueblo cazador-recolector indígena de los bosques centroafricanos. Debido a su baja estatura y a su particular cultura se les margina, se les explota laboralmente y hasta se les considera esclavos.

“No sabíamos que teníamos derechos, y por eso nos explotaron durante mucho tiempo”, afirma Somoya Gregoire, jefe de un campamento aka en Tomoki, al sur de la localidad de Mbaiki, en la provincia de Lobaye.

Discriminación y exclusión

Al igual que otros aka, Gregoire solía trabajar para sus vecinos, los aldeanos bantú, a cambio de lo que éstos quisieran darle, por lo general prendas de vestir usadas, bebidas alcohólicas baratas o cigarrillos.

Como a la mayoría de los pobladores indígenas centroafricanos, a los pigmeos se les hacía objeto de burlas o se les negaba tratamiento médico cuando acudían a las clínicas de salud. Además, sus hijos no iban a la escuela.

Pese a que la constitución de la República Centroafricana garantiza la igualdad de todos los habitantes, los pobladores indígenas son objeto de discriminación de manera sistemática. Por el mismo trabajo reciben paga muy inferior a la de los bantús, y tienen niveles de salud muy inferiores a éstos. Además, con frecuencia son objeto de abusos verbales y violencia física.

Muy pocos niños y niñas aka son inscritos en el registro civil al nacer, lo que significa que no disfrutan luego de derechos básicos, como el acceso a la atención de la salud y la educación. La tasa de mortalidad infantil de los pigmeos es más de dos veces superior al promedio nacional. La principal causa de la mortalidad de sus niños y niñas es el sarampión, y debido a la creciente desaparición de los recursos alimentarios que ese pueblo obtenía de los bosques ahora tiene tasas cada vez más elevadas de desnutrición.

Derechos y potenciación

Con el fin de que la población pigmea pueda disfrutar de sus derechos al mismo tiempo que aumenta su autoestima y afianza su identidad cultural, la organización no gubernamental italiana Cooperazione Internazionale (COOPI), con apoyo de UNICEF, lleva a cabo actividades de educación sobre los derechos humanos y sobre el valor de la cultura aka dirigidas tanto a los pigmeos como a la población bantú.

Mediante ese proyecto se vigila mejor y se reduce la discriminación, y se alienta también la participación de los pigmeos en la vida pública. COOPI fomenta la educación escolar, la inmunización, la atención de la salud, la higiene, la inscripción de los nacimientos y las actividades generadoras de ingresos.

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Somoya Gregoire (sentado, segundo a la derecha) dice que la capacitación recibida sobre los derechos humanos ha significado un importante cambio en su vida y en la de otros pigmeos aka.

Martine Ndobe es una joven madre de Moboma, una comunidad localizada a unos 35 kilómetros al norte de Bagandou, que está feliz en cuanto supo que puede pedir dinero a cambio de la miel que recolecta con su marido. Asimismo, le agrada poder emplear el dinero en efectivo que gana para comprar lo que desee.

“Me gusta comprarme la ropa que quiero”, explica Ndobe.

Aunque ninguna de las mujeres de Moboma tiene estudios escolares, cinco madres de esa comunidad matricularon a sus hijos en la escuela tras enterarse de que todos los niños y niñas tienen derecho a recibir educación. Los niños asisten a la escuela primaria, aunque probablemente sólo dos de ellos, que tienen parientes en la ciudad, podrán cursar estudios secundarios, ya que no existen centros de ese nivel en la región.

La pobreza obstaculiza el progreso

Gregoire comenta que aunque su gente ya recibe mejor trato en las clínicas, cuando se les recetan medicamentos carecen de dinero para comprarlos. El año pasado, los pigmeos comenzaron a inscribir los nacimientos de sus hijos e hijas porque comprendieron que un acta de nacimiento representa un pasaporte para la ciudadanía y para los servicios públicos. Sin embargo, muchos no pudieron obtener esas actas porque carecían de dinero para pagar por ellas.

Quienes han participado en el programa de COOPI han obtenido beneficios visibles. Sin embargo, queda mucho por hacer. La progresiva destrucción del hábitat de los aka debido a las actividades forestales y agrícolas empuja a un número cada vez mayor de esos pobladores tradicionalmente nómadas a asentarse en los alrededores de los pueblos y las aldeas.

Carente de tierra u otros medios de subsistencia, la mayoría de los akas vive en situación de extrema pobreza. Al mismo tiempo, el contacto cada vez más cercano y constante con los habitantes de las aldeas les expone en mayor grado a los abusos y las enfermedades, y aumenta los sentimientos de inferioridad y exclusión que sienten muchos pigmeos.

Pero a pesar de todo, Gregoire está convencido de que la educación ha cambiado para bien las vidas de muchos akas, especialmente porque ya no aceptan lo que les quieran dar los bantús a cambio de su trabajo.

“Si los aldeanos quieren que trabajemos para ellos, nos tienen que pagar al mismo salario”, afirma el dirigente aka. “Ese dinero nos da la libertad de comprar lo que queremos. Ya no tenemos amos”.


 

 

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