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| © UNICEF 2007/CAR/ Holtz |
| Una de las escuelas provisionales que cuentan con el apoyo de UNICEF y en las que reciben educación los niños y niñas desplazados por la violencia que impera en la República Centroafricana. |
Por Emily Bamford
BANGUI, República Centroafricana, 17 de septiembre de 2007 – El rostro de Agnès Sadoua, una niña de siete años de edad, se ilumina con una amplia sonrisa cuando habla sobre su amor por su escuela, su familia y sus amigas. Sin embargo, hace pocos meses, Agnès y su madre debieron abandonar su hogar y refugiarse en el monte que rodea Pauoa, el poblado donde vivían.
“Mamá me despertó muy temprano. Nos vestimos apresuradamente y salimos de casa”, recuerda Agnès. “Estaba muy asustada y no entendía qué estaba sucediendo. Nos alejamos en silencio total”.
Durante la huída, Agnès y su familia se sumaron a muchos otros aldeanos que se alejaban de sus hogares en busca de seguridad. El aterrado grupo evitó circular por los caminos principales por temor a los bandidos y a los grupos armados que patrullan habitualmente la región.
“Recuerdo la caminata por la espesura del monte y cómo me dolían las piernas”, comenta Agnès.
Los desplazados se instalaron finalmente en una choza abandonada a la vera de un prado, donde permanecen desde entonces alimentándose exclusivamente de mandioca que cultivan cerca de su vivienda.
Educación para los niños vulnerables
Aún antes del éxodo, Agnès no había podido ir a la escuela durante meses debido al violento conflicto que sacude a la región. Se calcula que sólo el 39% de las niñas de la República Centroafricana cursan estudios primarios, mientras que la tasa de asistencia a la escuela secundaria es aún más baja.
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| © UNICEF 2007/CAR/ Holtz |
| Los diversos programas a los que brindan apoyo UNICEF y sus aliados ayudan a que los niños de las regiones castigadas por los conflictos puedan regresar a la escuela. |
Las familias con las que convive Agnès despejaron un pedazo de terreno en el bosque que rodea la choza y construyeron un cobertizo con techo de lona en el que se dan clases para los niños y niñas. El programa patrocinado por UNICEF asignó un docente para que dicte esas clases y suministró una pizarra, materiales de papelería y otros artículos escolares.
Volver con los amigos en un clima de normalidad
Para Agnès y los demás niños y niñas que debieron huir de sus hogares, el desplazamiento significó en muchos casos la pérdida de sus amigos.
“Al principio, no había ningún otro chico en varios kilómetros a la redonda, y Mamá me decía que era muy peligroso ir a buscarlos”, explica la niña.
Gracias al nuevo programa, Agnès ha podido reunirse con otros niños y niñas de su aldea y tiene la oportunidad de volver a la escuela.
Los planes de UNICEF contemplan la ampliación del programa de manera tal que sea posible establecer escuelas permanentes. Por ahora, las escuelas provisionales cumplen con su propósito de brindar educación y un ambiente de normalidad a los niños y niñas vulnerables.
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