Burundi

Infancias robadas: crecer en medio de la violencia de Burundi

Por Eliane Luthi

La atención adecuada, el apoyo y la protección son esenciales para ayudar a los niños expuestos a la violencia incesante de Burundi a construir un futuro más pacífico.  

BUJUMBURA, Burundi, 17 de diciembre de 2015 – En el centro de uno de los focos de mayor concentración de la violencia que ha sacudido recientemente la capital de Burundi, Bujumbura, en un patio modesto lleno de charcos de barro, está sentado un carpintero de 89 años y pelo blanco que construye una nueva banqueta. Él y su mujer, que deja caer todo su peso sobre una muleta, son los únicos cuidadores de sus cinco jóvenes nietos, cuyas edades van desde los ocho meses hasta los 11 años. Todos los hijos de este matrimonio han fallecido a lo largo de los últimos años.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burundi/2015/Luthi
Gustave (izquierda), de 89 años, y su mujer acogieron a sus cinco nietos, incluidos Patrice y Jérémie (derecha), tras el fallecimiento de sus padres. Hasta el estallido de la violencia a principios de este año, los niños habían crecido en un entorno pacífico.

Gustave espera vender su recién construida banqueta por 3.000 francos de Burundi, un poco menos de 2 dólares estadounidenses. Está perdiendo visión y sus manos no están tan firmes como antes, pero sus ingresos y los trabajos de cultivo que todavía realiza su mujer permiten que la familia sobreviva.

Las cosas nunca habían sido fáciles para esta familia de siete miembros, pero se han vuelto especialmente difíciles desde el comienzo de la crisis en abril, cuando la violencia política derivada de las elecciones ocasionó disputas, ataques y matanzas en varios lugares, especialmente en su vecindario, uno de los más perjudicados. Al menos 340 personas han muerto desde el comienzo de la crisis: 17 de ellas fueron niños que fallecieron por tiroteos o estallidos de granadas.

Burundi es un país que ha vivido distintos ciclos de violencia, y el último conflicto terminó en 2005. Los nietos de Gustave, que hasta entonces crecían en un entorno pacífico, ahora están expuestos a la violencia por primera vez.

Presenciar la violencia demasiado pronto

érémie, el nieto de 11 años de Gustave, recuerda la primera vez que presenció un acto de violencia.

“Iba a ver un partido de fútbol y otro de rugby en el campo de mi comunidad”, recuerda. “El partido aún no había empezado. Yo estaba con Patrice, mi sobrino pequeño, y otros amigos. Empezaron a lanzar piedras y gases lacrimógenos. Era la primera vez que veía un ataque como ese, y estaba muy preocupado porque pensé que personas que conocía podrían verse envueltas en la disputa. Sentía que estaba en peligro”.

Patrice, un niño tranquilo de ocho años que lleva una camiseta de felpa bajo la que le sobresale el vientre, juguetea con un hilo suelto de sus pantalones cortos. Tiende a enfrentarse a su propio trauma guardándose sus sentimientos, pero cuando habla, todas sus emociones salen disparadas a la vez.

“Lo que más me duele es ver cómo asesinan a la gente, incluso cuando no han hecho nada”, dice, muy serio. Se señala el estómago. “Como lo que le pasó a nuestro vecino Salif, a quien dispararon aquí. Yo estaba en la calle con los otros niños cuando ocurrió. Pasé mucho miedo, estaba enfadado, pero no lloré”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burundi/2015/Luthi
Un dibujo hecho por un niño testigo de la violencia de Bujumbura. “Unos niños cuentan con mejores mecanismos de defensa que otros: mientras que algunos buscan una solución cuando se enfrentan a un problema, otros huyen”, explica Etienne, psicólogo de un espacio adaptado para la infancia establecido con la ayuda de UNICEF en Bujumbura.

Tristemente, la experiencia de estos dos niños no es una excepción, por lo que garantizar su respuesta sensata y fuerte ante la violencia es esencial para asegurar un futuro más pacífico para su país.

“Trato de huir, pero no puedo moverme”

Jérémie y Patrice asisten a un espacio adaptado para los niños establecido con la ayuda de UNICEF en su vecindario, uno de los 28 espacios que funcionan en la actualidad en Bujumbura para brindar el apoyo psicosocial y las actividades recreativas que tanto necesitan los niños más vulnerables.

“Por la mañana empezamos con la higiene”, cuenta Natascha, directora adjunta del centro. “Después, hay tiempo para el estudio, los juegos de cartas, bailes tradicionales y fútbol. También ofrecemos comida a la hora del almuerzo y clases de inglés una vez a la semana”.

Uno de los servicios más destacables que proporciona el centro es la ayuda psicosocial para los niños que más la necesitan. Jérémie y Patrice son dos de ellos.

“En la escuela me molestan a menudo mis pensamientos”, reconoce Jérémie. “Y tengo muchas pesadillas. Sueño mucho con ataques. Veo rifles y trato de huir, pero no puedo moverme. Sueño eso casi todas las noches. Rezo con mis abuelos antes de ir a dormir para no tener pesadillas”.”

“Una de las mayores dificultades a las que se enfrentan estos niños son las pesadillas: pesadillas en las que huyen, pesadillas en las que son perseguidos”, explica Karim, uno de los psicólogos que trabajan en el centro. “Otro signo frecuente es que se guardan todo para sí mismos y se aíslan de los demás”.

En el caso de Jamel, un amigo de Jérémie de 12 años que perdió a su padre de forma violenta hace dos años, ser testigo de la reciente violencia política le ha traído imágenes de recuerdos desagradables.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burundi/2015/Luthi
Un niño en un espacio adaptado para la infancia en Bujumbura juega con un educador a un juego tradicional.

“Un día, de camino a casa de mi tía, vi un grupo grande de gente y me acerqué para ver qué pasaba”, recuerda. “Vi a un hombre joven tirado en el suelo; una bala lo había sacudido en el hombro. Corrí a casa. Estaba asustado y pensé: tengo que salvar mi vida”.

Sin embargo, con la ausencia de su madre y como nuevo responsable de su hogar, el mecanismo de defensa de Jamel ha sido centrarse en asegurar que sus hermanos y hermanas menores estén bien. Camina con seguridad y mira a las personas a los ojos.

“El caso de Jamel es difícil de manejar”, explica Etienne, otro psicólogo.

“Este niño actúa como un completo adulto. Te dirá que, aunque haya tiroteos, ‘yo estoy bien’. Pero si hablas con él más rato, siempre recuerda a su padre o habla de su madre, que no tiene recursos. Tiene una frustración muy arraigada”.

Vidas traumatizadas

Algunos niños no solo han sido testigos de la violencia: muchos la han experimentado de primera mano. Es el caso de Joanne, de 15 años, que fue víctima de una violación durante uno de los asaltos más fuertes, cuando se encontraba sola en casa por el cierre de las escuelas.

“Me dijo: ‘desnúdate o te mataré’”, explica con voz débil y la mirada fija en el suelo. “Yo le dije: ‘por el amor de Dios, no lo hagas’. Me desnudó a la fuerza. Todo ocurrió mientras se escuchaban tiroteos”.

“Esta niña se está sobreponiendo al trauma”, explica Etienne, el psicólogo. “Sufre desmayos y ha perdido la memoria. Suele quedarse en casa, ya no va al mercado ni a la iglesia. Siente que su vida no vale nada”.

Para niños como ella, el apoyo psicosocial a largo plazo es necesario para superar traumas de ese tipo y recuperar una parte de su infancia.

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© UNICEF Burundi/2015/Luthi
Jamel camina 4 kilómetros para llegar a la escuela cada día. “El caso de Jamel es difícil de manejar”, asegura Etienne. “Este niño actúa como un completo adulto. Te dirá que aunque haya tiros, ‘estoy bien’”.

“Cuando veo hombres con armas, me vienen a la mente imágenes de lo que ocurrió. Tengo miedo de que me pase otra vez, de que le ocurra a mi hermana o mis amigas”, afirma Joanne.

Terapia entre niños

“Estamos formando grupos de terapia para niños con problemas parecidos” explica Etienne. “Sugerimos un tema, como por ejemplo las pesadillas, y a continuación los niños explican cómo se enfrentan a sus miedos. Algunos tienen mecanismos mejores que otros: mientras unos buscan la solución cuando se enfrentan a un problema, otros huyen. Esos niños pueden aprender de los otros”.

La ayuda profesional de adultos y los consejos de otros niños representan el primer paso para recuperar una parte de su infancia. Pero ponerle fin a la violencia y la inseguridad existentes es esencial para crear un entorno en el que los niños puedan cumplir sus derechos, un entorno en el que todos ellos puedan alcanzar su verdadero potencial.

“Me gustaría que los niños crecieran aprendiendo a respetarse”, dice Jérémie, sentado con su familia en el patio de su casa. “Y me gustaría que hubiese solidaridad entre las personas”.


 

 

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