Burkina Faso

En Burkina Faso, un esfuerzo para sacar a los niños de las minas de oro

Por Guy Hubbard

Un movimiento mundial en respuesta al trabajo infantil comenzó a obtener apoyos a mediados de 1990. El número de niños que participaban en el trabajo infantil descendió en alrededor de una tercera parte entre 2000 y 2012, pero los avances en la eliminación de la práctica han sido lentos.

Seguir con las actividades para poner fin al trabajo infantil es simplemente uno de los 25 logros que estamos celebrando a medida que nos acercamos al 25 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño en noviembre. Obtenga más información sobre los progresos alcanzados y lo que todavía queda por hacer.

En Burkina Faso, miles de niños trabajan en las minas de oro, tratando de mantenerse a ellos mismos y sus familias. Un proyecto que recibe apoyo de UNICEF les ayuda a salir de esa situación mediante la enseñanza de nuevas capacidades.  

GOROL KADJE, Burkina Faso, 11 de junio de 2014 – En el norte de Burkina Faso, cerca Dori, Boureima Hawma Boukoum, de 15 años, desciende al pozo de una mina del tamaño de una alcantarilla. Agarrado a una cuerda manipulada por una manivela, desciende más de 30 metros. Una vieja antorcha, sujeta a la cabeza con gomas hechas de cámara de rueda, le proporciona la única luz. En el fondo del pozo, tiene que gatear otros 10 metros a lo largo de túneles estrechos y comenzar a cavar. Está buscando oro.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burkina Faso/2014/Nesbitt
Boureima Hawma Boukoum, de 15 años, lleva una antorcha en la cabeza cuando trabaja bajo tierra en la mina Gorol Kadje, cerca de Dori, Burkina Faso.

Según un estudio realizado en 2010 por UNICEF y el gobierno de Burkina Faso, casi 20.000 niños trabajan en las minas de oro artesanales como la de Gorol Kadje, y más del 80% nunca había ido a la escuela.

Con el fin de abordar esta cuestión, UNICEF ha realizado un esfuerzo extraordinario para sacar a los niños de las minas y matricularlos en la escuela, así como para proporcionarles orientación y otras formas de apoyo.

“Llevo trabajando aquí dos años”, dice Boureima. “Todas las mañanas, cuando me despierto, comienzo a trabajar en la mina. Durante el día puedo llenar de cuatro a cinco sacos de piedra para procesarla, y luego vendo los sacos y puedo hacer algún dinero”.

Una búsqueda interminable

En esta región azotada por la pobreza, que se encuentra en lo más profundo del cinturón árido del Sahel, el dinero que se gana en las minas eclipsa a los beneficios de la educación.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burkina Faso/2014/Nesbitt
Aissatou Amadou, de 14 años, desmenuza rocas en la mina de Gorol Kadje.

“Comencé a trabajar aquí cuando tenía 13 años porque no había comida en casa”, dice Boureima. “Todo lo que gano se lo doy a mis padres”.

Nunca ha ido a la escuela y no sabe leer ni escribir.

En las afueras de la mina, niñas de sólo 10 años reciben las piedras que les llevan mineros como Boureima y las desmenuzan hasta obtener un polvo fino, que luego se remueve y se filtra en una búsqueda interminable.

Una salida

UNICEF, en alianza con la ONG Terre des Hommes y el Gobierno, ha trabajado en cinco regiones donde las tasas de trabajo infantil son más elevadas para ubicar a los niños en centros de capacitación profesional y en escuelas.

En esos lugares aprenden a ser sastres, carpinteros, soldadores e incluso mecánicos.

Korotimi Kinda, de 17 años, solía transportar sacos de rocas desde las entradas de las minas a los grupos de mujeres y niñas que las desmenuzan. También necesitaba dinero y abandonó la escuela para ganarlo, pero después de dos años de una labor agotadora que le produjo enfermedades y dolor, se presentó como voluntaria para entrar en el centro.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Burkina Faso/2014/Nesbitt
Korotimi Kinda, de 17 años, en una clase de confección en la Agencia Nacional para el Empleo en Dori, Burkina Faso.

“Estoy estudiando para convertirme en una modista, ya estoy en mi tercer año”, dice. “Nos enseñan teoría en la pizarra, y luego practicamos en las máquinas de coser. Estoy muy contenta de haber salido de las minas porque el trabajo aquí no es el mismo. En las minas era realmente duro y doloroso, y aquí es más beneficioso y recibo conocimientos”.

Desde que el proyecto comenzó en 2009, más de 200 niños han escapado ya de la mina de Gorol Kadje. Aunque la formación profesional que reciben no puede sustituir la educación perdida, es una manera de salir de las minas.

“Espero terminar mi formación el próximo año y abrir mi propia tienda”, dice Korotimi. “Confeccionaré vestidos y también enseñaré a las niñas a hacer lo mismo”.


 

 

Fotografía UNICEF: Protección de la infancia

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