Burkina Faso

Las comunidades de Burkina Faso tratan de apoyar centros educativos para la primera infancia

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Un grupo de niños y niñas pequeños en un centro educativo construido por la comunidad, conocido como “bisogno”, en Burkina Faso.

Por Jean-Jacques Nduita

OUAGADOUGOU, Burkina Faso, 26 de junio de 2007 – Es hora de asistir a la escuela en los suburbios de Ouagadougou. Unos niños y niñas pequeños que asisten a un “bisongo” –un centro de aprendizaje comunitario que recibe apoyo de UNICEF y de los Servicios Católicos de Socorro, una organización no gubernamental de los Estados Unidos– apuntan números en sus pizarras individuales.

Emilienne Dabgo, de cinco años, sostiene con orgullo su pizarra. “Un gran trabajo. Bien hecho”, le dice su maestra.

La labor de Emilienne ha servido de ejemplo a otros niños y niñas, que tratan de imitarla incluso a pesar de que la mayoría solamente tiene tres años de edad.

Enseñanza en el idioma local

En Ouagadougou y en otras muchas ciudades de Burkina Faso, los niños y niñas entre los tres y los seis años pueden matricularse ahora en la enseñanza preescolar por medio de estructuras como este bisongo. Estos centros tienen como objetivo preparar a los jóvenes para su entrada en la escuela primaria. Los niños y niñas que acuden a los bisognos no solamente reciben una educación, sino también un alimento al mediodía, algo que constituye una rareza para los escolares en este país.

Además, la enseñanza en los bisognos se realiza en moore, el idioma local que se habla en esta parte del país, a diferencia del francés, que es el idioma oficial de Burkina Faso.

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Los niños y niñas en el bisogno reciben una comida al mediodía que es muy bien recibida.

“Los niños y niñas aprenden sus lecciones mejor si se les enseña en su lengua materna en lugar de en francés, que por lo general no se suele hablar en la mayoría de las casas”, dice la supervisora del Bisongo Yamtega en Ouagadougou, Juliette Ouédraogo. “Sin embargo, el enfoque del bisongo no necesariamente excluye el francés de su programa; los niños y niñas aprenden por lo menos algunas cuestiones básicas de ese idioma”.

Problemas para la educación temprana

Aunque ofrecen beneficios muy concretos para la comunidad, los bisognos presentan también importantes desafíos de gestión. Como escuelas comunitarias, no reciben ningún subsidio, lo que dificulta el cumplimiento de su misión y la prestación de una educación de calidad.

Los miembros de la comunidad mantienen las escuelas por medio de una contribución mensual de 1 a 2 dólares por hogar, pero en las regiones de este país, donde abundan las dificultades, los alimentos –por no hablar del dinero– es un bien que muchos no poseen. De hecho, las maestras de los bisognos, a quienes se llama con cariño “pequeñas madres”, no suelen recibir a tiempo su salario, a pesar de que es muy reducido y tiene un carácter simbólico.

Sin embargo, los coordinadores de los bisogno se muestran firmes para superar todos los problemas relacionados con la educación para la primera infancia y asegurar que las dificultades financieras no perjudiquen la alegría de los niños y niñas que acuden a los centros. Se han comprometido a hacerlo lo mejor posible para recibir más apoyo a fin de que Emilienne y los otros niños y niñas pequeños de Burkina Faso puedan lograr sus sueños.


 

 

Vídeo (en inglés)

La corresponsal de UNICEF Anwulika Okafor informa sobre los centros de enseñanza comunitarios para la primera infancia en Burkina Faso.

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