Botswana

Los centros para adolescentes brindan refugio a jóvenes con VIH en Botswana

El "Estado mundial de la infancia 2011.  Adolescencia: Una edad de oportunidades", la nueva edición del emblemático informe de UNICEF, se centra en el desarrollo y los derechos de más de mil millones de niñas y niños de todo el mundo con edades comprendidas entre los 10 y los 19 años. Esta serie de historias, ensayos y artículos multimedia pretende acelerar y elevar el nivel de lucha de los adolescentes contra la pobreza, la desigualdad y la discriminación por motivos de género. A continuación se presenta uno de dichos relatos.

Por Shanta Bloemen

GABORONE, Botswana, 23 de marzo de 2011. El primer beso es, entre los adolescentes, una experiencia a menudo torpe aunque muy idealizada cuando se rememora. Sin embargo, para la enérgica y alegre Katlego, de 18 años de edad, constituye un recuerdo doloroso de confianza traicionada.

VÍDEO (en inglés): Eva Gilliam, de UNICEF, informa sobre los centros para adolescentes que viven con el VIH en Botswana.  Véalo en RealPlayer

 

Estaba en una fiesta familiar cuando un chico la besó. Entusiasmada, se lo contó a su prima, una de las pocas personas a quien había confiado su condición de seropositiva. Lo que recuerda a continuación son los gritos de madre del muchacho acusándola de transmitir los gérmenes del VIH a su hijo.

“Uno de los aspectos más difíciles es creer que tienes a alguien en quien poder confiar y luego recibir una puñalada en la espalda”, comenta Katlego, que acaba de terminar la escuela secundaria en Gaborone, la capital de Botswana.

Katlego dio resultado positivo en el test del VIH cuando tenía 11 años. Quedó infectada como consecuencia de la transmisión de madre a hijo.

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Katlego tiene 18 años y recibe tratamiento médico en el Centro clínico Botswana-Baylor de excelencia infantil en Gaborone, Botswana.

Es una de los aproximadamente 2.000 adolescentes de Botswana demasiado mayor para haber participado en el programa nacional para prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo, que comenzó en 1999.

Desde entonces, Botswana –el primer país en la región en ampliar estos servicios a escala nacional y el primero del África subsahariana en lograr una cobertura superior al 80%– ha visto una reducción de la mortalidad en niños con edad inferior a los cinco años.

El programa de prevención de la transmisión de madre a hijo ahora tiene una tasa de cobertura de más del 90%; y pretende reducir el riesgo de que los niños queden infectados durante el embarazo, el parto o la posterior lactancia materna.

El estigma social del VIH

Para los adolescentes como Katlego, que descubren su situación sobre el VIH cuando entran en la adolescencia, aceptar su condición y aprender a sobrellevar un régimen diario de medicamentos para toda la vida puede ser duro.

Luego está el estigma social. Incluso en un país como Botswana, que –en casi el 25%– tiene una de las tasas mundiales de prevalencia del VIH más altas, la discriminación está extendida. Hay aproximadamente 16.000 niños con edad inferior a los 14 años que viven con el VIH.

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Katlego encara el estigma social del VIH. Habla claro sobre los adolescentes que viven con el VIH para combatir la discriminación. Su confianza para adoptar este papel ha surgido de la participación en un club de adolescentes para jóvenes portadores del VIH en Gaborone, Botswana.

“No culpo a la gente de asustarse del VIH. A mí me asusta y puedo entenderlo”, dice Katlego. “Nadie debería desear tener este virus y estar condenado a una enfermedad para toda la vida”.

El Gobierno de Botswana estima que más de 4.000 adolescentes necesitarán el tratamiento antirretroviral, que impide la multiplicación del virus dentro del cuerpo en los dos años siguientes.

Clubes de adolescentes

Estos días, Katlego aborda el estigma del VIH mediante mensajes claros para ayudar a disminuir el miedo de las personas. Ha ganado confianza para hablar por medio de la participación en un club para adolescentes seropositivos.

El Centro clínico Botswana-Baylor de excelencia infantil abrió un club de adolescentes hace seis años para abordar el creciente número de adolescentes portadores del VIH que necesitaron el apoyo emocional y psicológico, además del tratamiento médico.

Katlego dice que el club es vital. “En vez de recordarte que eres seropositivo se hace todo lo contrario”, comenta. “Te hace olvidar el VIH y sentirte feliz de la vida, al ver a compañeros que comparten las mismas experiencias que tú”.

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Katlego está agradecida al club de adolescentes para seropositivos dirigidos por el Centro clínico Botswana-Baylor de excelencia infantil en Gaborone, Botswana. Hay aproximadamente 16.000 niños portadores del VIH y con edad inferior a los 14 años de todo el país.

Ahora dedica la mayor parte de su tiempo libre a dar charlas en actos públicos para dar voz a los adolescentes que viven con el VIH y para hablar sobre la necesidad de ampliar la labor del club.

“Conforme sobreviven más niños y viven más tiempo, tenemos que ocuparnos de este grupo de adolescentes que deben atender su propio conjunto de cuestiones y que también atraviesan cambios físicos”, explica Michael Tolle, Director asociado del centro de Botswana-Baylor.

La atención puesta en los adolescentes

El Dr. Tolle piensa que los niños tienen el derecho de saber de su estado respecto del VIH cuanto antes, para evitar sobresaltos con la noticia años más tarde.

Asimismo opina que hay un vínculo estrecho entre la adhesión al tratamiento médico y el que los niños se sientan bastante cómodos al revelar su condición de portadores del VIH. “La depresión puede hacer que el seguimiento del tratamiento sea inferior al óptimo, de modo que disponer de una red de apoyo conocedora de su situación respecto del VIH puede ser decisivo para su grado de bienestar físico”, expone el Dr. Tolle.

El concepto de club para los adolescentes empieza a cundir y también ayuda a informar al Gobierno para la prestación de servicios para los adolescentes.

“Mi esperanza es que la experiencia que aprendemos de Baylor formará parte del sistema de salud pública y parte esencial de la respuesta”, dice el Dr. Haruna Jibril, Consejero clínico pediátrico para el Departamento de VIH y SIDA del Ministerio de Salud de Botswana. “Ahora con pocos niños nacidos con el virus, tenemos que atender a aquellos adolescentes en crecimiento". 

Esto ha ayudado ciertamente a Katlego. “Cuando vine por primera vez aquí, vi a personas alegres y felices”, comenta, “realmente vi el potencial de tener un entorno seguro para la gente joven como yo, para relacionarme y sentir que no estamos solos”.


 

 

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