Bangladesh

Espacios adecuados para niños brindan seguridad para recuperarse después del ciclón Sidr

Imagen del UNICEF: Bangladesh, My Place, Cyclone Sidr
© UNICEF Bangladesh/2007
Una trabajadora alimenta a niños y niñas que se recuperan de los efectos del ciclón Sidr en un espacio adecuado para niños y apoyado por UNICEF en Bangladesh. Para muchos niños y niñas, ésta podría ser la única comida que reciben en todo el día.

Por Kathryn Seymour

PATUAKHALI, Bangladesh, 30 de noviembre de 2007 –  Son las 7 de la mañana y aproximadamente 200 niños y niñas se han reunido en la terraza de una oficina del gobierno de la aldea de Subidkhali, devastada por el ciclón. Están a la espera de que abran las puertas de un “Amader Jaiga” (Mi Lugar), una guardería infantil y espacio seguro para las víctimas más jóvenes del ciclón Sidr.

Ya que no tienen otra cosa que hacer desde que el ciclón sacudió la costa el 15 de noviembre, los niños y niñas esperan con frecuencia en esta azotea durante horas. Muchos de ellos viven en albergues temporales sin letrinas, alimentos ni agua potable. Sus padres, que intentan desesperadamente  rehacer sus vidas, a menudo carecen de los medios para brindar a sus hijos la atención y el cuidado que necesitan.

Amina, una niña de 10 años, viene todos los días al Amader Jaiga de Patharghata. “La noche del ciclón, nos fuimos al albergue”, recuerda. “Cuando volvimos a casa, todo había desaparecido: la casa, la vaca, las cabras. Ahora no tenemos nada. Nuestros padres están dedicados a reconstruir nuestras casas y a conseguir comida, por eso venimos aquí”.

Ofrecer albergue y comida

UNICEF, en alianza con la organización no gubernamental Save the Children, se propone establecer 380 espacios adecuados para niños que prestarán asistencia a 20.000 niños y niñas afectados por el ciclón durante las próximas semanas. Hasta ahora, otros 27 espacios seguros han abierto en ocho distritos afectados.

Cada guardería infantil proporciona las necesidades básicas de 50 a 200 niños y niñas. Las organizaciones no gubernamentales de la localidad y sus voluntarios adiestrados por UNICEF administran estos espacios con apoyo de los gobiernos de los distritos.

Save the Children está suministrando agua potable y comidas calientes en cada uno de estos espacios. Para algunos niños y niñas, este alimento es su única comida del día porque sus hogares quedaron completamente destruidos.

Imagen del UNICEF: Bangladesh,  ‘Amader Jaiga’, Cyclone Sidr
© UNICEF/2007/Noorani
En uno de los varios espacios seguros que se construyen en Bangladesh, los voluntarios se valen de equipos recreativos para ayudar a los menores de edad que enfrentan el trauma psicológico a recuperarse a través del juego.

Recuperación psicosocial

A través del sur de Bangladesh, miles de niños y niñas han quedado gravemente traumatizados por la destrucción de que fueron testigos y necesitan ayuda para reajustarse a la vida después del desastre. Como parte del proceso de ayuda, los trabajadores voluntarios usan los equipos recreativos de UNICEF que contienen libros, lápices, juegos, juguetes, instrumentos musicales y equipos deportivos.

“Los niños estaban devastados cuando llegaron”, dice Nusrat, una voluntaria en el espacio seguro de Pourashav. “Se encontraban muy perturbados por el ciclón. Ahora juegan, cantan, bailan y recitan. Olvidan por un rato y su perspectiva mejora”.

Asistir a los niños vulnerables

Al visitar la región afectada esta semana, Ara Yoo y Shabnaaz Zahereen, ambos oficiales de protección de la infancia en UNICEF Bangladesh, apelaron a los funcionarios locales para que apoyaran el programa de Amader Jaiga.

Ara Yoo explica que, en situaciones de crisis, los niños y niñas que han quedado separados de sus padres necesitan especial atención.

“En situaciones de emergencia como ésta, los niños son muy vulnerables, especialmente al tráfico de personas”, dijo Siddhartha, administrador del Amader Jaiga en Naltona.

Los niños mismos también reconocen que el estar con otros niños los ayuda a recuperarse.

“Mis padres están ocupados, arreglando nuestra casa y buscando comida”, dijo Shahnaj, de 12 años, quien asiste al Amader Jaiga de Naltona desde que abrió. "Aquí estamos jugando, comiendo y leyendo. Algunos niños han perdido a sus padres. Es mejor que estén aquí con nosotros para que podamos consolarlos”.


 

 

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