Argentina

UNICEF acompañó el maratón de los chicos y chicas "wichí" contra el cáncer de cuello uterino

Imagen del UNICEF
© UNICEF Argentina
Niños y adultos wichí corren en la sexta maratón wichí para la prevención de cáncer de cuello uterino. Este año, la actividad estuvo dirigida a las mujeres para incentivarlas a realizarse el test de Papanicolaou (PAP).

MISIÓN CHAQUEÑA, Argentina, 26 de agosto de 2009 - Más de 500 niños y adultos wichí corrieron este domingo la sexta maratón que organizó la Fundación Siwok, con el apoyo de UNICEF Argentina y los Ministerios de Salud de la Nación y de la provincia Salta, en Argentina, a través del Programa Nacional y Provincial de Prevención de Cáncer Cérvico-uterino.

La “Maratón wichí” es una estrategia innovadora de promoción de la salud y de los derechos humanos en las comunidades indígenas. Este año, la edición estuvo dirigida a las mujeres con el fin de incentivarlas a realizar un test de Papanicolaou (PAP). Se trata de una prueba gratuita para detectar lesiones en el cuello del útero con el objetivo de tratarlas antes de que degeneren en un tumor.

Salta es la segunda provincia de Argentina que registra más muertes debidas a este tipo de cáncer. Según cifras oficiales, 80 mujeres mueren cada año por esta causa y, como muchas de ellas son madres, dejan alrededor de 240 huérfanos.

Según el Ministerio de Salud de la Nación en Argentina cada año se diagnostican alrededor de 3.000 casos nuevos y mueren 1.800 mujeres. El objetivo del Programa Nacional, que coordina las acciones junto a los distintos programas provinciales, es reducir la incidencia y la mortalidad por cáncer de cuello de útero a través de una alta cobertura de la población más expuesta, que son las mujeres de entre 35 y 64 años, un testeo de calidad y un adecuado seguimiento y tratamiento de las lesiones precancerosas y cáncer detectadas.

En el chaco salteño no hay estadísticas precisas, pero cada vez se conocen más casos de mujeres indígenas que mueren por un cáncer uterino terminal. Si bien el PAP es un estudio gratuito que todas las mujeres tienen derecho a solicitar, la mayoría de las mujeres wichí desconoce su existencia y, en consecuencia, no lo reclama. A la falta de conocimiento se suman determinantes culturales debido a los cuales, las mujeres wichí sienten mucha vergüenza durante la consulta ginecológica, sobre todo si las atiende un médico varón.

En el último año, al menos cinco mujeres fallecieron de cáncer de cuello uterino sólo en Misión Chaqueña, a pesar de ser una enfermedad prevenible y potencialmente curable. Esta situación provocó la alarma de los dirigentes wichí, que se pusieron en contacto con las autoridades sanitarias gracias al apoyo de UNICEF e impulsaron la realización del PAP a través de una maratón, cuyo lema fue “PAP hape m’ak ta atsina matche ta isej: Mujer hazte un PAP”. Al concluir la carrera, la entrega de premios congregó a más de 800 personas entre los competidores y familiares.

Los representantes del Programa Nacional de Prevención del Cáncer Cérvico-uterino y del programa a escala provincial recorrieron Misión Chaqueña junto a UNICEF. El equipo se entrevistó con los médicos del hospital de Embarcación y el centro de salud  del chaco salteño, donde se atiende a la población wichí. En los días previos a la maratón, conversaron con las mujeres y se realizaron talleres en los que se entregó material financiado por UNICEF editado en español y en lengua wichí, para informar y prevenir el cáncer de cuello uterino.

La enfermedad de la pobreza. Primero fue Nélida Palacios, una de las mujeres más activas de la comunidad. Después la hija del pastor, Eliana Rojas. Después la esposa del artesano Elías Vaca y así otros casos.

En total son cinco muertes por cáncer de cuello uterino en un mismo año en Misión Chaqueña. Cinco mujeres que recibieron el diagnóstico tarde, cuando ya no tenían posibilidades de acceder a un tratamiento. Las autoridades sanitarias de Salta señalaron estos cinco casos registrados no reflejen probablemente la totalidad de fallecimientos por esta causa: muchas mujeres wichí no llegan al hospital y mueren en sus casas por las fuertes hemorragias que provoca el tumor. Estos fallecimientos sin atención médica no siempre quedan debidamente registrados ni son notificados para las estadísticas sanitarias.

Muchas de las mujeres de la comunidad corrieron la maratón junto a sus hijos, en su mayoría descalzos, y asistieron a las charlas que dieron las representantes de los ministerios de Salta y Nación, en Argentina. Lo primero que preguntaron las funcionarias de la salud a las asistentes fue si sabían qué era el cáncer de cuello de útero y si alguna vez les habían realizado un PAP, en particular, a las mujeres mayores de 30 años. Ninguna lo sabía y muy pocas afirmaron que se habían hecho la prueba aunque tampoco entendían bien en qué consistía.

Además de información acerca del PAP y de las enfermedades que gracias a él se pueden prevenir, la iniciativa “Maratón wichí” tuvo como resultado el compromiso de los ministerios de ofrecer unidades de PAP en las consultas y hacer un seguimiento de cada caso, con arreglo a lo establecido en el Programa.

La voz de las mujeres wichí

Griselda Díaz es enfermera y wichí. Nació en Misión Chaqueña, al nordeste de Salta, y estudió tres años en Tartagal para volver a su comunidad y ayudar a sus hermanas y a las mujeres llegan al centro de salud con los chicos en brazos o en el aguayo angustiadas porque no se sienten bien.

“Yo conocía a una comadre que también estudiaba y me consiguió una beca de la Iglesia Anglicana, como la que ella obtuvo, y me fui a Tartagal”, contó Griselda. Estudiar no fue fácil para las jóvenes wichí. Las únicas indígenas de la escuela de enfermería más de una vez se perdían la mitad de la clase porque no entendían las palabras en español que utilizaban los profesores y sus compañeros de curso las miraban con caras de extrañeza.

Todo lo que Griselda había aprendido en la escuela de la comunidad parecía poco frente a la exigencia de sus profesores del terciario y los tres años de carrera se le hicieron cuesta arriba y tan arduos como las prácticas en el hospital, donde su título parecía valer menos que el título de los demás enfermeros criollos.
“Los médicos no me escuchaban, no se tomaba en cuenta lo que yo decía”, señaló Griselda, que en los años de estudio y residencia hospitalaria pensó varias veces en dejar Tartagal y volver a Misión Chaqueña.

No obstante, se tituló a los 23 años y hace dos que está de vuelta en su comunidad. Comparte un consultorio de salud con otra enfermera, Rosario Campos, y un médico que llegó hace siete meses y que desde hace poco está tomando contacto con los lugareños de la región, cuyas necesidades son numerosas.

Ni el médico ni el enfermero del consultorio hablan wichí. Griselda sí (es la lengua que hablaban sus abuelas) y como es la única mujer del equipo, es la confidente de las comadres y de los chicos, que le explican cuáles son sus dolencias.

PACES, una iniciativa de UNICEF por los derechos de la infancia indígena

La propuesta llegó a través de un mensaje de texto, de uno de los dirigentes indígenas de Misión Chaqueña, Manuel Palacios.

Manuel es el representante indígena de la iniciativa PACES (Políticas y Acciones Concertadas para la Educación y Salud de niñas, niños y los adolescentes indígenas), que cuenta con el apyo de UNICEF para promover el conocimiento de la infancia indígena y mejorar las políticas destinadas a esta población.

En Argentina existen 600.329 personas que se autodenominan indígenas y pertenecientes a 30 pueblos indígenas según la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas (ECPI) del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Argentina. De ellos, el 23.5% se encuentra no puede cubrir sus necesidades básicas. Las provincias que muestran los peores indicadres en este sentido para los hogares indígenas son: Formosa (74.9%), Chaco (66.5%) y Salta (57.4%).

En muchos territorios de Argentina, las niñas, niños y adolescentes indígenas viven en condiciones de extrema pobreza, no disponen de atención de los servicios básicos suficiente o carecen de los mismos, están expuestos a  la violencia, el abuso y la explotación. Esta situación marginal vulnera sus derechos y los vuelve vulnerables y víctimas del ostracismo social.

Para obtener más información, póngase en contacto con:
María José Ravalli
Especialista en Comunicación
UNICEF Argentina
54 11 5093-7154


 

 

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