Angola

Angola: una segunda oportunidad para los niños y niñas en situación de conflicto con la justicia

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Angola 2012/Gambo
Anton [NOMBRE CAMBIADO] ayuda a cuidar de Fernando Sozinho en un hogar para jubilados de Lubango (Angola). Un tribunal de menores dispuso su envío a este lugar para prestar servicios comunitarios.

Por Olívio Gambo

LUBANGO, Angola, 8 de mayo de 2012. Anton* (15 años), ayuda a cuidar de Fernando Sozinho, un anciano con discapacidad en un hogar para jubilados de Lubango, en la provincia de Huíla, al sur de Angola.

Anton llegó a este hogar para jubilados por orden de un tribunal de menores con el fin de prestar servicios comunitarios en cumplimiento de la sentencia dictada contra él por haber robado una caja de espagueti.

La prestación de servicios comunitarios es una de las múltiples alternativas a la detención que existen gracias a las reformas que, con ayuda de UNICEF, se introducen actualmente en el sistema de administración justicia de menores de Huíla.

Una nueva oportunidad tras la desesperación,

Aunque la región meridional de Angola es rica en recursos naturales, la guerra civil que castigó al país durante 27 años ha dejado al 54% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Con el fin de poder mantenerse a sí mismos y a sus familias, el 24% de los niños y niñas participan en trabajo infantil.

Anton es uno de estos niños y el segundo de tres hermanos. Su hermano mayor está ciego y no tiene empleo, y su madre es muy mayor.

“Mi padre nos abandonó muy al principio y mi madre no trabaja. Se dedica a la reventa de aceite para poder mantener el hogar, pero el dinero que obtiene ni siquiera es suficiente para comprar alimentos. Por eso ayudo a mi familia con trabajos esporádicos”, dijo.

Anton ha trabajado desde que tenía 13 años, desempeñando trabajos en supermercados y otros negocios.

Robó los espaguetis de uno de sus empleadores porque tenía hambre. “Fue un momento de desesperación; cometí un error y lo lamento muchísimo,” dijo.

Durante los próximos tres años, Anton prestará servicios comunitarios en lugar de desempeñar trabajos esporádicos. Gracias al servicio que presta cuidando delSozinho, Anton aprende a ser un ciudadano responsable de un modo que no habría sido posible en la cárcel.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Angola 2012/Gambo
Anton [NOMBRE CAMBIADO], junto a Fernando Sozinho, un anciano discapacitado que vive en un hogar para jubilados de Lubango, en la provincia de Huíla, al sur de Angola.

Anton está muy feliz por la oportunidad que se le ha brindado. Antes de que hubiera transcurrido una semana ya había hecho amigos en el hogar para jubilados.

Además, también ha sido una buena experiencia para Sozinho. Hace ocho años que ingresó en el centro, tras haber perdido a su familia durante la guerra. Él considera a Anton como a un “nieto”.

“Anton es mi gran amigo y me cuida con mucho respeto. Me he propuesto enseñarle mi oficio de zapatero, para que pueda trabajar y ganarse la vida decentemente” señaló Sozinho.

Construir un futuro mejor

En todo el mundo, los niños y niñas que padecen conflictos con la justicia se enfrentan a unos sistemas judiciales que carecen de disposiciones o convenios relativos a los jóvenes. A menudo terminan en centros de detención, donde en ocasiones viven con adultos y son por tanto muy vulnerables al maltrato. Puede que sean víctimas de la estigmatización en sus comunidades y que se interrumpa su proceso educativo. UNICEF promueve alternativas a la detención así como la implantación de unos sistemas de administración de justicia que tengan en cuenta las necesidades y los derechos de la infancia.

Con este cometido, UNICEF presta su apoyo a un programa piloto de justicia de menores del Gobierno de Angola. Este programa contempla alternativas a la detención como, por ejemplo, el servicio comunitario, la matriculación en la escuela, la formación profesional y la participación en actividades culturales y deportivas. En el contexto de este programa se ha impartido formación en materia de protección de la infancia a los policías nacionales, los trabajadores sociales y los funcionarios de la justicia que trabajan con niños y niñas que padecen conflictos con la justicia.

“Por medio de este programa, los adolescentes pueden continuar creciendo y ampliando sus propias capacidades, beneficiarse de una educación escolar, de una formación profesional y cultural, adquirir aptitudes para la vida, además de recibir apoyo y orientación para su reinserción en la sociedad”, dijo Edina Culolo-Kozma, Jefa de Protección infantil de la oficina de UNICEF en Angola. “Este programa no sólo es más útil, sino que cuesta cinco veces menos que mantener a un menor de edad en la cárcel”.

Como parte de este programa, Anton se ha beneficiado de la inscripción de su nacimiento y obtenido su correspondiente certificado, lo que le permitirá solicitar una plaza en la escuela y optar a una formación profesional. Con una educación, será capaz de construir un futuro mejor para él y para su familia.

*El nombre se ha modificado para proteger la identidad del niño.


 


 

 

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