Angola

Una organización angoleña presta ayuda a los más vulnerables en cuestiones de agricultura, VIH y otros aspectos fundamentales

Por Lone Hvass

XANGOGO, Angola, 5 de octubre de 2010 – Las enormes excavadoras extraían arena del río mientras un grupo de trabajadores colocaba una capa de asfalto sobre el nuevo puente de Xangongo, un pequeño poblado que consiste apenas en una panadería, una gasolinera y un pequeño hotel en el que se alojan los camioneros que transportan productos desde Sudáfrica hasta la región meridional de Angola. El desarrollo había llegado a Xangongo.

VÍDEO (en inglés): Steve Felton, de UNICEF, informa sobre las labores de una organización aliada en una región de Angola gravemente afectada por el VIH y el SIDA.  Véalo en RealPlayer

 

Simione Justino Chiculo es coordinador de proyectos de la Asociación de desarrollo rural de Angola (ADRA), una organización no gubernamental que lleva a cabo labores relacionadas con la agricultura en la provincia de Cunene. Recientemente, Chiculo acompañó a un equipo de la Oficina de UNICEF en Angola en una visita de inspección por la región. UNICEF colabora con varios aliados locales en el desarrollo de un conjunto de medidas y actividades de protección social de los niños y niñas más vulnerables del país.

Durante la visita se trataron diversos temas, entre los cuales Chiculo destacó las cuestiones referidas a la alimentación y el VIH/SIDA, que constituyen los desafíos más importantes en esta región.

Visita en el terreno

Guiados por Chiculo, los integrantes del equipo de UNICEF tuvieron oportunidad de observar las labores que lleva a cabo ADRA en el terreno. Los visitantes recorrieron zonas rurales donde miles de personas perdieron recientemente sus hogares y sus cosechas debido a la crecida del río Cunene.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2010
En la localidad angoleña de Xangogo, Edwina Nahama cuida a 16 niños y niñas, algunos de los cuales son huérfanos del VIH y el SIDA.

Durante el recorrido, los visitantes admiraron un paisaje engañosamente bonito. Los integrantes del equipo de ADRA se bajaron del vehículo en que viajaban y se acercaron a la cerca de madera de una granja, donde intercambiaron saludos con los ocupantes en kwanyama, la lengua local. Los saludos tuvieron carácter formal, ya que en esta comunidad se presta mucha atención a las cuestiones protocolarias y para entrar en una aldea, por ejemplo, es necesario saludar de determinada manera desde el exterior y recibir determinadas respuestas de los ocupantes.

El Ministerio de Bienestar Social de Angola mantiene un registro de las familias de la región que se encuentran en situación de vulnerabilidad y lo comparte con ADRA. Además, el equipo liderado por  Chiculo realiza inspecciones periódicas en el terreno para evaluar la situación de ésas y otras familias.

“Vamos de choza en choza para averiguar cuántos niños hay en cada familia, si van a la escuela, cuánta comida reciben y diversas cuestiones relacionadas con los cultivos de las familias”, explicó Chiculo. Cuando se le preguntó cómo define una “familia vulnerable” respondió sucintamente “cuando no tienen comida suficiente”.

Programas sostenibles

“Tenemos que vigilar las reservas de alimentos”, continuó diciendo Chiculo, que inspecciona periódicamente el granero de la zona. El día de la visita de UNICEF, el granero estaba lleno hasta la mitad de mijo perla, la principal cosecha de la zona.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2010
Edwina Nahama con varios de los niños y niñas que cuida en Xangogo, una localidad de Angola.

“Eso sólo alcanza para cinco meses”, comentó Chiculo.

Para muchos habitantes de la región, como Edwina Nahame, una anciana respetada en su aldea que además de atender las necesidades de su familia cuida a 16 niños y niñas de la comunidad, el problema de la carencia de alimentos se agrava mucho más debido a las consecuencias de la epidemia de VIH y SIDA. Muchos niños y niñas han quedado huérfanos debido al virus y viven con parientes o vecinos cuyas familias luchaban por sobrevivir aún antes de acogerles.

Sin embargo, la situación de esta comunidad ha mejorado. El año pasado, la familia de Nahame sobrevivió gracias a la ayuda alimentaria provista por el Ministerio de Bienestar Social. Posteriormente intervino ADRA, que ayudó a organizar a los integrantes de la comunidad en una cooperativa y les suministró dos bueyes para las labores de labranza.

“Al principio, la gente quería alimentos”, explicó Chiculo. ADRA, sin embargo, les entregó los animales que necesitaban para la crianza de cabras. Nahame comenzó con una pareja de cabras y ahora cuenta con un rebaño que le proporciona los medios para alimentar a su familia y hacerse cargo de los gastos de educación de los niños.

La lucha contra el VIH

Además de los retos en materia de finanzas y alimentación, uno de los problemas más urgentes de la región es el de la propagación del VIH y el SIDA. Se calcula que la provincia de Cunene tiene una tasa de infección con el VIH del 9%, por lo menos.

“No podemos olvidarnos de la lucha contra el VIH”, apuntó Chiculo. “Las labores de comunicación con respecto al VIH son relativamente fáciles, porque en esta comunidad todos sufren las consecuencias de esa infección”.

Una de las mayores prioridades de ADRA consiste en prevenir la infección con el VIH de la próxima generación. A tal fin, la organización realiza tareas de concienciación de la juventud, con el propósito de prevenir los comportamientos de alto riesgo.

Chiculo, que perdió una hermana durante la prolongada guerra civil de Angola, tiene un gran respeto por el trabajo que realiza ADRA. A pesar del orgullo que siente por su labor, tiene en claro que aún queda mucho por hacer. “Quiero devolver a la comunidad”, concluye el coordinador de proyectos de la Asociación de Desarrollo Rural de Angola, “algo de lo que he recibido”.


 

 

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