Angola

La nueva guerra de Angola: La lucha contra la desnutrición

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2005
Un niño que sufre de desnutrición y paludismo recibe tratamiento en la sala pediátrica del centro hospitalario de Caala. Solamente en abril, 74 niños fueron atendidos en este centro.

Por Macarena Aguilar

CAALA, Angola, 25 de mayo 2005 –Sipiriano Sangaripo, de 5 años, es un ejemplo conmovedor de lo que muchos niños y niñas tienen que afrontar en Angola, que todavía se recobra de los efectos de una guerra civil larga y brutal.

Cuando Sipiriano llegó hace diez días por primera vez al centro de nutrición del hospital de Caala, padecía de desnutrición aguda y apenas pesaba 8 kilos y medio. Continúa todavía en estado grave pero mejora progresivamente; ahora ya pesa 9 kilos y medio y puede sentarse en la cama sin ayuda.

De los 74 niños admitidos en abril en el centro, 19 de ellos murieron y a otros 19 sus padres se los llevaron antes de terminar el tratamiento.

“Desde mediados de marzo carecemos de leche terapéutica para tratar adecuadamente a los niños y niñas”, dice una angustiada Rosa de Carvallo, Supervisora Provincial de Nutrición. “Tratamos de sustituir la leche terapéutica adecuada por leche entera mezclada con aceite y azúcar pero los resultados no son los mismos. Por eso, tras esperar varias semanas que nos llegase la leche terapéutica desde Luanda (capital de Angola), tuvimos que pedir ayuda urgente a UNICEF”.

Todavía sin fuerzas suficientes para comer… o sonreír

El padre de Sipiriano, Tito Joao, permanece a la cabecera de la cama del niño, confiando en su recuperación. La madre ha regresado a su casa en Cuima, un pueblo situado a 50 kilómetros, para cuidar de sus otras seis criaturas.

Tito Joao habla del miedo y desconcierto que sintió al darse cuenta de que el cuerpo de Sipiriano, tras adelgazar cada vez más, comenzaba de repente a hincharse. Las manos y los pies del niño se reventaban a causa de los líquidos que su cuerpo sin proteínas no podía absorber. “Ésta es la reacción típica de los niños que sufren desnutrición crónica”, explica Rosa. “Algunos llegan incluso al extremo de empezar a encogerse”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2005
Sipiriano Sangaripo, de 5 años, en su décimo día de tratamiento por desnutrición. Cuando Sipiriano llegó al centro sólo pesaba 8 kilos y medio.

Las manitas de Sipiriano están cuidadosamente vendadas para impedirle que se arranque los tubos de alimentación conectados desde la nariz a la garganta y al aparato digestivo. Todavía carece de la suficiente energía para comer con normalidad y mucho menos para sonreír.

“El año pasado se acordó con el gobierno que UNICEF cesaría poco a poco de proporcionar leche terapéutica a los centros de nutrición para empezar a transferir responsabilidades al Ministerio de Salud. Desgraciadamente, por alguna razón, el Ministerio no pudo adquirir leche”, dice Rosa. Ante esta situación, la oficina de UNICEF en Angola, con la ayuda económica del gobierno italiano, importó 6,2 toneladas de leche terapéutica que actualmente se está distribuyendo por todo el país.

Una estrategia audaz para revitalizar los centros de salud del país

Puede que esté en marcha la recuperación de los 27 largos años de guerra en Angola, pero basta una mirada a Sipiriano y a su impotente padre para comprender que todavía se está cobrando demasiadas vidas jóvenes e inocentes.

La mayoría de los niños y niñas llegan a los centros terapéuticos en terribles condiciones a causa de enfermedades no tratadas, como paludismo agudo, diarrea, sarampión e incluso tuberculosis. A menudo los padres esperan demasiado hasta buscar ayuda y carecen del conocimiento básico para detectar los primeros síntomas de algunas de las enfermedades más corrientes.

Los centros terapéuticos han sido durante mucho tiempo la respuesta de Angola a la desnutrición. Apoyados por UNICEF desde 2001, todavía existen a lo largo de todo el país 26 centros que tratan un promedio de 1.000 pacientes jóvenes cada mes. Desgraciadamente, por lo menos el 20% de estos niños y niñas muere. A otro 25% se le lleva a casa antes de terminar el tratamiento, con resultados más que dudosos.

“Estos porcentajes son todavía muy altos y preocupantes”, explica Mercedes Díaz, oficial de nutrición de UNICEF. “Pero es decisivo entender que la raíz del problema se encuentra en la falta de acceso a la atención básica de salud, la pobre calidad de los servicios y los niveles educativos abismalmente bajos de la población”.

UNICEF apoya al Ministerio de Salud con una estrategia audaz que revitaliza y fortalece los centros de salud a nivel municipal mediante la preparación de personal en planificación, administración y distribución de servicios de calidad. “Para combatir la desnutrición es necesario invertir el 80% en prevención y el 20% en tratamiento”, dice Mercedes. “El propósito es reducir el puente entre la comunidad y los servicios de salud de modo que se logre un auténtico impacto en la mortalidad infantil”.

Al preguntarle sobre el destino de los 19 niños y niñas que nunca terminaron el tratamiento en el centro de Caala, Rosa de Carvallo se muestra abatida: “La mayoría de los niños y niñas habrán muerto en sus hogares, y los que no lo hayan hecho, probablemente volverán aquí en las mismas o peores condiciones”. Afortunadamente, Sipiriano Sangaripo no será uno de esos niños.


 

 

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