Afganistán

Los centros de alfabetización del Afganistán, que cuentan con el apoyo de UNICEF, potencian a las niñas y mujeres

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2009/Walther
Una alumna de un centro de alfabetización en el Afganistán, donde cinco de cada seis mujeres son analfabetas. Los centros cuentan con el respaldo de UNICEF.

Por Cornelia Walther

MAZAR-E-SHARIF, Afganistán, 2 de febrero de 2010 – Farida Dastgeer, de 65 años de edad, está aprendiendo a leer. La alumna forma parte de un grupo de 20 niñas y mujeres que se reúnen seis veces por semana para recibir clases de alfabetización de dos horas de duración, que se llevan a cabo en el hogar de una de las estudiantes.

 “Cuando era joven, mi padre no me dejó ir a la escuela”, explica la Sra. Dastgeer. “Ahora que soy vieja y mi familia acepta mi voluntad de aprender, tengo la cabeza muy cansada”.

Hace 20 años, el Ministerio de Educación del Afganistán puso en marcha un programa de centros de alfabetización para que las niñas y mujeres recibieran educación básica no estructurada. El objetivo de los centros consistía en brindar enseñanza a las niñas y mujeres de las aldeas que estaban muy alejadas de las escuelas.

Sin embargo, la mayoría de las mujeres nunca pudieron aprovechar los beneficios de los centros debido a otros obstáculos, como las actitudes tradicionales acerca de las funciones domésticas de las mujeres y, en tiempos más recientes, la influencia de los talibanes. En la actualidad, cinco de cada seis mujeres afganas son analfabetas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2009/Walther
En un centro de alfabetización del Afganistán septentrional, Mariam, una maestra voluntaria de 14 años de edad (der.) le enseña a contar a una alumna adulta mientras otra estudiante, Farida Dastgeer, de 65 años, observa la acción.

Para superar la tradicional resistencia

Desde 2008, UNICEF y sus aliados colaboran para reducir esa tasa de analfabetismo brindando apoyo a cientos de centros de alfabetización no estructurada en todo el Afganistán.

Organizar un grupo de estudio de mujeres, sin embargo, puede resultar una tarea difícil en comunidades que con frecuencia se muestran hostiles a la educación de las niñas y las mujeres. Cuando se invita a las mujeres a participar en esos grupos, no sólo se les pregunta si están dispuestas a hacerlo sino también si cuentan con la autorización de sus parientes varones.

 “Mi padre no sabe que estoy aquí”, explica Arzo, una niña de ocho años de edad que asiste a uno de los centros. “Fue mi madre quien le rogó a la maestra que me aceptara en el grupo”.

Una vez que se sabe quiénes serán las alumnas, es necesario encontrar voluntarias que les enseñen. Esas maestras, que cuentan por lo menos con educación básica y que reciben un modesto estipendio que paga UNICEF, comparten sus conocimientos con otras mujeres y niñas.

En las provincias afectadas por la inseguridad alimentaria, la iniciativa cuenta con el respaldo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, que aporta alimentos para las alumnas y maestras.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2009/Walther
Varias niñas y mujeres participan en clases no estructuradas en un centro de alfabetización localizado en el Afganistán septentrional, que recibe apoyo de UNICEF.

La vida de una joven maestra

Mariam, de 14 años de edad, es una maestra voluntaria en uno de los centros de alfabetización que también cursa el 10º grado. Mariam se propone emplear el estipendio que recibe para continuar sus estudios, ya que tiene la ambición de ser profesora.

Desde abril de 2009, Mariam da clases de matemáticas y de lectura y escritura en dari, el dialecto de la región.

“Por lo general, me levanto a las tres de la mañana”, comenta Mariam. “Me aseo, rezo y a partir de las cinco de la mañana, limpio la casa y ayudo mi madre a preparar el desayuno. Después de eso, voy caminando a la escuela, adonde llegó en unos 30 minutos. La clase de alfabetización, que llevamos a cabo en la vivienda vecina a la escuela, comienza a las dos de la tarde. Antes de la lección del día reviso los deberes de las estudiantes”.

El comienzo de un largo camino

Mariam comenta que aunque sus alumnas recién empezaron a leer hace algunos meses, desde entonces ha notado muchos cambios en ellas. Para muchas de esas niñas y mujeres, los nueve meses que han asistido a las clases de alfabetización han sido el comienzo de un largo camino.

Arzo, por ejemplo, anuncia que quiere seguir estudiando, aunque antes deberá convencer a su padre de que le permita hacer realidad su sueño de ser doctora. Si no lo logra, quizás pase a ser una de las muchas niñas casadas del Afganistán.

En el caso de la Sra. Dastgeer, la alumna de 65 años de edad, los nuevos conocimientos que adquiera no modificarán profundamente su vida cotidiana, aunque le darán una nueva dimensión.

“Durante toda mi vida me sentí ajena a lo que sucedía al mi alrededor”, afirma. “Pero eso está a punto de cambiar. El año próximo podré leer las noticias en los periódicos y los carteles con los precios de los productos en las tiendas”.


 

 

UNGEI

Sitio de La Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas
UNGEI banner
Búsqueda