Afganistán

Un campamento de críquet promueve la paz y el derecho a jugar en Afganistán

Imagen del UNICEF
© UNICEF 2009/ Walther
Samil Hashimi (centro), de 16 años de edad, y sus dos hermanos Farid (izq.) y Essai (dcha.) tras la final del campamento al que asistieron en el campo nacional de críquet en Kabul.

En vísperas del vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, un histórico acuerdo internacional sobre los derechos humanos básicos de todos los niños y niñas, UNICEF presenta una serie de artículos acerca de los avances logrados y los obstáculos que quedan por superar.

Por Cornelia Walther

KABUL, Afganistán, 9 de septiembre de 2009 – UNICEF y la Organización de apoyo a la juventud afgana aficionada al críquet (AYCSO en sus siglas inglesas) reunieron a 50 jóvenes afganos que participaron en un campamento de críquet este mes en Kabul, la primera de una serie de actividades para celebrar el "Día internacional de la paz" de 2009 en Afganistán.

"Mi sueño para el futuro es jugar en la selección nacional. Al formar parte del equipo nacional de críquet, podré demostrar a las personas fuera de Afganistán que aquí no sólo hay guerra sino también belleza y fuerza", dijo el joven de 16 años Samil Hashimi.

"Comencé a jugar al críquet hace siete años. Entonces, mi familia y yo estabamos en Karachi, en Pakistán, debido a la guerra en nuestro país", comentó Samil. "Dos de mis hermanos participaron en este taller. Siempre quise ser un auténtico buen jugador, formar parte de un equipo, pero empezar es difícil".

Jugar por la paz

Un total de 50 niños pasaron dos días con los integrantes de la selección nacional afgana de críquet y aprendieron cómo batear, lanzar al bateador y defender, bajo la ondeante bandera de la paz. Los integrantes del equipo de críquet, recién llegados de cosechar victorias sobre el campo en Zimbabwe y en los Países Bajos, muestran su entusiasmo por hacer algo en beneficio de su país.

"Cuando entré en contacto con el críquet en un campamento de refugiados en Pakistán quería jugar y aprender, pero no había nadie allí para mostrarme el camino", dijo uno de los jugadores de la selección nacional de críquet y fundador de la AYCSO, Raees Ahmadzai. "Fueron únicamente mi pasión por el juego y la creencia en mi país las que me ayudaron a ser lo que soy actualmente. Si hay algo que pueda hacer para facilitarle el camino a estos chicos, estaré encantado de hacerlo".

Imagen del UNICEF
© UNICEF 2009/ Walther
Una foto de grupo de los jóvenes jugadores de críquet con sus entrenadores: la Representante de UNICEF en Afganistán, Catherine Mbengue, y el Representante de la Organización Mundial de la Salud, Peter Graaf, en el campo nacional de críquet en Kabul.

Los niños estaban entusiasmados por aprender las normas y los entendidos trucos de los expertos. A pesar de la intrínseca naturaleza de la competición en el críquet, los jóvenes se mostraron sociables durante los dos días.

"Los jugadores del equipo vencedor dijeron a sus oponentes: "si perdéis hoy, mañana ganaréis", explicó Ahmadzai.

Si bien la mayoría de los jóvenes procede de familias que han recibidio educación, hay chicos como Samil que tuvieron que abandonar la escuela para que su familia pudiera ganarse la vida. Sin embargo, incluso aquellos que proceden de familias adineradas llegaron con los pies descalzos el primer día de entrenamiento.

"Resulta difícil describir lo complacidos que estos niños estaban por reunirse con sus héroes, por recibir la indumentaria y las zapatillas deportivas de entrenamiento del "Día de la paz", afirmó Ahmadzai. "Estoy muy seguro de que las lucirán por todas partes y a todas horas una vez que termine el campamento".

El derecho a practicar deporte

La Convención sobre los Derechos del Niño fue aprobada en 1989 y ratificada por el Gobierno de Afganistán en 1994. Entre los derechos vitales protegidos por ésta se cuentan el derecho a la vida, a la educación y a la salud. El objetivo del campamento fue celebrar la importancia del derecho a la participación. El deporte une a las personas y anima a la tolerancia y al respeto. Ayuda a que nazca la armonía en el niño y entre sus compañeros, con independencia de la edad y las consideraciones étnicas o políticas.

Los hermanos de Samil, Farid y Essai, de 15 y 10 años respectivamente, comparten la misma pasión que su hermano por el críquet; pero sus planes de futuro son distintos. Ambos seguirán asistiendo a la escuela. Farid quiere ser ingeniero y Essai médico.

"Los últimos dos días me han demostrado lo fuerte que puedo ser, que puedo lograr lo que quiera si los demás y yo somos un equipo", dice Farid.

Con el apoyo de UNICEF, la AYCSO planea organizar talleres similares en otras regiones, especialmente en las provincias azotadas por la guerra en el sur y el sudeste de Afganistán, para brindar a los jóvenes un lugar para que sean lo que son: niños.

 


 

 

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