Afganistán

Crisis alimentaria en el Afganistán durante la temporada más cruel

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Una niña cosecha papas en los campos de Bamyan. La grave sequía y los ataques a los convoyes que transportan alimentos aumentan la carencia de comida.

Por Sarah Crowe

BAMYAN, Afganistán, 8 de diciembre de 2008 – Para la población del Afganistán, las crisis se suceden con una frecuencia intolerable. Los afganos, que ya sufren los desastres de la guerra y la insurgencia, deben hacer frente a un nuevo enemigo: una crisis alimentaria en la época más cruel del año.

Aun en Bamyan, una de las provincias más pacíficas de este país profundamente atribulado, la violencia ha comenzado a golpear y los pobladores la sienten en sus bolsillos y sus estómagos.

Precio de los alimentos fuera de su alcance 

Pero una serie de ataques continuos de los insurgentes en la distante ruta al Pakistán, sumada a la grave sequía que azota la región, ha puesto los precios de los alimentos fuera del alcance del poblador común.

Además de ello, la sequía de este año ha blanqueado y resquebrajado los suelos, de manera que la única vegetación que se ve en el paisaje rocoso son tallos mustios y resecos. Fuera de la pequeña cosecha regional de papas, los demás alimentos llegan aquí por tierra.

El impacto en las vidas humanas

La población local ha sobrevivido a épocas de terror, a largos y amargos inviernos y al congelamiento de los caminos. Lo que sucede en estos días, sin embargo, es algo mucho peor a lo que hayan conocido.

“Debido a los ataques contra los convoyes de alimentos, las caravanas de camiones deben tomar otras rutas, y eso significa que gastan más combustible y que aumenta el precio de la comida”, explica Ameen Iqbal, dueño de una tienda en la región montañosa distante unas dos horas de la ciudad por automóvil. “Los precios de los alimentos han llegado a un nivel hasta ahora desconocido, y eso tiene graves consecuencias para los pobladores. Yo tengo menos clientes porque la gente gana menos dinero”.

“Yo no veo una solución”, continúa diciendo el Sr. Iqbal. “Mis clientes me piden crédito, pero yo no gano lo suficiente para comprar nuevos productos. Yo no sé cómo puede vivir alguna gente. Los pobladores de la aldea no tienen trabajo y subsisten con prácticamente nada. Comen apenas lo suficiente para seguir viviendo”.

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En el Afganistán, el precio del trigo se ha cuadruplicado en el último año. Debido a ello, los niños y niñas se ven obligados a comer menos pan, que es su principal alimento.
Tomando las medidas necesarias

Fatima Meetra es una mujer asombrosamente vivaz. Su piel cetrina muestra las huellas del intenso sol y el constante viento. A los 28 años, está muy avejentada por las penurias del trabajo intenso. Fatima tiene la apariencia de una mujer que puede aguantar mucho pero que ya ha tolerado demasiado.

Fatima y sus hijos hacen esfuerzos extraordinarios ante la nueva amenaza. Su marido trabaja parcialmente en la construcción cerca de su hogar.

Éste consiste en un amplio entorno con las paredes cubiertas de tapices y una cocina compartida. En el centro de la habitación hay un telar de grandes dimensiones rodeado de madejas de lana de colores.

Los tres hijos de Fatima, todos menores de 10 años, trabajan en el telar tejiendo alfombras cuya venta ayuda al mantenimiento de la familia., y a pesar de ello, los tres siguen yendo a la escuela medio día, ya que su madre no quiere sacrificar su educación.

“No, no. Deben ir al escuela”, exclama la Sra. Meetra. “Las personas educadas siempre salen adelante. Si no van a la escuela, nunca sabrán nada. Yo no he recibido educación y por eso sé tan poco, porque no puedo leer sobre lo que está sucediendo a mi alrededor”.

Acopio de alimentos

Pese a que los aldeanos han acopiado papas y otras hortalizas y vegetales, el personal de las organizaciones de socorro teme que la crisis alimentaria exacerbe la desnutrición infantil. Actualmente, el 67% de los niños y niñas afganos menores de cinco años tiene peso inferior al normal, y el 54% sufre desnutrición crónica, lo que representa una de las tasas más elevadas del mundo.

UNICEF, otros organismos de las Naciones Unidas y diversas dependencias gubernamentales se preparan para lo peor, de manera que han hecho acopio preventivo de diversos suministros. Sin embargo, la falta de seguridad implica una reducción del espacio en que pueden operar las organizaciones humanitarias, ya que no disponen de acceso a diversas regiones que necesitan ayuda.

“La situación es grave. El Gobierno, las Naciones Unidas y varias ONG han llevado a cabo una evaluación de la desnutrición en las 22 provincias más afectadas por la falta de seguridad alimentaria”, explica el  Dr. Brandao Co, Jefe de Nutrición de UNICEF en el Afganistán.

“Veremos más niños menores de cinco años desnutridos. También ha aumentado la desnutrición moderada. Haremos todo lo posible por prestar asistencia y distribuir alimentos, porque en esas provincias hay familias y hay niños y niñas que necesitan alimentos y servicios de salud”.


 

 

Vídeo (en inglés)

Sarah Crowe, corresponsal de UNICEF, se refiere a la crisis alimentaria que sufre el Afganistán en la época más cruel del año.
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