Afganistán

La nutrición de la niñez en el Afganistán: “Mis hijos son más pequeños que los demás niños”

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2005/ Mitani
Rahera tiene 7 años y vive con sus padres y dos hermanos menores.

Por Junko Mitani

KABUL, Afganistán, 2 de noviembre de 2005 – Rahera, de 7 años de edad, vive en la zona de Kakoji, a unos 40 km de distancia de Kabul. Rahera se desayuna con pan todos los días alrededor de las siete de la mañana. Un solo pan debe alimentar durante tres días a Rahera, sus padres y sus hermanitos. Por lo general, la familia no tiene leche ni azúcar para el desayuno.

Alrededor de las 10 de la mañana, Rahera recibe un paquete individual de galletitas en la escuela. Con frecuencia, los alumnos afganos no se pueden concentrar en el aula debido a que están hambrientos. Sin embargo, Rahera explica que no se come todas las galletitas. “De las 12 galletitas que trae cada paquete, sólo como seis, y llevó el resto a casa para mis dos hermanitos”.

Rahera regresa a casa a la hora del almuerzo. Una vez más, esa comida consiste en un poco de pan y una taza de té. A las ocho o nueve de la noche, cuando el padre de Rahera, que se desempeña como trabajador de la construcción,  regresa al hogar, la familia cena junta. Por lo general, esa cena consiste en pan con un poco de aceite y yogur con un poco de sal.

La familia compra dos envases de yogur tres veces por semana. Cada compra les cuesta 12 afganis, que equivalen a 24 centavos de dólar estadounidense. Cuando disponen de dinero extra, la familia compra unas pocas cebollas. Durante el verano pasado la familia tuvo oportunidad, la familia se dio en dos ocasiones un banquete especial de sandías.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2005/ Mitani
Rahera junto a su madre, Haida, y uno de sus hermanos.

“Quizás sea por la comida”

Cuando le preguntan qué hace cuando tiene mucha hambre, Rahera responde: “Bebo agua. Una vez, mi madre me dio un afgani y compré pan dulce frito. ¡Y anteayer nos visitó la familia de mi tío y me regalaron una manzana! Me gustan las manzanas. Y el arroz. ¡Mi carne favorita es la de cordero!”. 

Haida, la madre de Rahera, tiene 30 años de edad, es analfabeta y ya ha perdido cinco hijos debido a la neumonía, el sarampión, el tétanos y la diarrea. Actualmente, se encuentra en su noveno embarazo.

Cuando se le pregunta acerca de la situación de su familia, medita durante unos momentos y responde: “Quizá sea por la comida que mis hijos son más pequeños que los demás niños. Es que nuestra familia es muy pobre. No tenemos suficiente dinero para comer. Por eso vinimos a Kabul desde nuestra aldea hace un mes”. Casi la mitad de los niños afganos sufren cortedad del de talla debido a la desnutrición y a las prácticas de alimentación deficientes.

Haida anhela un futuro mejor. “Espero que nuestros hijos”, dice, “puedan seguir yendo a la escuela, conseguir buenos empleos y ayudar a la familia”.

Cómo ayuda UNICEF

UNICEF y una ONG aliada local dan apoyo al Gobierno del Afganistán en sus esfuerzos por mejorar la situación nutricional de la niñez. Como parte de un proyecto dedicado a mejorar las prácticas de alimentación y atención de los lactantes y niños de corta edad, se difunde información sanitaria al público en general y se brinda orientación a familias como las de Haida. Si se descubre que algún niño o niña sufre de desnutrición muy grave (ese no es el caso de Rahera), se integra al niño o niña a un programa especial de nutrición.

Mediante ese proyecto se trata de combinar la educación sobre un régimen alimentario equilibrado que incluya frutas, verduras, pan y arroz, con información sobre las prácticas sanitarias e higiénicas, como el lavado de las manos antes que cocinar o comer, el consumo exclusive de agua hervida, y con actividades que alienten a las madres y familias a tratar de obtener atención prenatal y la vacunación básica de los niños. UNICEF también respalda el suministro de vacunas.


 

 

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