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Afganistán

Diario de operaciones

15 de diciembre de 2004: Reflexiones sobre los avances en favor de los niños del Afganistán

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2004/Carwardine
A lo largo de los últimos tres años se han hecho avances firmes en la construcción de una nación apropiada para los niños y las niñas.
Por Edward Carwardine

Edward Carwardine es el Oficial de Comunicaciones del UNICEF en el Afganistán. A continuación, sus reflexiones personales sobre los avances en favor de los niños afganos que ha podido apreciar a lo largo de los últimos tres años.

KABUL, 15 de diciembre de 2004 - El invierno ya ha caído sobre Kabul. Los rosales de los jardines han perdido las últimas flores y las enredaderas que adornan los muros de nuestras instalaciones han comenzado a hibernar. Este año, el invierno ha llegado antes de lo acostumbrado, señal de que quizá sea más largo y frío que el del año pasado.

Las primeras nieves han caído en las montañas que rodean Bamyan, no lejos de Kabul. Bamyan fue el escenario de un infame episodio, cuando, a principios de 2001, los talibanes destruyeron las figuras de unos budas de 1.500 años de antigüedad que, con 40 metros de altura, se erguían en una pared rocosa. Todavía se debate cuándo y cómo deberían reconstruirse. El cambio constructivo es siempre mucho más complejo que la destrucción indiscriminada.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2004/Brook
En todo el Afganistán se ha desmovilizado a casi 4.000 antiguos niños soldados.
Al hacer balance de los tres últimos años aquí en el Afganistán he estado pensando en algunos de los asombrosos cambios de los que yo mismo he sido testigo. Como portavoz del UNICEF, tengo el lujo incomparable de poder curiosear en todo un conjunto de actividades, y de informar sobre ellas al resto del mundo.

He mandado informes detallados sobre la reducción de la incidencia de la poliomielitis y el sarampión entre los niños, el descenso de los heridos por minas terrestres y el aumento masivo del número de niños que van a la escuela. Todavía me resulta imposible evocar sin que me dé un vuelco el corazón ese día de 2002 en que vi cómo las primeras niñas volvían a la escuela.

He entrevistado a antiguos niños soldado que ahora aprenden a ser carpinteros; he paseado por las estribaciones del Hindu Kush para supervisar la distribución de suministros escolares; he visitado proyectos en que por primera vez en una década viudas y otras mujeres han podido obtener por su cuenta ingresos económicos, y he esbozado declaraciones en las que se aplaude al Gobierno por los compromisos asumidos en relación con leyes fundamentales relativas a los derechos de la infancia y las convenciones internacionales, compromisos que en algunos casos son un ejemplo a seguir por otros países.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2003/Premfors
En el Afganistán, las mujeres tienen nuevas oportunidades para participar en la vida de la comunidad. Estas mujeres trabajan para una campaña de inmunización contra la poliomielitis en las provincias del norte.
Se han hecho tantos avances, se han dado tantos pasos adelante. El final de otro año parecía el momento apropiado para reflexionar sobre lo rápidamente que la vida de tantos niños afganos ha cambiado para mejor. Dada la historia del Afganistán, una historia marcada por el conflicto y el caos, estos cambios tienen una significación todavía mayor.

El año comenzó con una nueva constitución para el Afganistán, y la esperanza de una nueva democracia. De manera lenta pero firme, a pesar de los temores de muchos de que el proceso adquiriera un sesgo violento, se organizaron las primeras elecciones presidenciales. Sólo la semana pasada, el nuevo presidente juró su cargo en el bello palacio presidencial situado en el centro de la capital.

Por desgracia, la amenaza de inestabilidad acecha todavía entre las sombras. A principios de 2002, apenas llegué a Kabul, se podía acceder en automóvil hasta las puertas que conducen al palacio. Posteriormente, anillos de acero y hormigón han ido extendiéndose hacia el exterior en forma de barreras y controles. El día de la toma de posesión del presidente, lo que la mayoría de la gente vio del palacio se limitaba a un atisbo de la bandera nacional roja, verde y negra ondeando sobre las copas de los árboles.

Esto no quiere decir que los nuevos dirigentes del Afganistán vivan de espaldas a las aspiraciones de la población. Hace unas semanas, para conmemorar al 15 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, el vicepresidente Hidayat Amin Arsala abrió sus oficinas a un grupo de niños, que le entregaron un nuevo Manifiesto de los Niños para el Afganistán.

El Manifiesto expresaba las esperanzas y expectativas de los niños y niñas afganos, y esbozaba objetivos fundamentales que el Gobierno y sus aliados deben alcanzar durante el proceso de reconstrucción del país. Su Excelencia se tomó el asunto en serio, y expresó públicamente el compromiso de garantizar que antes de terminar el año el Manifiesto se lleve ante el nuevo Consejo ministerial.

Los ciudadanos más jóvenes del Afganistán han recibido como regalo de Año Nuevo, si bien con cierta antelación, una oportunidad que les ha sido negada durante largo tiempo: que se oiga su voz y puedan contribuir a construir su propio futuro.


 

 

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