Túnez

Tras huir de la violencia en Libia, un joven encuentra amistad y esperanza en Túnez

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tunisia/2011/Dhayi
Suleiman (nombre ficticio) y Najat, una psicóloga de UNICEF, se han hecho grandes amigos desde la llegada del primero al campamento de refugiados de Shousha, en el Túnez meridional.

Por Ban Dhayi

RAS JDIR, Túnez, 12 de abril de 2011. Para Suleiman (nombre ficticio), de 15 años de edad, el reciente conflicto en Libia constituye sólo el último de una serie de episodios terribles que han marcado su juventud. Hace cuatro años, Suleiman quedó separado de sus padres debido a la guerra en Somalia.

“El único integrante de mi familia que me quedó fue Mohammed, mi hermano mayor”, comenta. “Desesperados por asentarnos en un lugar seguro, nos trasladamos de un país a otro hasta que logramos establecernos en Libia en 2009”.

El año pasado, Mohammed se ahogó en el mar y el joven Suleiman quedó completamente solo, aunque un vecino compasivo le dio techo y comida. Sin embargo, al desatarse la violencia en Libia, debió huir una vez más y viajó solo en autobús hasta el campamento de refugiados de Shousha, en la región meridional de Túnez. 

“En Libia, la gente que me rodeaba decía que la situación ya no era segura y que debíamos irnos”, recuerda.

 

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tunisia/2011/Dhayi
Los campamentos de refugiados del Túnez meridional ya albergan a unas 10.000 personas afectadas por la crisis en la vecina Libia.

“Cuando llegó al campamento, Suleiman estaba bastante confundido porque el entorno le resultaba extraño y porque no sabía lo que le iba a suceder”, señala Najat, una psicóloga de UNICEF que se ha convertido en la mejor amiga del joven refugiado. “Mi trabajo consiste en que se sienta seguro y sepa que cuenta con apoyo”.

Protección y vivienda segura

Desde mediados de febrero, Túnez ha recibido refugiados que huyen de la violencia en Libia. Con apoyo de varios aliados, UNICEF estableció en Ras Jdir un equipo de respuesta de emergencia que ayuda a los niños, niñas y mujeres alojados en los campamentos, donde ya se albergan casi 10.000 personas.

El equipo se encarga de que las familias reciban orientación, que se mantenga un registro de los menores no acompañados como Suleiman y que se proteja a los niños y niñas de la violencia. Cuando se identifica a los niños no acompañados o separados de sus familias, un equipo de psicólogos de UNICEF se encarga de que se les brinde protección y vivienda segura, además de acelerar el proceso de reunificación con sus familias.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Tunisia/2011/Dhayi
En un centro de integración infantil de Ben Guerdane, en Túnez meridional, una psicóloga de UNICEF juega con tres hermanos que quedaron separados del resto de su familia durante el cruce de la frontera con Libia, de donde llegaron huyendo de la violencia.

“De los millones de niños y niñas desplazados por los conflictos armados en todo el mundo, los menores no acompañados son los que corren mayor riesgo”, explica Dominic Stolarow, Coordinador de situaciones de emergencias de UNICEF. “Se trata de los niños que corren mayor riesgo de carecer de los medios más elementales de supervivencia y de sufrir violaciones de sus derechos. También son los que tienen más probabilidades de morir, de ser torturados o violados, y de que les roben o les recluten como niños soldado”.

Esperanza en el futuro

Pese a todos los problemas que ha tenido, Suleiman mantiene su optimismo con respecto al futuro. La seguridad en sí mismo que proyecta, así como su aspecto atildado y los anteojos que usa, sugieren que se trata de un niño estudioso. Sin embargo, Suleiman no ha podido estudiar debido a problemas de la visión.

“Siempre soñé con ir a la escuela y especializarme en tecnología de la información”, cuenta. “Pero aún con buena luz apenas puedo ver siluetas, y en Libia, un doctor me dijo que necesito una operación muy costosa. Sin embargo, mantengo las esperanzas de que un día mis sueños se harán realidad”.


 

 

Búsqueda