Tailandia

La protección de niños y mujeres víctimas de la trata en una población fronteriza entre Tailandia y Camboya

Imagen del UNICEF
© UNICEF Thailand/2006/Few
Miles de niños atraviesan cada día la frontera entre Tailandia y Camboya en busca de trabajo. Con demasiada frecuencia, encuentran explotación y malos tratos.

Por Robert Few

ARANYAPRATHET, Tailandia, 7  de agosto de 2006 – El mercado de Aranyaprathet, que los tailandeses llaman Rong Glua, es una aldea desparramada de tiendas e industria ligera que da empleo a unas 10.000 personas en el lado tailandés de la frontera entre Tailandia y Camboya.

Sin embargo, al llegar al mercado, no sería extraño que uno pensara que, de algún modo, había atravesado la línea fronteriza y entrado en Camboya. Todos los que trabajan aquí son camboyanos, y el mercado alberga un tipo de pobreza que en la mayor parte de Tailandia no se ha visto en una década o más.

La mayor parte de los artículos a la venta en Rong Glua están a la vista, dispuestos a lo largo de kilómetros de callejones cubiertos de polvo y basuras donde, descalzos, los hijos de los trabajadores se entretienen con juguetes rotos, bolsas de plástico y objetos rescatados de los cubos de basura.

Pero se ofrecen otros productos, productos que están ocultos. Agazapados en los rincones más oscuros, o encerrados en las casas cercanas, hay niños y niñas que también están a la venta, parte del mercado clandestino y su siniestro comercio, la prostitución infantil.
 
Explotados en el mercado del sexo

Caminamos por un callejón abarrotado, guiados por Kriangsak Bunyen, quien trabaja para un centro de acogida apoyado por UNICEF y Visión Mundial que proporciona educación y servicios de apoyo y solidaridad en Aranyaprathet.

"¿Ve esa mesa de ahí?" pregunta. "Por la tarde, los agentes esperan en esa mesa. Se encuentran aquí con sus clientes y los llevan hasta los niños."

Estos niños son en su mayoría camboyanos y vietnamitas. O bien han escapado de la extrema pobreza de sus países de origen hacia la relativa prosperidad de Tailandia, o los traficantes los han llevado al otro lado de la frontera para ser explotados.

Caminamos dejando atrás un callejón nauseabundo donde por un par de dólares se pueden obtener “habitaciones por corto plazo” (nada más que cuadrados de tierra rodeados por tablas de madera mohosa) y niños por otro par.

Dos niñas pequeñas nos miran de soslayo. Sin la presentación de un agente no se atreverían a ofrecer sus servicios, pero el señor Kriangsak sabe que están disponibles.

La mayoría de las niñas y mujeres de este rincón del mercado trabajan en la industria del sexo, entre ellas algunas que, a modo de tapadera, venden ensalada de papaya mientras esperan a sus clientes. Una de ellas está en avanzado estado de gestación, pero sigue teniendo clientes.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Thailand/2006/Few
En este centro de acogida apoyado por UNICEF y Visión Mundial, los niños vulnerables del mercado de Aranyaprathet, en la frontera entre Tailandia y Camboya, pueden descansar y encontrar apoyo.
Servicios para las víctimas

"¿Qué clase de hombre paga para tener sexo con una mujer embarazada de seis meses?", pregunta Amanda Bissex, oficial de protección del menor de UNICEF. "¿Cómo es posible empezar a entender eso? Pero tenemos que obtener una imagen más clara de lo que está sucediendo en este sitio, para así poder ayudar a los niños de los que se está abusando o, mucho mejor, intervenir antes de que el abuso tenga lugar."

Una intervención que ya está en funcionamiento se trazó en el Memorando de Entendimiento sobre la Cooperación Bilateral para Eliminar la Trata de Niños y Mujeres y Ayudar a las Víctimas de la Trata.

Firmado por Tailandia y Camboya en 2003, después de extensas aportaciones de UNICEF, la aplicación del memorando ha resultado un reto. No obstante, ahora tienen lugar a ambos lados de la frontera reuniones periódicas entre funcionarios del gobierno y representantes de organizaciones no gubernamentales.

Esta coordinación significa que cuando se repatría a niños camboyanos que han sido objeto de abusos en Tailandia, hay más posibilidades de que estos niños obtengan los servicios de rehabilitación y protección que necesitan. Significa que están menos expuestos a terminar de nuevo en la misma situación que los llevó en primer lugar a cruzar la frontera y sufrir abusos.

Proteger a la siguiente generación

Acuerdos transfronterizos cómo éste están dado lugar a una mejor actuación policial y una mayor protección de quienes se encuentran en situación de riesgo.

Al mismo tiempo, la educación informal y una serie de proyectos de apoyo y solidaridad como el centro de Aranyaprathet, gestionado por UNICEF y Visión Mundial, están contribuyendo a romper el ciclo de la pobreza. Además de asignaturas básicas como lectura y matemáticas, el proyecto instruye a los niños y niñas del mercado sobre sus derechos, y sobre a dónde pueden acudir en busca de ayuda si son víctimas de abusos.

El centro de acogida no sólo ayuda a los niños a niñas a protegerse mejor a sí mismos, sino que también sirve para proteger a la siguiente generación, dado que unos progenitores que han recibido una educación mejor están más facultados para cuidar de sus hijos y protegerlos de los abusos que ellos mismos quizá hayan padecido. Esto es fundamental, dado que, como sucede a menudo en Aranyaprathet, incluso los niños que trabajan en la industria del sexo tienen a menudo hijos.


 

 

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