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Inmunización

La difteria

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La enfermedad:

La difteria, un azote mortal para la infancia del último siglo, casi se ha eliminado gracias a las vacunas. Apodada por los griegos difteria, o “piel de cuero”, la enfermedad se produce por la bacteria Corynebacterium diphtheriae, que ataca las vías respiratorias. La bacteria destruye el tejido orgánico, cubriendo la garganta con una membrana gruesa, de color gris, dificultando la respiración del niño o impidiéndole tragar. Si no se trata adecuadamente, la bacteria produce una toxina (veneno) que puede atacar el músculo del corazón o el sistema nervioso. En zonas tropicales también puede afectar a la piel y producir sarpullidos o úlceras.

La enfermedad se transmite con facilidad cuando una persona infectada tose o estornuda, enviando al aire gotitas con la bacteria que pueden penetrar en la nariz y garganta de los que se encuentren cerca. A menudo, la difteria se extiende con más rapidez entre quienes viven hacinados. Los meses de invierno son los más propicios. Recientemente ha habido epidemias de esta enfermedad en Rusia y en otros países de la Europa del Este, siendo algunos de los afectados personas adultas.

Síntomas:

Los síntomas suelen aparecer en el niño entre el segundo y el sexto día de haberse expuesto al virus. Los primeros síntomas a veces incluyen fiebre, dolor de garganta y de cabeza, e inflamación de las glándulas. Esto puede venir acompañado de dificultad para respirar y tragar y de vómitos.

Vacunación:

La vacuna de la difteria utiliza una toxina inactivada de la bacteria que impide al cuerpo neutralizar el veneno. Se les administra a los niños y niñas combinada con las vacunas del tétanos y de la tos ferina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que esta combinación triple de vacunas de difteria, tétanos y tos ferina (DTP) se administre sistemáticamente en las primeras seis, 10 y 14 semanas de vida del bebé. Sin embargo, puesto que esta triple vacuna no garantiza la inmunidad permanente, se recomiendan inyecciones de refuerzo cada 10 años. Asimismo, los que padecen la enfermedad tampoco tienen garantizada su inmunidad y por lo tanto deben vacunarse contra ella.

Objetivo:

Asegurar a nivel nacional antes de 2010 el 90% de vacunación sistemática en niños y niñas menores de un año, con una cobertura mínima del 80% en cada distrito o unidad administrativa equivalente.

Fuentes: CDC, la OMS