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Inmunización

La seguridad en la inyección

Dr. Edward Hoekstra, Asesor Principal sobre la salud, Sección de Sanidad

P: ¿Qué problemas plantean las inyecciones?

R: El primer riesgo para los niños es estar expuestos a enfermedades de transmisión sanguínea, especialmente a los virus de la hepatitis B (HBV), de la hepatitis C (HCV) y los de la inmunodeficiencia humana (VIH). La única manera para estar completamente a salvo es usar una aguja y una jeringuilla esterilizadas para cada niño. Un segundo riesgo es para la persona que administra la vacuna. Al cubrir la jeringuilla con la capucha pueden pincharse accidentalmente. En el pasado, el encapuchado se hacía para proteger al medio ambiente y a cualquiera que pueda tratar con los residuos. Hay estudios que muestran que más del 80% de aquellos que administran las inyecciones se hicieron al lo menos una herida de aguja durante el encapuchado, lo que origina graves consecuencias para los trabajadores sanitarios, sobre todo con la Hepatitis B, la Hepatitis C y el VIH. Por último, si las agujas y jeringuillas no se desechan correctamente, los niños pueden pisarlas o jugar con artículos infectados y exponerse a enfermedades de transmisión sanguínea.

 

P: ¿De qué manera los niños y niñas corren el riesgo de una enfermedad de transmisión sanguínea durante la vacunación?

R: Uno de los problemas que durante años hemos tenido con las inyecciones es que las vacunas se administraban a los niños con jeringuillas ya utilizadas para otros. Eran jeringuillas de cristal que podían ser desmontadas y volverse a usar algunas de sus partes. A veces se esterilizaban y otras no. Esto era especialmente problemático en zonas rurales donde a menudo las jeringuillas se limpiaban con agua tibia o con substancias contaminadas y los niños se exponían a enfermedades de transmisión sanguínea como la Hepatitis B, la Hepatitis C y también el VIH.

 

Las jeringuillas desechables también se volvían a usar; las agujas de acero podían ser reutilizadas hasta 100 veces. A menudo las jeringuillas simplemente se lavaban y se volvían a guardar. Otro riesgo añadido se producía cuando la misma jeringuilla se llenaba con inoculaciones que luego se utilizaban en una misma serie de inyecciones para varios niños. El problema es que una vez que se extrae del brazo de un niño la aguja, se crea un vacío y una pequeña cantidad de sangre se mete en la jeringuilla, lo que supone que el siguiente niño de la fila quede expuesto a cualquiera de las enfermedades que puedan tener los niños anteriores.

 

P: ¿Qué dimensiones tiene el problema de la inseguridad en la inyección?

R: El problema de las inyecciones inseguras es mayor que el de la vacunación. Sólo del 5% al 10% de las inyecciones son para vacunas, mientras que del 90% al 95% se usan con fines curativos. Es realmente asombroso cuántos médicos administran inyecciones de manera insegura. ¿Por qué los médicos vuelven a utilizar las jeringuillas? Es en parte ignorancia, pero también tiene que ver con el precio. Si los médicos trabajan en un país en el que el coste de las jeringuillas supone un considerable tanto por ciento de su salario, puede que traten de racionalizar usando la jeringuilla más de una vez. Pueden pensar, por ejemplo, que no corren riesgo utilizando la misma jeringuilla para dos hermanos o una pareja casada, ya que todos pertenecen a la misma familia. Generalmente la seguridad se vuelve un problema si el precio de la jeringuilla se acerca a los ingresos del médico – ahí es cuando entramos en un terreno turbio. Para el UNICEF, la seguridad en las inyecciones es una preocupación crucial. Después de todo, el propósito de proteger a los niños de la enfermedad quedaría anulado si no podemos garantizar que no les infectamos con otra durante la vacunación.

 

P: ¿Qué hace el UNICEF para garantizar la seguridad de las inyecciones de vacunación?

R: Básicamente, consideramos el problema y nos preguntamos, “¿Qué podemos hacer al respecto?” ¿Asegurarnos que a los médicos se les pague más? No va a ocurrir. ¿Bajar el precio de las jeringuillas? No es tan fácil como parece. Por el contrario, creemos que la respuesta sería administrar las inyecciones con un aparato retráctil que se auto-incapacite, que sea imposible volver a utilizar. En las jeringuillas auto-desechables, la aguja está pegada a la jeringuilla – no se puede desprender. Una vez que tiras del émbolo para absorber el fluido, se activa un mecanismo que hace imposible repetir esa operación de nuevo.

 

P: ¿Cómo pueden los países pobres costear estos nuevos dispositivos?

R: El precio de estas jeringuillas está bajando. Al principio, las jeringuillas tradicionales costaban unos 3 centavos y la jeringuilla auto-desechable (AD) 15 centavos. Esto suponía un problema para los países más pobres y potenciaba la re-utilización de jeringuillas. Ahora las jeringuillas AD cuestan menos de 6 centavos, y las jeringuillas tradicionales unos 4. Al no haber ahora tanta diferencia de precio, nuestro trabajo es mucho más fácil y menor la tentación de usar jeringuillas tradicionales. Si todos los países compraran jeringuillas AD se forzaría a un cambio en la producción.

 

La Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI) también ha puesto fondos a disposición de todos los 74 países en desarrollo que deseen comprar jeringuillas AD durante los próximos tres años. De este modo, esperamos que la mayoría de los países en estado crítico tengan ahora dinero suficiente para hacer el cambio. En este momento, el UNICEF suministra el 40% de las vacunas del mundo, y un 20% de éstas incluye jeringuillas AD y cajas de seguridad. Este porcentaje aumenta mensualmente. El empaquetamiento de estas vacunas con estos materiales tiene lugar en los mismos países.

 

P: ¿Qué resultados ha observado el UNICEF tras los esfuerzos por conseguir seguridad en las agujas?

R: El UNICEF empezó utilizando jeringuillas auto-desechables en 1998. En aquel momento, teníamos 50 millones de jeringuillas. En 2001 esa cifra había aumentado a 225 millones, y en 2002 a 375 millones. El UNICEF utilizó por primera vez de manera generalizada la jeringuilla AD durante la campaña del sarampión. Desde el año 2000 ninguna vacuna del sarampión se ha distribuido sin jeringuillas AD y cajas de seguridad. Hace años, los médicos se enfrentaban al riesgo de pinchazos accidentales de aguja cuando encapuchaban la jeringuilla después de la inyección. Ahora, arrojan la jeringuilla directamente a la caja, normalmente un contenedor de plástico o de cartón. Una vez que las cajas contienen 100 jeringuillas, son incineradas y enterrados los restos.

 

Como parte de estas campañas, construimos incineradores más eficaces para acomodar la gran cantidad de desperdicios que se crean en las campañas de vacunación masiva. Durante un corto periodo de siete días, llegamos hasta más del 95% de los niños de una población – eso supone más de 10 millones de niños en una semana. De un total de 70 millones de vacunaciones del sarampión en África a lo largo de los últimos dos años, todas se practicaron con jeringuillas AD y cajas de seguridad. La administración de residuos también estaba controlada y ayudamos a las comunidades a construir incineradores que ahora puede utilizar el sistema sanitario local.