Fact Sheet Expert Opinion First Person Photo Essay
UNICEF logo

Inmunización

La inmunización en Afganistán

next Doctor Agostino Paganini, Consejero jefe de la sección de salud del UNICEF

P: ¿Cómo respondió el UNICEF a la situación de emergencia en el Afganistán?

Paganini: Tras el 11 de septiembre (cuando se inició una intervención internacional para desalojar a los talibanes) el Afganistán fue foco de atención humanitaria y de una nueva voluntad política. El UNICEF pronto se dio cuenta de que lo más imperativo era mantener vivas a las personas mientras se establecía la seguridad y comenzaba la reconstrucción del país. Una de las estrategias – además de proveer de ropa, alimentos y acceso al agua potable – fue la de suministrar vacunas del sarampión a los niños y niñas. Llevamos a cabo una importantísima tarea de planificación con la Organización Mundial de la Salud (OMS), varias organizaciones no gubernamentales (ONG), las autoridades afganas en funciones y el Ministerio de salud pública del Afganistán (MOPH), para lanzar una campaña contra el sarampión; nuestro propósito era llegar hasta diez millones de niños de edades comprendidas entre los seis meses y los 12 años.

P: ¿Con qué obstáculos se enfrentó el personal del UNICEF en esta campaña?

Paganini: La seguridad y la accesibilidad son dos de los problemas del Afganistán. Después de dos décadas de lucha armada, además de terrenos minados hay montones de hombres con armas. También existen obstáculos geográficos y un gran número de personas desplazadas. Algunos niños viven en pueblos perdidos de las montañas a los que es difícil acceder porque el país carece de infraestructura de transporte También existen problemas relacionados con el machismo. Incluso ahora, muchas mujeres sienten recelo de moverse con libertad, así que tenemos que estar muy sensibilizados culturalmente.

P: ¿Cuál fue el alcance de esta operación y cómo la organizaron?

Paganini: Antes de esta campaña, tuvimos casi 1.000 personas involucradas en la inmunización en el Afganistán. Actualmente el número es mayor porque muchas ONG forman parte de la operación. Movilizamos una plantilla de casi 17.000 afganos. El plan era hacer la campaña en fases, moviéndonos de región a región. Terminamos nuestra campaña de vacunación en el invierno de 2002. Es precisamente en el invierno cuando las epidemias de sarampión son más serias.

P: ¿Por qué el UNICEF vacuna a niños y niñas mayores de cinco años?

Paganini: Hay que vacunar a los mayores de cinco años para proteger a los menores de esa edad. Nos hemos dado cuenta de que si vacunamos sólo a niños y niñas menores de cinco años, los que tienen edades comprendidas entre los cinco y 15 años siguen contrayendo el sarampión y manteniéndolo en los miembros de la comunidad, incluidos los menores de cinco años que corren el riesgo de morirse.

Casi el 80% de los que mueren del sarampión –es decir, 80 de cada 100 niños y niñas – corresponden al grupo de los menores de cinco años. En situaciones de emergencia complicadas, por encima del 30% de los niños y niñas pueden morir del sarampión. Esta cifra es enorme si se tiene en cuenta que una enfermedad tan extremadamente infecciosa como el ébola mata al 60 ó 70%.

P: ¿Qué va a ocurrir ahora que se ha alcanzado la meta?

Paganini: Durante esta campaña también pusimos en marcha servicios regulares de inmunización que evitasen en el futuro una acumulación excesiva de niños sin vacunar. Antes de la campaña teníamos informes de que la cobertura del sarampión en el Afganistán era de alrededor del 20 ó 30%, o incluso menor en algunas zonas. En ciertos lugares del Afganistán no se había llevado a cabo ninguna vacunación en los últimos 20 años. Una buena campaña que inmunice a más del 90% de los niños y niñas menores de 12 años significa que durante los próximos cuatro o cinco años no habrá sarampión. Luego llegará el momento de vacunar a la próxima generación que no ha sido inmunizada.

P: ¿Cuáles son los retos a largo plazo de esta campaña?

Paganini: En definitiva, todo dependerá de si la seguridad se normaliza, si los trabajadores de los servicios civiles cobran y si los donantes entregan el dinero que prometieron. En un país desestabilizado, se tiene una economía de guerra y otra de paz. Si el dinero en efectivo no llega a las comunidades, a los pueblos, si no se paga al personal sanitario, a los porteros y a los otros empleados de mantenimiento, estas personas trabajarán para los “señores de la guerra”.

P: ¿Qué otras regiones están en situaciones similares de emergencia?

Paganini: Por ahora, el Afganistán es el único país que ha recibido los recursos para proteger a la infancia del sarampión. La situación de la República Democrática del Congo es también obscena, con unas cifras de mortalidad totalmente inaceptables. En nuestro lenguaje, la mortalidad adquiere categoría de catástrofe cuando cada día muere más de una persona por cada 10.000. En la República Democrática del Congo tenemos ese indicador multiplicado por 10 y ha sido así a lo largo de los dos o tres últimos años.

Estas cifras son increíbles. Pero cuando decimos que necesitamos 350 millones de dólares para frenar esta mortalidad, lo que supone 10 dólares por cada congoleño, la gente se ríe de nosotros y dice: “Estáis locos”. Si hablamos de 350 millones de dólares es porque tenemos que llevar a cabo la vacunación del sarampión, el control del paludismo y el de la diarrea. Tenemos que conseguir antibióticos para las infecciones respiratorias, sin mencionar la enfermedad del sueño que ha regresado a Kinshasha. Hemos comenzado la vacunación del sarampión en la República del Congo pero no tenemos dinero para cubrir ni a la mitad de niños y niñas que lo necesitarían.

Una opinión experta: Inmunización en emergencias