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En la República Democrática del Congo, una nación devastada por el conflicto armado, por lo menos una de las batallas que se libran es motivo de esperanza. A mediados de agosto de 2000, este país dividido y desesperadamente pobre se unió en pro de la inmunización de su niñez contra la poliomielitis. Las labores de inmunización no sólo son de importancia fundamental para el país sino también para el resto del mundo, ya que la República Democrática del Congo continúa siendo uno de los últimos focos importantes del virus silvestre de la poliomielitis, que ataca a los niños y los discapacita de por vida.
En la República Democrática del Congo, donde la guerra entre las tropas del gobierno y los grupos rebeldes ha sumido en la miseria a millones de personas, el sistema sanitario está prácticamente colapsado. Mientras muchos congoleños han perdido la vida debido a la violencia, muchos más han muerto debido a las enfermedades. Los niños y niñas constituyen uno de los sectores de la población más castigados por las enfermedades, ya que como no son inmunizados de manera regular, quedan expuestos a muchas enfermedades prevenibles mediante la vacunación.
Pese a la guerra que mantienen en varios frentes las tropas del gobierno, diversas agrupaciones rebeldes, varios grupos de milicianos y efectivos militares de por lo menos seis países vecinos, en la República Democrática del Congo se llevan a cabo Días Nacionales de Inmunización. Debido a que todas las partes reconocen la necesidad urgente de proteger a los niños y niñas a uno y otro lado de las líneas de batalla, el gobierno y las fuerzas rebeldes se han esforzado por garantizar que los equipos de vacunación puedan recorrer el país para inmunizar a todos los menores de cinco años.
Se trata de un proceso impresionante y apabullante, ya que en el mismo participan unos 250.000 voluntarios cuya misión consiste en vacunar a unos 11 millones de niños y niñas. Los vacunadores no sólo deben localizar a los niños, sino que deben vacunarlos mientras los medicamentos aún estén refrigerados y mantengan su validez. Para lograrlo, emplean las cadenas de refrigeración, que consisten en series de postas de relevo equipadas con refrigeradores y cámaras de frío donde las vacunas se mantienen a la temperatura ideal y, por lo tanto, no pierden su potencia. Las vacunas son despachadas directamente por los productores al depósito central de Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo.
En la cámara de frío, las vacunas se mantienen a temperatura adecuada durante unos cinco días. Debido a que algunas aldeas de la República Democrática del Congo se encuentran muy distantes de los centros urbanos importantes y de los caminos transitables, los voluntarios deben invertir la mayor parte de esos cinco días solamente en trasladarse hasta sus destinos. Para ello apelan a medios de transporte diversos, como motocicletas, canoas y, en la mayoría de los casos, sus piernas. Las fuerzas rebeldes controlan la mayor parte del territorio congoleño y resulta muy peligroso transportar las vacunas a través de las líneas de batalla. Por ello, parte de las vacunas son enviadas por avión directamente a la ciudad de Goma, en la parte oriental del país, sobre la frontera con Rwanda. A pesar de todas esas dificultades, la República Democrática del Congo logró por fin lo que se considera un milagro de logística, la inmunización de casi 10 millones de niños y niñas menores de cinco años.
El último caso de poliomielitis en la República Democrática del Congo se registró en diciembre de 2000.