![]() |
| © UNICEF/ HQ98-0503/ Pirozzi |
| Un niño que padece desnutrición grave descansa su mano en la de su madre, en un centro de alimentación complementaria. Sierra Leona. |
El mundo alcanzó un hito histórico en materia de supervivencia infantil en 2007, cuando se calculó que la tasa de mortalidad de menores de cinco años había disminuido en un 27%, ya que mientras en 1990 había sido de 93 muertes por 1.000 nacidos vivos, en 2007 había bajado a 68 muertes por 1.000 nacidos vivos. Sin embargo, el mundo sigue perdiendo anualmente 9,2 millones de vidas jóvenes, lo que resulta inaceptable, especialmente si se tiene en cuenta que la mayoría de esas muertes son prevenibles. Además, el mundo no está bien encaminado con respecto al logro de la meta de reducir en dos tercios la tasa de mortalidad infantil para 2015, como lo requieren los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En algunos países en desarrollo la cifra es realmente escalofriante: más de uno de cada cinco menores de edad mueren antes de su quinto cumpleaños. Y muchos de los que sobreviven padecen problemas de crecimiento que les impiden desarrollarse plenamente. La mayoría de las muertes se deben a cinco únicas causas o a una combinación de ellas: infecciones agudas de las vías respiratorias, diarrea, sarampión, paludismo y desnutrición. La responsabilidad última radica en la pobreza y en la incapacidad de garantizar el acceso en todo el mundo a los servicios sociales básicos.
Las complicaciones durante el embarazo o el parto acaban con la vida de más de un millón de mujeres cada año (más de una mujer por minuto), y ocasionan a muchas otras discapacidades y lesiones.
En muchas partes del mundo, incluso en algunos de los países más pobres, se han logrado avances impresionantes con respecto al mejoramiento de las tasas de salud y supervivencia de los niños y niñas. Entre 1992 y 2006, la tasa mundial de mortalidad infantil se redujo en casi una cuarta parte.
Sin embargo, aún perduran obstáculos muy importantes que impiden asegurar que todos los niños y niñas tengan el mejor comienzo en la vida. La epidemia del VIH/SIDA ha alcanzado dimensiones catastróficas en diversas partes del mundo y ha dado al traste con los logros en materia de supervivencia y desarrollo infantil alcanzados con tanto esfuerzo a lo largo de décadas, sobre todo en África subsahariana.
En muchas partes del mundo se desarrollan conflictos armados en los que los niños y niñas mueren o sufren heridas y lesiones. Además, la pobreza crónica continúa constituyendo el obstáculo más grave para la vigencia del los derechos de los niños. Las tasas de mortalidad infantil y en la infancia más elevadas corresponden a países castigados por las guerras civiles, los gobiernos débiles y las inversiones insuficientes en los sistemas de salud pública y la infraestructura material. De manera similar, los estados más frágiles, que se caracterizan por tener instituciones débiles aquejadas de altos niveles de corrupción, inestabilidad política y garantías jurídicas limitadas, generalmente no cuentan con la capacidad de brindar servicios básicos a sus habitantes.
También persiste la desigualdad y la discriminación por razones de género. Mil millones de mujeres y niños y niñas no han participado del progreso en las últimas décadas debido a que son pobres. Existen marcadas desigualdades en materia de supervivencia infantil según se trate de niños más pobres o más ricos, y esas desigualdades no sólo separan a los niños y niñas de distintos países sino a los diversos sectores de la población infantil dentro de una misma nación. Los datos provenientes de países que disponen de ese tipo información indican que los niños y niñas de las familias pertenecientes al 20% más pobre de la población tienen muchas más probabilidades de morir antes de cumplir cinco años que los menores que pertenecen a la quinta parte más rica del mismo país.