HAR_graphic_sp
Languages
English
Français

ESARO Reportaje sobre Zimbabwe

© UNICEF Zimbabwe/2009/Singizi

Elizabeth Gomo, de 73 años, junto a 8 de sus 11 nietos, todos huérfanos por el SIDA. Aunque alrededor de 1,3 millones de niños de Zimbabwe son huérfanos, la mayoría están a cargo de la familia ampliada. Pero 100.000 sobreviven por su cuenta en hogares encabezados por niños.

UNA ALIANZA PARA PRESTAR APOYO A LOS HUÉRFANOS Y OTROS NIÑOS Y NIÑAS VULNERABLES EN ZIMBABWE

BINDURA, Zimbabwe,  2 de septiembre de 2009 – Elizabeth Gomo, una abuela de 73 años de edad, no puede darse el lujo de jubilarse. El día que la conocí, estaba literalmente cubierta de trabajo, desgranando una enorme carga de maíz y transportando bolsas de 25 kilos de ese cereal desde un galpón de almacenamiento hasta el sitio donde trabajaba. Se trata de una operación que la mujer ha ido perfeccionando con el correr del tiempo. Desde hace medio siglo se ha estado levantando la madrugada, criando a su familia y cultivando la tierra como trabajadora agrícola de la Granja Pimiento. La Sra. Gomo debería estar jubilada, al cuidado de su familia. Pero eso es imposible. La señora no puede dejar de trabajar porque sus 11 nietos huérfanos dependen de ella y sus ingresos.

La pesada carga que soporta la anciana matriarca se debe en gran medida al SIDA. La Abuela Gomo, como la conocen sus familiares y vecinos, ha enterrado a cuatro de sus hijos, que murieron en los últimos 10 años de enfermedades relacionadas con el SIDA. Al morir, dejaron una docena de niños y niñas huérfanos, de quienes tuvo que hacerse cargo la abuela. “No es fácil trabajar a mi edad, pero no tengo otra opción”, explica. “Amo a mis nietos. Ellos son todo lo que tengo, y yo soy lo único que tienen ellos. Cuando una tiene niños que cuidar no se puede dar el lujo de estar cansada”.

La nieta mayor es Norah, de 14 años de edad, y la menor Sarah, de apenas cuatro. La vida de la Abuela Gomo está marcada por episodios de enfermedad, pérdida y dolor. Es la historia de una mujer que vendió todo lo que poseía para que sus hijos e hijas recibieran tratamiento, de la desolación de una madre que una vez tras otra debió enterrar a sus hijos.

Su caso no es único. Se calcula que en Zimbabwe hay 1,3 millones de niños y niñas huérfanos. Aunque la mayoría vive en familias ampliadas, unos 100.000 sobreviven por su cuenta en familias encabezadas por menores de edad. La historia de la Abuela Gomo es similar a la de muchos otros abuelos y abuelas de un país donde una persistente pandemia de SIDA destruye la unidad de las familias, siembra pobreza y profundiza cada vez más la crisis de orfandad.

Debido a que en Zimbabwe mueren semanalmente más de 2.000 personas debido a causas relacionadas con el SIDA, y a que en los últimos años la esperanza de vida se ha desplomado de un promedio de 60 años a solamente 34, la crisis de la orfandad no tiene visos de terminar en un futuro inmediato. Las implicaciones de esa crisis son muy graves. Los niños huérfanos pueden verse obligados a dejar de estudiar. Otros no reciben buena atención de la salud. Y en su mayoría, se trata de niños y niñas gravemente traumados debido a que fueron testigos de la muerte de sus padres.

“En ese marco terrible, la buena noticia es que en Zimbabwe más del 90% de los niños huérfanos está al cuidado de sus familias ampliadas y vive en ámbitos comunitarios”, afirma el Dr. Peter Salama, Representante de UNICEF en Zimbabwe. “Debemos prestar más apoyo a esa manera eficaz y sostenible de cuidar a esos niños. Es imperativo que apuntalemos ese compromiso de la sociedad de Zimbabwe con la labor de las alianzas basadas en la comunidad que garanticen que ningún niño o niña sea ignorado o pasado por alto”.

Mediante el Plan Nacional de Acción sobre los huérfanos y niños vulnerables, UNICEF y el Ministerio de Trabajo y Bienestar Social han puesto en marcha un masivo Programa de apoyo conjunto orientado a mejorar la atención de la salud, la educación, la protección y la alimentación de los huérfanos y otros niños y niñas vulnerables de todo el país. La iniciativa es producto de una alianza innovadora y amplia en la que también participan otros organismos de las Naciones Unidas, dependencias gubernamentales, donantes, organizaciones no gubernamentales y comunidades locales. El Programa de Apoyo se implementa por medio de más de un grupo básico constituido por más de 30 ONG y 150 organizaciones comunitarias más pequeñas que prestan apoyo directo a los huérfanos en todos los distritos del país.

Por medio de esa alianza, UNICEF aumentó de manera notable sus actividades de apoyo durante 2009, ya que pudo prestar asistencia a 200.000 huérfanos y niños y niñas vulnerables. Ese apoyo abarca una amplia gama de actividades, como las de matriculación escolar, inscripción de los nacimientos, programas escolares de alimentación y mayor acceso a los exámenes médicos y a las instalaciones sanitarias. Los niños también reciben subsidios para el pago de la matrícula de estudios y uniformes y artículos escolares. Gracias al constante crecimiento de la alianza, se calcula que en 2010 más de 700.000 huérfanos y niños y niñas vulnerables recibirán ayuda educacional.

La Abuela Gomo es la primera en reconocer los beneficios que han tenido las alianzas basadas en la comunidad para sus nietos huérfanos. “Yo no podría hacer esto por mí sola”, explica. “Pese a que todavía tengo que trabajar mucho, me siento muy agradecida por la ayuda que recibo. Me siento agradecida porque mis nietos pueden pagar la matrícula escolar y tienen uniformes, porque ahora tienen certificados de nacimiento y porque reciben muchos conocimientos prácticos para la vida”.

“Esta excelente alianza puede marcar una diferencia importante en las vidas de muchos huérfanos”, añade el Dr. Salama. “Este programa demuestra fehacientemente que los esfuerzos conjuntos de los gobiernos, los donantes, las Naciones Unidas, la sociedad civil y las comunidades pueden ayudar a los niños y niñas vulnerables”.