HAR_graphic_sp
Languages
English
Français

ASIA Y EL PACÍFICO Reportaje sobre Pakistán

© UNICEF Pakistan/2009/Ramoneda

Una familia desplazada regresa a su hogar en la provincia de la Frontera Noroccidental afectada por el conflicto. UNICEF y sus asociados tratan de restablecer servicios básicos para 2 millones de personas que huyeron del conflicto.

LOS NIÑOS QUE PERMANECIERON EN LAS ZONAS DE CONFLICTOS ARMADOS NECESITAN APOYO URGENTEMENTE

MINGORA, DISTRITO DE SWAT, Pakistán, agosto de 2009 – En el Hospital Central de Mingora, que fue reabierto recientemente, Maryam se acurruca junto a su abuela Musakhel, una anciana de aspecto frágil.  Recientemente, Maryam vivió durante dos meses con sus abuelos y su padre en una aldea abandonada por el resto de sus pobladores, localizada en medio de una zona de intensos combates.

Maryam, que tiene 12 años pero parece mucho más joven, recuerda la odisea con el temor reflejado en el rostro: “Mi abuela no me dejaba salir de la vivienda porque temía que me devoraran los perros que habían invadido la aldea, donde no quedaba nadie más que mis abuelos, mi padre y yo”.

“Los bombardeos eran tan intensos alrededor de nuestra aldea que yo estaba segura de que íbamos a morir”, agrega la abuela de Maryam. “Todavía me resulta difícil creer que hayamos podido sobrevivir”.

Debido a que la mayor parte de la población de Swat huyó de ese distrito, la aldea en la que vivía la familia de Maryam fue invadida por perros salvajes, que finalmente fueron sacrificados por efectivos del ejército.

La madre de Maryam, Ghafoorzada, y los siete hermanos y hermanas de la niña regresaron recientemente a Mingora, su aldea de origen, de la que habían huido a fines de mayo, cuando el Gobierno les dio a los pobladores unas pocas horas para abandonar sus hogares.
“Dejar atrás a Maryam fue una decisión extremadamente difícil de tomar, pero no había otra solución”, explica Ghafoorzada. “Alguien tenía que quedarse y ayudar a mi marido a cuidar a sus padres, que están demasiado débiles y enfermos para irse de Swat, ya que se trata de una travesía difícil”.

La lucha por la supervivencia de los niños, niñas y mujeres afectados por el conflicto

Los pocos pobladores que permanecieron en sus aldeas vivieron días muy difíciles. En la mayoría de los casos, carecían de electricidad y agua corriente y todos vivieron durante dos largos meses bajo un estricto y permanente toque de queda. También sufrieron una grave escasez de alimentos y muchas familias lograron sobrevivir gracias a que habían acopiado comida antes de la intensificación del conflicto. En algunos casos suplementaron esos alimentos con vegetales que cultivaban ellos mismos, como espinacas y papas.

“Yo trepaba la pared medianera y saltaba a la casa de los vecinos para buscar huevos de su gallinero”, dice Maryam, aclarando de inmediato que antes de huir de la aldea los vecinos le dieron permiso para hacerlo.
“Mi padre”, agrega, “recogía hojas secas y trozos de madera para hacer fuego para cocinar, y yo tenía que buscar agua todos los días de una fuente que está bastante alejada de nuestro hogar”.

A la madre de Maryam se le llenan los ojos de lágrimas al escuchar el relato de la niña. “Mi hija ha perdido mucho peso. Cuando regresé, me resultó difícil reconocerla”, comenta Ghafoorzada. La mujer también recuerda que su suegra le contó que todos estaban muy asustados y que no podían conciliar el sueño por el temor que les provocaba el estruendo de los bombardeos.

El reencuentro de Ghafoorzada con su hija fue traumático. “Cuando Maryam me vio, se lanzó a mis brazos y me abrazó. Pero luego comenzó a preguntarme a los gritos “¿Por qué me nos abandonaste?” Y me golpeaba”.

La mayoría de las personas que permanecieron en las zonas de conflicto sufrió graves consecuencias físicas y psicosociales, especialmente los niños, niñas y mujeres. En las zonas afectadas desaparecieron los servicios de atención de la salud y más de 300 escuelas resultaron destruidas o dañadas. En el Valle del Swat, una tercera parte de las escuelas primarias de niñas quedaron totalmente destruidas.

La vida vuelve a la normalidad pero las familias necesitan paz y recursos para reconstruir sus vidas.
Las familias que habían huido de los enfrentamientos armados en los distritos de Swat y Buner comenzaron a regresar a sus hogares a partir del 13 julio, cuando el Gobierno anunció que los desplazados podían volver a ciertas zonas que habían sido declaradas seguras. Hasta la fecha, de los 2,5 millones de habitantes que huyeron de la región, 1,7 millones han vuelto a sus sitios de origen.

Muchas localidades que hasta hace menos de un mes eran auténticos pueblos fantasmas han comenzado a revivir a medida que empezaron a reabrir las tiendas, ha comenzado a verse gente en las calles y los trabajadores comienzan a cultivar los huertos y campos. También han regresado los funcionarios de gobierno y, con ayuda de UNICEF, se están restableciendo los servicios básicos y se ponen en marcha iniciativas de salud de alto grado de eficacia, como las campañas de vacunación. Reabierto, el Hospital Central de Mingora ya atiende unas 1.600 consultas diarias.

Tras una pausa de seis meses, Maryam ha vuelto a la escuela. “¡Me siento tan feliz de volver a ver a mi maestra y a algunas de mis compañeras!”, exclama. “Puedo volver a jugar con mis amigas, y ya hemos comenzado a estudiar juntas”.
Prácticamente todas las escuelas públicas de la región meridional de Swat volvieron a abrir sus puertas el 1 de agosto, aunque en muchas de ellas es necesario dictar clases al aire libre o en tiendas de campañas suministradas por UNICEF y el Gobierno del Pakistán.

UNICEF colabora con los gobiernos municipales y provinciales para lograr el retorno a clases de más niños, y especialmente de más niñas, así como para prevenir la deserción escolar. Por medio de la iniciativa “Bienvenidos a la escuela” se suministrarán elementos y materiales escolares a 532.000 niños y niñas y se tomarán diversas medidas orientadas a que los niños desplazados que han regresado tengan oportunidad de ir a la escuela, y de que aquellos que hasta ahora no habían recibido educación estructurada inicien sus estudios escolares. A tal fin se suministran ámbitos de aprendizaje provisionales, como tiendas de campaña y aulas prefabricadas, que serán aún más necesarias cuando comience a sentirse el intenso frío invernal que caracteriza a esta región.

A la experiencia mundial que aporta UNICEF a estas actividades se suman las posibilidades de acceso a las zonas inseguras con que cuenta el Gobierno del Pakistán, así como su conocimiento de la situación y de las condiciones en el terreno. En colaboración con el Departamento de Educación, UNICEF elabora un programa de capacitación docente con el propósito de que los niños y niñas como Maryam reciban en la escuela el apoyo y la orientación psicosocial que necesitan para ponerse al día en sus estudios tras meses de interrupción. Como parte de ese programa, los maestros y maestras recibirán capacitación sobre la educación sobre los peligros de las minas terrestres, la resolución pacífica de los conflictos y la educación para la paz.

UNICEF y sus aliados también trabajan en pro de la restauración de los servicios básicos de salud y educación y la rehabilitación de las escuelas, los centros sanitarios y los sistemas de suministro de agua y saneamiento y de prestación de servicios de protección de la infancia que hayan sido destruidos o hayan sufrido daños. A medida que el distrito de Swat se va pacificando, crece la demanda inmediata de servicios básicos y de apoyo a las labores de recuperación temprana, que sufren una aguda falta de fondos. Todavía queda mucho por hacer para garantizar que los niños y niñas que, como Maryam, tuvieron que permanecer en las zonas de conflicto —así como los que aún están desplazados y los que regresan a sus hogares— cuenten con los servicios que necesitan para recuperarse de las dolorosas consecuencias del conflicto armado.