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MENA Territorio Palestino Ocupado

© UNICEF/NYHQ2009-0061/El Baba

Una niña observa edificios destruidos por la incursión militar israelí en diciembre de 2008 y enero de 2009 en la Franja de Gaza. UNICEF y sus asociados han establecido centros de apoyo educativo y psicosocial para las familias afectadas.

UNA ALIANZA PARA LA CREACIÓN DE UN ESPACIO SEGURO PARA LA RECUPERACIÓN

GAZA, Territorio Palestino Ocupado, 9 de diciembre de 2009 – Para Rania al-Asi, madre de cinco hijos, los nueve meses transcurridos desde la operación militar israelí en territorio palestino han constituido un largo camino hacia la recuperación. La mujer dedica muchas horas a las sesiones de un grupo de apoyo psicosocial que se reúne en un centro familiar del campamento de refugiados de Al-Shati, en Gaza septentrional, que recibe apoyo de UNICEF. Al igual que los otros padres, madres y demás personas a cargo de niños, así como los niños, niñas y adolescentes, que acuden al centro en busca de ayuda para reconstruir sus vidas, Rania al-Asi también recibe consuelo y adquiere más fortaleza.

Entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de junio de 2009, Israel llevó a cabo una vasta operación militar en Gaza con el objetivo de poner fin a los ataques con cohetes que lanzaban los militantes contra la región meridional de Israel. Como resultado de esa operación, perdieron la vida 1.400 palestinos, entre ellos por lo menos 350 niños. La intervención militar también dejó un saldo de más de 5.000 habitantes de la región lesionados y heridos, de los cuales más de 1.600 eran niños. También murieron 13 israelíes. Los combates sembraron la devastación en varios puntos de la Franja de Gaza, una pequeña región densamente poblada por 1,5 millones de palestinos, más de la mitad de los cuales son niños y niñas.

 “Fue una experiencia horrible", afirma Rania en referencia a la operación militar de 22 días de duración. "Todas las noches nos acostábamos temiendo que no veríamos la luz del día. Mis hijos estaban aterrados y no cesaban de llorar. Una de mis hijas estaba tan horrorizada por el ruido de las explosiones que no pudo caminar durante dos semanas".

El centro familiar es el único establecimiento de esa índole que funciona en el campamento de refugiados de Al-Shati, que alberga a más de 170.000 personas. En el centro se ofrecen sesiones de apoyo psicosocial, clases de enseñanza escolar correctiva, actividades recreativas y otros servicios de protección en los que participan más de 100 personas a cargo de niños, en su mayoría mujeres, y más de 400 niños y niñas. UNICEF ha suministrado al centro materiales y elementos deportivos, musicales y recreativos, y una computadora. En alianza con una amplia gama de organismos y organizaciones, UNICEF se propone crear 20 centros familiares similares en Gaza.

“Estos centros satisfacen las necesidades de los refugiados en materia de protección y les brindan a los niños, niñas y personas que les cuidan el apoyo emocional y psicológico que requieren para reconstruir sus vidas", explica Reem Tarazi, Oficial de Protección de la Infancia de UNICEF. "Y lo que resulta aún más importante, teniendo en cuenta lo que estas personas han vivido, es que estos centros constituyen ámbitos donde pueden sentirse seguros y donde se protege su dignidad".

Rania afirma que el apoyo psicosocial que recibió en el centro le ayudó a controlar su depresión y le dio la confianza que necesitaba para mejorar la manera en que se relaciona con su comunidad y sus hijos. “Después de la guerra, mis hijos tenían un comportamiento más violento, resultaba más difícil controlarles y habían perdido interés en sus estudios escolares", explica Rania. “Aquí adquirí valiosos conocimientos y aptitudes para la crianza de mis hijos, lo que me ayuda a comunicarme con ellos y darles orientación. Ahora me siento mucho mejor preparada para la tarea de ser madre".

Hadeel, una niña de 15 años de edad que acude periódicamente al centro, dice que todavía sufre al recordar la violencia de la que fue testigo, y que con frecuencia le resulta difícil concentrarse en sus estudios escolares. "Vengo aquí todos los días para tomar clases de inglés, árabe y matemáticas", explica. "Aquí aprendo mucho más que en la escuela porque en este sitio hay calma, lo que me permite concentrarme más". Además de las actividades académicas, en el centro se ofrecen cursos de dibujo, redacción literaria y artes manuales. Hadeel comenta que en las escuelas no es posible realizar esas actividades porque no se dispone de los materiales necesarios.

Debido al bloqueo impuesto por Israel desde junio de 2007, que impide el ingreso a Gaza de todo lo que no sea la ayuda humanitaria más elemental, la población sufre escasez crónica de todos los productos básicos, incluso de los materiales escolares. El bloqueo también ha impedido la reconstrucción adecuada de las viviendas, las escuelas, los establecimientos sanitarios y los sistemas de agua y saneamiento ambiental. El sistema económico tradicional ha colapsado, la tasa de desempleo supera un 40% y ocho de cada 10 familias dependen de la ayuda alimentaria externa. El conflicto ha destruido gran parte de la capacidad agrícola de Gaza, donde el bloqueo israelí impide también el ingreso de semillas y otros artículos imprescindibles para la agricultura.

El personal del centro afirma que en los últimos veces se ha notado una profunda modificación del comportamiento de los niños. Hekmat Al-Masri, a cargo del programa de redacción literaria, comenta que los avances logrados son evidentes en la voluntad de los niños de expresar sus emociones y opiniones por escrito. "Los niños están orgullosos de lo que escriben, y más orgullosos aún cuando sus trabajos se publican", señala Al-Masri. “Es un proceso que les ayuda a recuperarse".

Entre los aliados que prestan servicios en los centros familiares figuran la filial sueca de Save the Children, el centro de desarrollo MAAN, el Instituto TAMER, la Asociación juvenil palestina por el liderazgo y la vigencia de los derechos, el Centro Palestino por la Democracia y la Resolución Pacífica de los Conflictos, el Centro Comunitario de Capacitación y la Organización para la Gestión de las Crisis.