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ASIA Y EL PACÍFICO Reportaje sobre Myanmar

© UNICEF Myanmar/2009/Linn

Residentes del poblado de Mawgyun en la División de Ayeyarwaddy esperan en sus botes jarras de barro para almacenar agua de UNICEF, en reemplazo de las que destruyó el ciclón Nargis en 2008.

UNA ALIANZA EN PRO DEL CAMBIO: El ALMACENAMIENTO DE AGUA POTABLE PARA LOS NIÑOS Y FAMILIAS DE MYANMAR AFECTADOS POR UN CICLÓN

ALDEA DE MA-BAY, AYEYARWADDY, Myanmar, 23 de septiembre de 2009 – Las varias hileras de grandes vasijas de cerámica esmaltada que transporta el bote de madera atracado a orillas del río Ma-Bay brillan bajo los intensos rayos del sol del mediodía. Al personal que está descargando a tierra esos valiosos recipientes se le suma un grupo de voluntarios que visten camisas y gorras azules. Los voluntarios han viajado unas cinco horas para llegar a esta apartada aldea del municipio de Mawlaminegyun, en la región de Ayeyarwaddy, que aún sufre los efectos del ciclón Nargis, a tiempo para recibir las vasijas de almacenamiento de agua.

Los pobladores locales celebran con gran algarabía la llegada de los voluntarios y de los recipientes. “Nos hemos reunido aquí para recibir estas vasijas”, afirma U Tin Soe, de 60 años de edad, que espera en fila a que le llamen los voluntarios de las camisetas azules para entregarle la suya. “Debido a que no teníamos manera de almacenar el agua, a veces tampoco teníamos agua. Aunque algunas organizaciones de ayuda suministran periódicamente agua a los pobladores de las orillas del río, desde que el ciclón Nargis se llevó todas nuestras pertenencias no hemos podido almacenarla en cantidades suficientes”.

Los voluntarios pertenecen a la ONG Nobles Voluntarios Compasivos, aliada de UNICEF, que suministra agua potable a las aldeas que en mayo de 2008 sufrieron los efectos del ciclón Nargis. Pese a que ha transcurrido más de un año desde ese desastre natural que afectó las vidas de 2,4 millones de personas, se calcula que 1,2 millones de pobladores aún necesitan ayuda humanitaria debido a que habitan en zonas distantes y apartadas y sufren penurias económicas.

Otro de los efectos del ciclón Nargis fue la destrucción de las tradicionales vasijas en las que las familias acopiaban agua de lluvia. Y debido a que esas familias perdieron casi todo lo que tenían, muy pocas tienen posibilidades de reemplazar esos recipientes.

Desde entonces, UNICEF ha suministrado unas 80.000 vasijas de arcilla, en su mayoría distribuidas por medio de la organización Nobles Voluntarios Compasivos en los municipios más afectados (Bogalay, Laputta y Mawlamyinegyun). Se calcula que hasta la fecha las labores de esa alianza han beneficiado a unas 25.000 familias en 227 aldeas damnificadas por el huracán.

El personal de Nobles Voluntarios Compasivos entrega cada vasija a la persona a cargo de cada familia después que esta presenta un trozo de bambú que la organización le había entregado previamente como prueba de identidad.

“Nuestras voluntarios pueden ayudar y llevar a cabo sus labores gracias a las alianzas que ha establecido nuestra organización”, explica U Maung Sein, fundador y presidente de la ONG. “Nuestra alianza con UNICEF nos ha permitido llegar hasta las regiones más distantes y apartadas y prestar ayuda a las comunidades afectadas”.

Aparte de distribuir las vasijas, los voluntarios colaboran con la construcción de nuevos estanques, actividad que forma parte de las labores más amplias de reconstrucción a las que brinda apoyo UNICEF. Uno de los sitios donde se llevan a cabo esas labores es Laputta, uno de los siete municipios más dañados por el desastre natural, donde las fuentes de agua quedaron totalmente destruidas o sufrieron daños parciales debido al ciclón y a las marejadas gigantes.

 “Para superar el enorme obstáculo que implica la prestación de servicios a los niños, niñas y familias en las zonas más apartadas y menos accesibles es necesario resolver problemas humanos, logísticos y financieros que difícilmente puede superar una sola organización”, señala U Nyunt Lwin, Especialista en las cuestiones relacionadas con el agua durante las situaciones de emergencia de la Oficina de UNICEF en Myanmar. “La única manera de ofrecer a las familias acceso al agua potable y el saneamiento de buena calidad a fin de prevenir la escasez de agua y los brotes de enfermedades es contando con aliados dinámicos, activos y firmemente comprometidos con esos objetivos”.