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ESARO Reportaje sobre Kenya

© UNICEF Kenya/2009

Un trabajador de salud sostiene el pie de un niño desnutrido, Abdi, de 2 años, en el hospital del distrito de Wajir, apoyado por UNICEF. Las malas cosechas, los precios de los alimentos y la sequía aumentan la desnutrición.

KENYA AZOTADA POR UNA SEQUÍA DE UNA GRAVEDAD DESCONOCIDA

DISTRITO DE KITUI, Kenya, 5 de septiembre de 2009 – En el Distrito de Kitui, en la región oriental de Kenya, los intensos rayos del sol del mediodía elevan la temperatura por encima de los 30 grados centígrados. A la distancia, semiocultos por los arbustos y los árboles deshojados, se ven reflejos provenientes de lo que parece ser estanques de agua.

En realidad, no son estanques, porque en esos sitios no hay agua. La cruel ironía es que esta tierra desértica engaña a sus pobladores hambrientos y sedientos con espejismos de distantes oasis resplandecientes. “Desde hace más de dos años”, informa Daniel Chepcher, Comisionado del Distrito de Kitui, “esta región no ha recibido una sola gota de lluvia, de manera que dependemos del agua del río. Pero para obtener agua del río hemos tenido que dragar profundamente el lecho”.

La esperada época de lluvias ha pasado sin que se registraran precipitaciones en Kenya, de manera que la mayoría de la población sufre una grave escasez de agua. Además, la vegetación está desapareciendo y cada día muere más ganado debido a la falta de alimento. “Por cuarta vez consecutiva hemos perdido la cosecha de maíz, en la que habíamos cifrado tantas esperanzas”, agrega el Sr. Chepcher. “Tenemos hambre, y no tenemos qué comer”.

Según el Departamento de Meteorología de Kenya, la sequía de 2009 es la peor que se haya registrado en el país desde 1996. Peor aun, el pronóstico es sobrecogedor, porque indica que la mayor parte del país continuará sin recibir lluvias. Debido al abrumador descenso de los niveles de los embalses y depósitos de agua, en todo el país se han instaurado medidas de racionamiento de la energía eléctrica.

Dado que unos 10 millones de habitantes de Kenya corren peligro de sufrir hambre e inanición como resultado de las magras cosechas, el gobierno ha declarado el estado de emergencia. Además, el aumento constante de los precios de los alimentos ha desencadenado una situación de inseguridad alimentaria crónica.

En los últimos meses, los habitantes de muchas partes del país han comenzado a sufrir los devastadores efectos de la desnutrición. Los hospitales del Distrito de Kitui, particularmente afectado por la sequía, reciben diariamente un número creciente de niños desnutridos. Mary Mwanthi, de 25 años de edad, recorrió 15 kilómetros a pie con su hijita de ocho meses en brazos para que la niña recibiera en un puesto sanitario de la región alimentos terapéuticos suministrados por UNICEF. La ficha médica de la lactante indica que pesa cuatro kilogramos menos de lo recomendado para una niña de su edad.

Mary tiene otros tres hijos menores de cinco años que dependen de ella para alimentarse. El rostro de la joven madre refleja una profunda desesperanza. “Antes tenía un pequeño huerto donde plantaba maíz y otras verduras, y con lo que cosechaba podía alimentar bastante bien a mi familia”, dice la mujer con los ojos llenos de lágrimas. “Pero esta larga sequía nos ha quitado todo. Mis hijos pierden peso y energía ante mis propios ojos, y me parte el corazón ver que se están muriendo de hambre. Me siento muy culpable”.

Otra consecuencia de la prolongada sequía en el Distrito de Kitui ha sido el aumento notable de la deserción escolar. Debido a que las escuelas carecen de medios para comprar los alimentos que necesitan para sus programas de almuerzos escolares, las autoridades de educación recomiendan que los alumnos se queden en sus casas. En el vecino Distrito de Mwingi, el programa de alimentación escolar sólo puede cubrir a 20.000 de los 96.000 niños y niñas que normalmente asisten a clases, lo que representa menos del 25% de los niños que deberían recibir alimentos en la escuela.