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TACRO feature story for Colombia

© UNICEF Colombia/2009

En el Departamento de Nariño, afectado por la pobreza y las inundaciones, Angela Gineth, de 9 años, regresó a la escuela gracias a los materiales ofrecidos por UNICEF y el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria.

UNA ALIANZA EN PRO DE LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LA CUENCA DEL RÍO MIRA

NARIÑO, Colombia, septiembre de 2009 - Era casi el mediodía y hacía más de una hora y media que recorríamos el camino que une la localidad de Tumaco con el Río Mira. Cuando llegamos al río, nos bajamos de los automóviles y nos montamos en una piragua estrecha y larga en la que también transportábamos varias cajas que contenían 300 mochilas escolares con los logotipos de UNICEF y Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), una organización no gubernamental de Colombia.

Quince minutos después llegamos a la escuela de Palo Seco, uno de los establecimientos de enseñanza rurales de Nariño, la región suroccidental de Colombia donde en febrero de 2009 la crecida del río Mira agravó aún más la situación de casi todas las familias de la región y de los niños y niñas que estudiaban en la escuela, quienes ya sufrían los prolongados efectos de la pobreza y el conflicto armado.

Cuando llegamos, unos 200 niños y niñas jugaban y descansaban en un patio ubicado frente a las dos aulas y una choza desvencijada en la que también se dictan clases. Aunque ninguno de ellos me conocía, los niños y niñas me saludaron con grandes sonrisas. De inmediato me puse a conversar con varios de ellos.

Jonathan, un alumno de cuarto grado de 13 años de edad, me dijo que en la escuela había más de 120 alumnos. “En mi clase”, explicó, “hay siete niñas y 20 niños. Algunos de los que estudiamos aquí tenemos que viajar todos los días en bote y en motocicleta para llegar a la escuela, o viceversa. Cuando crecieron las aguas del río, destruyeron la escuela a la que asistíamos. A esta escuela no le sucedió nada porque está más lejos del río, en un terreno más elevado. Por eso ahora estamos aquí”.

Juan Camilo, un estudiante de 12 años, me cuenta cómo se salvó de un deslizamiento de tierra. “El ‘vértigo’ llegó a la altura de los techos y casi se lleva la motocicleta de mi tío”, me explicó Juan. “También desmoronó la escuela de arriba. Yo vivo en un sitio que está lejos, como a siete kilómetros. Caminando rápido, se tarda una hora y media en llegar allí”.

Ángela Gineth está en tercer grado y tiene nueve años. La niña contó una historia muy similar a las de los demás niños. Pero la situación de las niñas suelen ser peor que la de los varones, porque cuando las familias no tienen suficiente dinero prefieren que los niños vayan a la escuela y que las niñas se queden en casa ayudando con las tareas domésticas.

La escasez de dinero, materiales de estudio y suministros escolares, así como el costo del transporte y de los uniformes, constituyen los principales obstáculos para que los niños y niñas de esta zona reciban educación de buena calidad. Al mismo tiempo, lo más probable es que los niños que abandonan sus estudios terminen reclutados por los grupos armados o trabajando en la producción de cocaína.

Por ese motivo, UNICEF ha establecido una alianza con el Ministerio de Educación y BBVA, cuyo objetivo consiste en brindar a la población los suministros necesarios para que los niños puedan seguir estudiando durante las situaciones de emergencia. Las mochilas escolares distribuidas por BBVA y UNICEF a los alumnos de la región contienen anotadores, lápices de colores, arcilla de moldear, tijeras, lápices y otros elementos escolares y de recreación. Los niños de la zona han perdido todo lo que tenían debido a las inundaciones, pero gracias a esta alianza pueden regresar a la escuela, reanudar sus lecciones y volver a hacer los deberes.

La alianza de UNICEF con el Ministerio de Educación y BBVA tiene como objetivo garantizar el derecho a la educación de los niños y niñas de Colombia afectados por las situaciones de emergencia.
“Esta es una de las experiencias más gratificantes que he tenido en mi vida de maestro, debido a la alegría que tienen estos niños”, afirmó Pedro Nel Quiñones, uno de los maestros de la escuela de Palo Seco. “¡Mire esas caras! ¡Están realmente felices! ¿Quién viene hasta aquí? ¡Nadie! Ustedes son los primeros que vienen por aquí. Ustedes les han devuelto la alegría. Esos niños y esas niñas están encantados”.