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ÁFRICA ORIENTAL Y MERIDIONAL ZIMBABWE: REPORTAJE

© UNICEF Zimbabwe/2008/Pirozzi

Una agente de salud mide la circunferencia del brazo de Melissa Jambo, de 6 años, durante un examen general realizado en la clínica Rujeko, en Dzivaresekwa, un suburbio de Harare. La niña sufre desnutrición grave y el alimento terapéutico Plumpy'nut le ayuda a recuperarse.

EL HAMBRE, LAS CARENCIAS Y LAS PÉRDIDAS SE CIERNEN SOBRE LA VIDA DE MELISSA JAMBO, DE SEIS AÑOS

Hace un año, Melissa Jambo perdió a su padre. Su madre está gravemente enferma y se ha trasladado a la aldea rural de la que provienen, dejándola al cargo de su hermana adolescente y de un familiar lejano. Juntos no pueden apenas costearse una comida decente -y mucho menos tres-, de modo que se contentan con comer pasta de maíz con sal como aderezo si pueden conseguirla.

Hace dos meses Melissa se puso enferma. Estaba tan escuálida que no podia ni caminar para llegar a la escuela. Pesaba 10 kilos, el peso medio de un bebé de nueve meses, casi la mitad de lo que debería pesar. "Quería ir a la escuela, jugar con mis amigos, pero no podía. Estaba tan débil. A todas horas tenía hambre, por la mañana, por la tarde, e incluso cuando me iba a dormir tenía hambre".

No es la única. La historia de Melissa se repite con una frecuencia alarmante -y cada vez mayor- en Zimbabwe, donde los niños y niñas quedan huérfanos por causa del SIDA, de la economía, del deterioro de los servicios sociales y de la inseguridad alimenticia creciente. En este país uno de cada cinco adultos viven con el VIH, uno de cada cuatro niños y niñas es huérfano, la inflación es de 11 millones por ciento, los estantes de los comercios están vacíos, más de 5 millones de personas precisan ayuda alimentaria, la desnutrición aumenta sin parar, la esperanza de vida está cayendo en picado y el sistema de bienestar social es casi inexistente.

Todos los días ingresan en la unidad pediátrica del hospital de Harare 15 bebés afectados de malnutrición grave.  Las cosechas desastrosas, la escasez de productos alimenticios básicos, el aumento de los precios de los alimentos (cuando los hay), la inflación descontrolada, la escasez cada vez mayor de las ayudas alimenticias y los casos de desnutrición en niños y niñas de entre 6 meses y 12 años, son hoy en día más pronunciados que nunca.

"Los niños y niñas de Zimbabwe no pueden permitirse vivir bajo la amenaza de la malnutrición grave, además de los enormes retos a los que ya se enfrentan cada día", dijo el Representante de UNICEF en Zimbabwe, Roeland Monasch. "No obstante, es una preocupación muy grave y muy real para las familias que tienen que luchar para alimentar a sus hijos e hijas".

Los niños y niñas son los más vulnerables a las deficiencias nutricionales y los primeros que sucumben cuando no hay suficiente comida en la casa. Los que padecen malnutrición grave tienen un 25 o un 50% más de probabilidades de morir si no reciben tratamiento.

Con el fin de detener la desnutrición y hacer que revierta por debajo de los niveles de emergencia, UNICEF presta su apoyo a 60 centros de alimentación terapéutica para los niños y niñas a quienes se les diagnostica desnutrición grave. En estos centros se pesa a los niños y niñas y se les mide la altura y la circunvalación del brazo. Algunos reciben una mezcla de leche, vitaminas y calcio conocida como F75, mientras que otros van a casa con suministros de Plumpy'nut, una pasta nutricional lista para consumir, suficientes para dos semanas.

Fue gracias a unos de esos centros, el de Dzivarasekwa, uno de los suburbios más poblados y más pobres de Zimbabwe, que se detectó el caso de Melissa cuando ya estaba al límite. Desde entonces ha ganado 3 kilos, puede caminar sola y ha regresado al colegio. "Ahora ya estoy fuerte y puedo ir a la escuela; estoy en forma". Y lo está. El desafío para UNICEF es llegar a los miles de niños y niñas en Zimbabwe que se hallan en una situación como la suya.

Conforme Zimbabwe se acerca al período entre cosechas, el peligro de una crisis de malnutrición no parece muy lejano aunque sí muy intimidante para los niños y niñas de ese país, que viven ya sumidos en una crisis humanitaria. Al igual que Melissa, la mayoría de los niños y niñas vulnerables ya están huérfanos debido al SIDA, algunos padecen desnutrición porque tienen SIDA y la mayoría carecen de acceso a una atención sanitaria de calidad, a una educación y a agua potable. En conjunto, los ciudadanos de este país que se hallan en una situación más desesperada -la infancia- están sufriendo como nunca antes.

"Los niños y niñas de Zimbabwe merecen algo más. Merecen poder ir a la escuela, beber agua limpia, tener acceso a un atención sanitaria de calidad e irse a la cama sin tener hambre", añadió el Sr. Monasch. "Sin ayuda humanitaria, la suerte de estos niños y niñas permanecerá en gran medida invariable".