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ÁFRICA ORIENTAL Y MERIDIONAL ZAMBIA: REPORTAJE

© UNICEF Zambia/2008/Shaw

La enfermera Wizi Chisanga frente a la puerta del recientemente renovado centro de salud Kanyama, en Lusaka, la capital. Las inundaciones provocaron brotes de cólera y paludismo que, junto a las interrupciones en la electricidad del centro, limitaron gravemente los servicios.

UNICEF CONVOCA, COORDINA Y CONTRIBUYE.
Y KANYAMA CONTINÚA.

Wizi Chisanga es una enfermera diplomada en el centro de salud Kanyama de Lusaka desde hace cinco años. Como profesional de la salud en uno de los países más pobres del mundo, ha vivido de todo: la pandemia de VIH y SIDA, el cólera, el paludismo y la disentería. No obstante, las inundaciones que asolaron Zambia en 2008 fueron extremas incluso para una profesional con su experiencia.

"Realmente era un obstáculo a nuestros servicios", recuerda. "Teníamos que trabajar a la luz de las velas, y eso nos causaba problemas graves. Dado que casi nunca teníamos electricidad, salvo durante una o dos horas al día, podíamos prestar muy pocos servicios sanitarios. La maternidad se cerró, a los pacientes con VIH les dimos suplementos adicionales de medicamentos antirretrovirales para que se los llevaran a casa, tuvimos que remitir a la mayoría de los clientes a centros de salud situados en otros lugares de la ciudad, y las vacunas corrían peligro de expirar debido a la falta de refrigeración. Incluso la morgue suponía un problema al no haber electricidad: los cadáveres empezaban a descomponerse".

No obstante, no sólo era el centro de salud de Kajama el que experimentaba dificultades. Dado que esta localidad acoge a más de 116.000 habitantes, muchos de los cuales tienen infraestructuras de agua y saneamiento precarias, la lluvia comenzó a llenar las numerosas letrinas y pozos superficiales, y el agua que afluía se mezcló con el agua utilizada para beber y lavar. Como resultado de ello, la diarrea comenzó a propagarse a toda velocidad, al igual que los primeros brotes de cólera. Durante la última temporada de lluvias registrada en Zambia, este complejo de Lusaka experimentó 321 casos de cólera. Once de ellos resultaron mortales. Y lo que es aún peor, la cantidad de mosquitos aumentó de forma desmedida haciendo que el índice de prevalencia del paludismo se multiplicara por dos. En contacto directo con estas enfermedades, la enfermera Chisanga temió por la salud de su propia familia. Por suerte, la ayuda no tardó en llegar.

En alianza con el Gobierno de la República de Zambia y la sociedad civil, UNICEF dedicó sus esfuerzos a ayudar a dominar la situación antes de que el entorno vital de la ciudad se volviera críticamente peligroso. Y conforme la situación iba deteriorándose, la oficina de UNICEF en Zambia colaboraba estrechamente con personal especializado en emergencias venido de UNICEF, encargándose de las adquisiciones, la coordinación y la supervisión.

La Representante de UNICEF en Zambia, Lotta Sylwander, reflexiona acerca de las emergencias acaecidas durante el primer y segundo trimestre de 2008, y habla de la magnitud del peligro potencial de esa situación. "Tanto nuestro personal como los aliados entendían que con un sistema de salud ya de por sí muy lastrado, junto con el empeoramiento de la situación debido a las inundaciones, se exacerbaba la posibilidad de que brotaran numerosas enfermedades epidémicas. Esto podía conducir a una cantidad importante de pérdidas de vidas en todo el complejo, en la ciudad, e incluso en el país. Afortunadamente, numerosas organizaciones, entre ellas UNICEF, colaboraron para mitigar esta emergencia tan compleja, poner freno a la propagación de las enfermedades y ayudar a las personas a recobrar la sensación de normalidad. De no haber intervenido, habría muerto mucha gente".

Aprovechando la capacidad de la organización para gestionar grandes cantidades de recursos y suministros de forma rápida, la oficina de UNICEF en Zambia adquirió lejía y mosquiteros tratados con insecticida para su distribución inmediata en zonas como Kanyama, y se dotaron recursos para ayudar a la ciudad de Lusaka a extraer el agua de las zonas inundadas. La oficina de UNICEF en Zambia desembolsó un total de 1.397.944,65 dólares para ayudar a las zonas de todo el país afectadas por las inundaciones. Además, el personal de emergencias visitante desempeñó un papel crítico en la coordinación de los múltiples organismos y organizaciones que cooperaban para aliviar la situación, lo que supuso una aportación muy importante a las labores de auxilio de las zonas afectadas por las inundaciones en todo el país. El resultado de todo ello fue que se logró disminuir en gran medida el impacto de las lluvias, se mitigaron los daños a largo plazo y se salvaron muchas vidas, gracias en gran parte tanto a la oficina de UNICEF en Zambia y a su rápida capacidad de reacción, como a UNICEF en su conjunto y a la enorme capacidad y experiencia que puede aportar en situaciones de emergencia.

Una vez que cesaron las lluvias y remitieron las inundaciones, los habitantes comenzaron a reconstruir sus vidas. "Sí, tardamos un par de meses en asentarnos, pero ya hemos vuelto a la normalidad ¡y estamos más ocupados que nunca!" declara la enfermera Chisanga, riéndose. "Desde que esto ocurrió se han producido muchos cambios, y nuestro centro ha recibido más suministros de mosquiteros tratados con insecticida, un generador, paneles solares, y se ha reconstruido el sistema de saneamiento. Este año estamos más preparados que nunca para las lluvias, ¡e incluso las estamos esperando!"