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ASIA Y EL PACÍFICO TIMOR-LESTE: REPORTAJE

© UNICEF Timor-Leste/2008/Leonardi

Una monja perteneciente a las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo junto a una motocicleta suministrada por UNICEF. La moto se utiliza para proporcionar un acceso puntual a los servicios, como por ejemplo los que reciben las niñas supervivientes

UN LUGAR DONDE BRINDAR AYUDA Y ESPERANZA A LOS NIÑOS Y NIÑAS QUE SON VÍCTIMAS DE LA EXPLOTACIÓN Y EL ABUSO SEXUAL

Timor-Leste puede resultar un lugar solitario para que los niños y las niñas crezcan: las familias numerosas, un entorno social turbulento y un sistema de prestaciones sociales precario significan que los más pequeños experimentan a menudo dificultades a la hora de encontrar el apoyo que precisan. Esto es especialmente notorio en lo que se refiere a los niños y niñas que sobreviven al maltrato, en especial el abuso y la explotación sexual.

Aunque las estadísticas oficiales son escasas, los informes de aliados de base indican que el abuso sexual constituye un problema de una magnitud desesperante en todo el país, en especial entre las jóvenes. En algunos casos, la pobreza de las aldeas remotas empuja a las familias a enviar a sus hijas -que en ocasiones no tienen más de diez años- a ciudades más grandes con el fin de que ganen dinero ejerciendo la prostitución. Cuanto más joven es la niña, mayor es la demanda y el precio. Muchas de estas niñas se quedan embarazadas, y se las envía de nuevo con sus familias para dar a luz. El recién nacido se queda con la familia o es enviado a un centro de acogida, y la niña se ve obligada a regresar a la prostitución. Los niños y niñas que se encuentran en situaciones como ésta, sin la protección de sus familias ni de los sistemas sociales, son especialmente vulnerables a sufrir más abusos sexuales y otras formas de violencia.

Consideremos como ejemplo el caso de María (nombre ficticio), de 14 años, que en 2006 fue violada de forma tan brutal por un chico de su clase que estuvo inconsciente dos días enteros. Cuando finalmente volvió en sí, fue sólo el inicio de un largo y dificultoso viaje, que comenzó con una caminata de dos días al centro de salud más cercano. El apoyo psicosocial y jurídico resultaron aún más difíciles de lograr; de hecho, el policía a quien María valientemente denunció lo que le había ocurrido la acusó de haber provocado a su agresor y le recomendó recurrir a los cauces habituales de la justicia. Este tipo de procedimientos tradicionales a menudo terminan en el matrimonio de la víctima con su agresor o en el pago de una pequeña sanción por parte de éste último, que normalmente nunca llega a la propia víctima.

Por suerte, María pudo encontrar apoyo en una pequeña congregación religiosa, las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, que regentan un refugio para las víctimas de agresiones sexuales donde le han brindado asesoramiento legal y le han dado la oportunidad de aprender cosas nuevas y de adquirir confianza en sí misma. El "Centro para la Esperanza", situado en un subdistrito remoto de Covalima, comenzó siendo un pequeño albergue concebido para dar respuesta a las necesidades, cada vez mayores, de las mujeres, los niños y las niñas en una cultura de violencia, vulnerabilidad, explotación y maltrato.

Con el apoyo de UNICEF, el Centro para la Esperanza ha logrado ampliar el alcance de sus intervenciones, actualizar sus instalaciones y prestar servicios a una mayor cantidad de niñas vulnerables. Las supervivientes participan en talleres de costura, cocina, agricultura y fabricación de velas, reciben asesoramiento y consejo legal y se las enseña a tener más confianza en sí mismas. Las actividades de concienciación y sensibilización a escala comunitaria han generado también un cambio en la actitud de la comunidad hacia estas víctimas: anteriormente se las marginaba debido a los prejuicios sociales, pero ahora, y cada vez más, se las incluye en actividades en las que participan otros jóvenes como, por ejemplo, partidos de voléibol. Además, el centro constituye un nexo de unión vital con servicios de remisión como el Oficial de protección del menor, creado recientemente a escala de distrito, y la Dependencia de protección de personas vulnerables de la policía. Asimismo, este centro lleva a cabo actividades orientadas a concienciar a las comunidades sobre los hechos y actos que son constitutivos de violencia y maltrato infantil, así como del derecho a la protección de los niños y niñas".

En Timor-Leste, el tratamiento violento y la explotación de los niños y niñas es un hecho generalmente aceptado, por lo que la modificación de estas normas sociales constituye el primer paso para erradicar el problema. La oficina de UNICEF en Timor-Leste trabaja para proteger a niñas como María a corto plazo, brindando su apoyo a organizaciones de ámbito comunitario como el Centro para la Esperanza, al tiempo que fortalece el entorno de protección para la infancia a largo plazo mediante la construcción de unos sistemas sociales de justicia y bienestar tanto a escala nacional como de distrito.

Desgraciadamente, dos años después María aún está luchando por que su caso prospere ante la justicia de Timor-Leste, una situación que pone de manifiesto los numerosos problemas a los que continúa enfrentándose la infancia en esta nueva nación.

El viaje de Maria está lejos de concluir. Pero al contrario que muchas jóvenes que se hallan en su misma posición, María puede albergar esperanza en un futuro mejor gracias al apoyo de UNICEF y a una pequeña congregación religiosa dedicada a la protección de la infancia.