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ORIENTE MEDIO Y ÁFRICA DEL NORTE SUDÁN: REPORTAJE

© UNICEF Sudan/2008/Heavens

Unos niños con folletos que advierten sobre el peligro de las minas terrestres en Doleib, en el estado del Alto Nilo, al sur de Sudán.

MINAS TERRESTRES: UN RECUERDO DE LA GUERRA CIVIL DEL SUDÁN QUE SE OLVIDA CON DEMASIADA FACILIDAD

Temene estaba jugando con sus dos primos pequeños cuando encontró aquella caja metálica tan interesante debajo de un montón de basura. La niña, de 10 años, se la llevó a su casa de Malakal, a orillas del Nilo Blanco, en el Sudán meridional, y trató de abrirla tirando de un asa que estaba adherida a lo que parecía ser la tapa.

La detonación le arrancó casi toda la mano derecha, le quemó la cara desde la barbilla hasta la frente y salpicó su cuerpo de fragmentos de metralla. Un asta de metal golpeó a su primo Emanuel, de cinco años, en la cabeza, y por cinco milímetros no le tocó el ojo izquierdo. Otro fragmento fue a parar al cuello de su otro primo, Habiba, de tres años, muy cerca del esófago. La hermana pequeña de los niños, Angelina, un bebé, que también se hallaba en la habitación en aquel momento, se quemó todo el brazo derecho.

Los funcionarios aún no están seguros de si aquella caja tan interesante era una granada o una mina terrestre de las antiguas, que se activan mediante algún tipo de fusible. Pero lo que sí es seguro es que se trataba de uno de los millones de objetos explosivos que aún yacen por todas las tierras de alrededor de Malakal y otras partes del Sudán meridional, todos ellos restos de las décadas de enfrentamiento que asolaron al país más grande de África.

En la actualidad, los equipos de limpieza de minas terrestres se están dispersando alrededor de Malakal y la región circundante del Alto Nilo, retirando cuidadosamente estos mortales explosivos uno por uno. Pero se trata de una tarea ingente. Mientras finalizan su trabajo, diversos grupos de asistencia, muchos de ellos financiados por UNICEF, emprenden una labor paralela. Se dirigen a las comunidades y a los niños y niñas del Sudán meridional para informarles de cómo pueden evitar lesionarse o morir por causa de las balas, misiles, obuses y minas que pueda haber cerca de sus hogares. Estos equipos de "educación sobre el peligro de las minas" se enfrentan también a una tarea de gran envergadura. La guerra civil más reciente librada entre el norte y el sur del Sudan finalizó en 2005 con el Acuerdo general de paz; pero tres años después aún hay campos completamente minados a tan sólo 15 minutos en coche del bullicioso centro de la ciudad de Malakal.

Puede que los que residen allí desde hace tiempo conozcan bien la existencia de los explosivos, que en ocasiones se encuentran a tan sólo escasos metros de sus casas. Pero Malakal, que es uno de lo principales lugares de tránsito para refugiados que regresan a sus hogares después de la guerra, está siempre lleno de recién llegados que no son conscientes de ese peligro. "Es uno de los principales problemas", dice Ahmed Masoud, jefe de proyectos de educación sobre el riesgo que representan las minas del grupo de asistencia Handicap International. "Miles de estas personas están llegando por oleadas a la ciudad después de pasar décadas en campamentos de refugiados de Kenya y Uganda", añade. "No saben nada sobre minas ni otros explosivos. Ni siquiera saben qué aspecto tiene una mina. Hay personas que llegan y construyen casas en zonas minadas, y he visto a algunos emplear un campo de minas como letrina". Handicap International cuenta con cuatro equipos de instructores que educan acerca de los peligros que representan las minas, y que abarcan los 12 condados del estado del Alto Nilo. En 2007 emplearon financiación procedente de UNICEF para llegar a más de 28.000 personas, muchos de ellos jóvenes y dirigentes religiosos, que recibieron instrucción para formar a otras personas de sus comunidades.

De regreso en Malakal, Temene y sus primos juegan alrededor de sus cabañas. Dos meses después de la explosión, sus heridas han comenzado a sanar, pero el recuerdo aún permanece muy vivo. La madre de Temene cuenta cómo la comunidad entera salió corriendo de sus casas al oír la explosión y tuvieron que ir detrás de los chicos, que habían huido de la casa familiar en estado de pánico absoluto.

Temene aún tiene que regresar al hospital cada pocas semanas. Ha recobrado el buen humor y tímidamente recibe a los visitantes tendiéndoles la mano izquierda en un complicado gesto. Desde que aquello ocurrió sabe por experiencia a qué tiene que prestar atención cuando sale a jugar en las proximidades de su casa.

"Pero un interrogante pesa ahora sobre la financiación de clases futuras para los nuevos niños y niñas que llegan a la región. La ayuda financiera para la educación sobre el peligro que representan las minas ha sido difícil de obtener", dice Yasmeen Abdallah, oficial de proyectos para la protección infantil de UNICEF en la región. "A los donantes les gusta ver resultados tangibles, como hospitales y escuelas que se construyen. Lo que tenemos que decirles es que las minas están matando a personas, que las están mutilando. Están impidiendo que viajen y que realicen labores agrícolas".

"¡Y hay minas por todas partes en el Sudán meridional".