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ORIENTE MEDIO Y ÁFRICA DEL NORTE TERRITORIO PALESTINO OCUPADO: REPORTAJE

© UNICEF OPT/2008

Benan Yusef, de 28 años, sostiene a su hija Aya. La niña nació en diciembre en un automóvil debido a que los guardias israelíes bloquearon su acceso a un hospital cercano. "Todo resulta más difícil para nosotros", dice Yusef.

 LA BARRERA EN LA RIBERA OCCIDENTAL ORIGINA TEMOR Y COMPLICACIONES DE SALUD A LAS MUJERES EMBARAZADAS

Las mujeres que viven en la aldea de Azzun 'Atma, en la Ribera Occidental, se encuentran a tan sólo unos pocos kilómetros de tres hospitales. Aun así, viven con miedo de no poder llegar a ellos cuando les llegue el momento de dar a luz. Entre esta aldea de 1.750 habitantes y los servicios de atención médica se interpone una verja eléctrica que operan soldados israelíes, y que de noche se cierra. Ni siquiera de día es seguro que se les permita el paso.

Hace seis meses, Benan Yusef se puso de parto de su segundo hijo justo antes del amanecer. Su esposo no estaba en casa, pues pasa las noches en Israel, donde trabaja en la construcción. De modo que llamó a su familia y, juntos, Yusef y sus parientes se dirigieron al hospital situado en la cercana Qalqilya. Cuando llegaron junto a la verja, los soldados parecían estar preparándose para su apertura a la hora acostumbrada, las cinco de la mañana. Habían descendido de la torre de vigilancia y habían alzado los espolones de metal que atraviesan la carretera por la noche. Sin embargo, fue imposible convencer a los soldados de que dejaran pasar a esta mujer de 28 años. Tumbada en el asiento trasero esperando a que la verja se abriera a la hora habitual, sentía como el bebé empujaba; su suegra le dijo que aguantara. Pero fue en vano: justo cuando el coche pasaba por delante del puesto de vigilancia, Yusef le dijo al conductor que se echara a un lado, y, asistida por su suegra, en la oscuridad, trajo al mundo a la pequeña Aya, un bebé de ojos claros. "Los soldados oyeron su voz", recuerda. "No teníamos nada con qué envolverla, así que la cubrí con mi chaqueta. Pero yo estaba toda empapada".

En Azzun 'Atma hay un médico ambulante que recibe a los pacientes dos veces por semana. Pero si en los días en que el médico no está los residentes tienen algo más que un resfriado o una enfermedad leve, deben viajar hasta Qalqilya para que les atiendan. El viaje a Qalquilya exige atravesar un puesto de control militar que forma parte del complejo sistema de muros de cemento, alambre de espino, rutas de patrullaje y torres de vigilancia que Israel está construyendo a lo largo de la Ribera Occidental. Esta barrera es necesaria por razones de seguridad, Israel afirma, pese a que un dictamen del Tribunal Internacional de Justicia de la Haya de 2004 declaró ilegal su recorrido.

Los residentes de Azzun 'Atma se cuentan entre los cerca de 10.000 palestinos que viven en las cinco zonas militares cercadas que ha originado la barrera de los territorios ocupados en la Ribera Occidental, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de la Asistencia Humanitaria. Sólo se permite entrar en la aldea a las personas que residen en Azzun 'Atma, o a los que cuentan con un permiso especial o van acompañados de vigilancia militar.

Para evitar tener que atravesar el puesto en una emergencia, la mitad de las mujeres embarazadas de la aldea abandona Azzun 'Atma antes de salir de cuentas. Los residentes dicen que ni siquiera una partera local sería capaz de ayudar si el bebé sufriera lesiones o en caso de producirse otras complicaciones. Las restricciones de movimiento afectan a docenas de mujeres. Entre enero y comienzos de junio de 2007 nacieron 33 bebés de madres de Azzun 'Atma. Veinte de ellos vinieron al mundo fuera del enclave; de los partos que tuvieron lugar en los hogares, ninguno fue atendido por una partera capacitada o un médico. En 2008 nacieron 24 bebés.

Incluso si el bebé nace en la aldea y viene al mundo en buen estado, las complicaciones pueden aparecer después. Yusef padeció dolores y una infección tras dar a luz en el asiento trasero del vehículo de su familia política. Una partera tradicional de la aldea más próxima la examinó y le cortó el cordón umbilical al bebé, pero la madre había sufrido lesiones. Días después le sobrevino una infección grave que precisó una intervención quirúrgica. Durante casi cinco años las mujeres de Azzun 'Atma han tenido que luchar contra este obstáculo que amenaza su salud. Hasta los viajes de carácter habitual resultan ya difíciles. Una encuesta provisional practicada por la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de la Asistencia Humanitaria y el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas revela que, debido a las dificultades, algo más del 3% de los residentes de las zonas cercadas, como Azzun 'Atma, están abandonando sus hogares para trasladarse a otras localidades.

UNICEF colabora con el Ministerio de Salud para llegar a los niños, niñas y madres de estas zonas remotas suministrando vacunas y suplementos vitamínicos y mejorando los mecanismos de supervisión infantil. Así todo, las mujeres sueñan con el día en que se levante el cerco a su aldea. "Es necesario que abran la verja [por la noche], aunque sólo sea para los casos de emergencia", dice Yusef.