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ASIA Y EL PACÍFICO MYANMAR: FEATURE STORY

© UNICEF Myanmar/2008/Thame

Una niña de 12 años que se vio obligada a dejar de estudiar para ayudar a su familia, participa en el programa de aprendizaje y educación ampliada y continua (EXCEL) que recibe apoyo de UNICEF con el fin de brindar educación básica y aptitudes prácticas.

UN PROGRAMA EXTRAESCOLAR OFRECE AYUDA, EDUCACIÓN Y ESPERANZA A LOS NIÑOS DE MYANMAR

Piensen en una niña que sabe si en su hogar no habrá suficiente comida sobre la mesa, que ha visto a sus padres enfermos porque no tenían dinero para pagar a un médico, y que se pasa los días lavando ropa, cuidando a su hermano menor, haciendo las pesadas labores del hogar y vendiendo hortalizas en las calles de su aldea. Parece un cuento triste, ¿no es verdad? Sin embargo, así transcurre la vida de una niña llamada Ma Eitar.

El nombre, Ma Eitar, es ficticio, pero la niña existe. Tiene 12 años y vive en la aldea de Bawga Bala, en la localidad de Kyimindine, a cinco minutos del río Haling. Se trata de una de las muchas niñas -y niños- de su aldea que no va a la escuela. A Eitar le encantaría ir caminando a la escuela y aprender, pero su madre necesita su ayuda en el hogar. Normalmente, Eitar habría estado condenada al analfabetismo y a un futuro lamentable. Debido a que su familia es pobre, la niña supo desde que era muy joven que debía trabajar para mantener su hogar.

Al igual que Eitar, muchos niños y niñas de su aldea se vieron obligados a dejar de estudiar para ayudar a sus familias debido a problemas financieros. Y su futuro fue incierto hasta que comenzaron a participar en el programa EXCEL (por las iniciales en inglés de Aprendizaje y Educación Ampliada y Continua), puesto en práctica por UNICEF y sus aliados con el objetivo de brindar a los niños y niñas vulnerables que no asisten a clases educación básica y las aptitudes prácticas que necesitarán en el futuro.

Para muchos niños y niñas de la región, el programa EXCEL constituye la primera oportunidad de lograr educación que se les ofrece. Debido a que las horas de enseñanza son flexibles, los alumnos tienen tiempo para estudiar y completar las tareas del hogar. En lugar de trabajar en el hogar durante todo el día, Eitar y sus compañeros pasan parte del tiempo en clases. "Me siento feliz de que mi madre me haya dado permiso para participar en este programa, que me permite continuar mis estudios", comenta Eitar con una sonrisa en el rostro.

"Debido a que vivimos una existencia nómada, me resultaba imposible mandar a mis tres hijos a la escuela", explica Daw Myint, la madre de Eitar, de 56 años de edad. "Todo mis hijos, incluso Eitar, tuvieron que dejar de estudiar después del cuarto o quinto grado debido a nuestros problemas. Nuestra familia tiene graves dificultades financieras porque mi marido es jornalero y yo vendo bocadillos en la escuela de la aldea. Con eso ganamos muy poco dinero. Ahora que mi hija Eitar comenzó a asistir a ese curso me siento muy aliviada. Creo que si recibe educación podrá progresar en la vida".

El programa de estudios de EXCEL no sólo hace posible que Eitar y los demás alumnos se pongan al día con sus estudios académicos sino que les ofrece capacitación práctica en materia de toma de decisiones, autoprotección y capacidad de comunicación para que confronten con éxito los obstáculos que les depara la vida. Los padres y madres, los maestros y maestras y los dirigentes tradicionales de la aldea apoyan el programa EXCEL. "No es fácil, pero me siento feliz porque creo que con este programa los niños y niñas adquirirán más confianza en ellos mismos, tomarán decisiones con conocimiento de causa y realizarán aportes positivos a sus comunidades", dice Kyaw Htay, de 29 años de edad, que participa activamente en el programa en la aldea. A pesar de los obstáculos que confrontan, los dedicados educadores juveniles visitan cada aldea tres veces por semana para ofrecer a los niños y niñas sesiones de EXCEL de dos horas de duración. Más de la mitad de los participantes de las clases, que generalmente se ofrecen por la tarde, son niñas, y la mayoría de los alumnos son niños que trabajan.

"Al terminar este programa, los niños y niñas pueden reanudar los estudios escolares si así lo permite la situación financiera de sus familias", afirma Than Than Mon, uno de los educadores, de 24 años de edad. "EXCEL es un puente a un futuro mejor para los niños y niñas más vulnerables y en situación de mayor desventaja".

"Creo que los conocimientos que estoy obteniendo me servirán para lograr un futuro mejor", afirma Eitar con los ojos llenos de esperanza. "Además, la atención, los cuidados y la ternura que recibo de mis educadores me llena de confianza. Antes de participar en este programa, el mundo me parecía un lugar aburrido, donde no había esperanza de futuro mejor. Pero ahora siento que acabo de comenzar una vida completamente nueva".

Y Eitar ya no extraña la campana de la escuela ni su uniforme escolar.