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ÁFRICA OCCIDENTAL Y CENTRAL REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO: REPORTAJE

© UNICEF DRCongo/2008/Harneis

Un niño juega con chapas de refresco sobre un tablero en BVES, un refugio y centro de reintegración para niños soldados desmovilizados que recibe apoyo de UNICEF, en Bukavu. No puede regresar a casa debido a la constante inseguridad que impera en la región.

"¡QUIERO VOLVER A CASA!" Fikiri, un antiguo niño soldado, sueña con una vida familiar

Tiene los músculos muy desarrollados para un niño de 17 años, lo que da fe de su pasado reciente y de los dos años de entrenamiento físico militar que practicaba asiduamente como miembro de las milicias de la región de Masisi, en el norte de Kivu.

Fikiri se apoya con la mano en la pared mientras relata su historia: "A menudo veía a los militares pasar por nuestra aldea. Llevaban unos uniformes muy bonitos y unas botas estupendas. Un día regresaron a nuestra aldea. Yo les seguí, junto con otros niños. Nos permitieron unirnos a ellos. No dejaban de decirme que me tratarían bien, que me darían buena ropa y que tendría muchas cosas para mí. Al poco tiempo, el jefe de nuestra unidad me eligió como su guardaespaldas. Yo era el responsable de velar por su seguridad y por sus pertenencias. Me gané el respeto de todos los otros soldados. Me dieron un uniforme nuevo muy bonito".

"Pero ¿sabes qué?", prosigue Fikiri, "no era nada fácil, sobre todo por la noche cuando llovía y hacía mucho frío. Ni siquiera podía dejar mi puesto. Si cometía el más mínimo acto de desobediencia me pegaban, me daban al menos diez bastonazos. Comencé a sentirme muy decepcionado: descubrí que la vida no era tan agradable para los que van de uniforme como pensábamos los niños. Al final, ya no podía soportar el modo en que me trataban. Me di cuenta de que lo que había estado experimentado no era la vida de verdad".

"Cuando sea mayor y me case y tenga hijos no dejaré que se marchen y se afilien a un grupo militar. Tendrán que quedarse conmigo e ir a la escuela", añade.

Tras varios días escondido, Fikiri se escapó y se dirigió al campamento de la Misión de las Naciones Unidas de la República Democrática del Congo. "Me acogieron y me remitieron al Concert d'actions pour jeunes et enfants défavorisés, o CAJED, una organización no gubernamental de ámbito local. En CAJED, a su vez, me remitieron al centro de tránsito y orientación de Goma". Allí, Fikiri se encontró con otros jóvenes que estaban en su misma situación: niños y niñas que habían pertenecido a milicias y grupos armados.

Desde 2002, se calcula que de un total de cerca de 33.000 menores de edad, aproximadamente 29.000 niños y niñas han sido liberados de su filiación a grupos armados gracias a los esfuerzos conjuntos de UNICEF, la Comisión Nacional de desarme, desmovilización, rehabilitación y reintegración, y otros aliados.

El día que ingresó en el centro CAJED de tránsito y orientación, había 76 niños y niñas esperando la reunificación con sus familias. "En condiciones normales", dice Fikiri, "habría permanecido en este centro tres meses, pero llevo ya seis. La situación en el lugar en que vive mi familia aún no es segura para que yo regrese".

"Es cierto que me siento muy feliz de estar en este centro de tránsito. En los seis meses que llevo aquí he aprendido a leer y a escribir, y también a cuidar un huerto". De hecho, Fikiri nos muestra con mucho orgullo su pequeño terruño, en el que comienzan a brotar algunos tomates y repollos.

A pesar de todo, Fikiri se muestra aún bastante preocupado. "Aquí en el centro de tránsito y orientación nos tratan bien. He hecho amigos; comemos, aprendemos y jugamos juntos. También duermo bastante bien, y nos han dado ropa nueva que ponernos. Pero la verdad es que quiero volver a casa. ¡Tengo muchas ganas de ver a mi familia!".

No puede decirse que sea mucho pedir por parte de un niño.