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ORIENTE MEDIO Y ÁFRICA DEL NORTE DJIBOUTI: REPORTAJE

© UNICEF Djibouti/2008/Habib

Jano Aden, con cinco de sus ocho hijos, en Moustiquaire, una barriada de tugurios cerca de Djibouti, la capital. Recientemente perdió a su marido debido a la tuberculosis y apenas puede costear dos comidas al día para sus hijos.

LA DESNUTRICIÓN GRAVE AFECTA A LOS NIÑOS Y NIÑAS DE LAS FAMILIAS DE PASTORES QUE RECIENTEMENTE SE HAN ASENTADO EN LOS BARRIOS DE TUGURIOS DE DJIBOUTI

Jano Aden, de 40 años y madre de ocho hijos, vive en Moustiquaire, en el barrio de tugurios de Hayableyes, situado a 6 kilómetros del centro de Djibouti, la capital. Al igual que muchas personas pobres y grupos vulnerables del barrio de Tugurios de Hayabley, la Sra. Jano vive en una pequeña chabola de 10m2 construida con restos improvisados de material de todo tipo. Y al igual que miles de familias que viven en condiciones similares, carece de acceso a agua potable y electricidad. "Moustiquaire, dice amargamente, es como el final de la carretera, donde se asientan aquellos que no saben adónde ir".

La Sra. Jano, su esposo y sus hijos vinieron de Etiopía en junio de 2006 cuando la familia perdió a su rebaño como resultado de una grave sequía. "Estaba embarazada del pequeño Gouled, mi último hijo. Es el único nacido en Djibouti", explica con una voz apenas audible.

La vida no es fácil para esta familia. En 2007 su esposo cayó enfermo y murió de tuberculosis, una enfermedad que, de haberla detectado a tiempo, podía haberse tratado con la medicación adecuada. Cuando finalmente decidió acudir al centro comunitario de salud de Hayabley ya estaba muy enfermo. Pasó varios meses sin prestar atención a los síntomas de la enfermedad y buscando trabajo en la ciudad para dar de comer a sus hijos. Es una de las miles de víctimas invisibles de la pobreza y el analfabetismo que todos los años mueren en los barrios de tugurios del Cuerno de África.

Los hijos mayores (un hijo y dos hijas, de 25, 22 y 20 años respectivamente) tienen que ir todos los días al centro de la ciudad y traer algo de dinero para que la familia sobreviva. Apenas pueden costearse dos comidas escasas al día, y mucho menos tres. Hace unos meses, Gouled, afectado de desnutrición grave -pesaba sólo 7,8 kg para 78,5 cm- fue admitido en el centro comunitario de salud de Hayabley para acogerse al programa de nutrición creado con apoyo de UNICEF.

La Sra. Jano le lleva al centro de salud una vez por semana, y regresa a casa con una ración de comida terapéutica (Plumpy'nut). El pequeño Gouled ya se siente mejor. El rostro de su madre se ilumina con una sonrisa al verle moverse y gritar en el interior de la pequeña chabola. En cinco semanas su peso ha aumentado a 9 kg., lo cual indica que se está recuperando. "Hace un mes Gouled no podía ni mover la cabeza. Es increíble. Plumpy'nut realmente es mágico", exclama la Sra. Jano.

El caso de Gouled fue detectado por uno de los 16 voluntarios y trabajadores comunitarios que colaboran con el programa de nutrición puesto en marcha por el centro comunitario de salud de Hayabley. El 80% de los voluntarios son mujeres. "Los trabajadores comunitarios sin duda han contribuido a la mejora del programa nacional de nutrición", afirma la Srta. Neima, la joven doctora que está a cargo del centro de salud. "Son miembros de la comunidad, saben cómo abordar y convencer a las familias y cómo explicarles los beneficios que sus hijos pueden derivar del programa de nutrición".

UNICEF está intentando recaudar fondos adicionales a fin de ampliar el alcance del programa de nutrición y así llegar a los 25.000 niños y niñas a los que nadie ve y que sufren de desnutrición grave en todo Djibouti. La tasa total de desnutrición aguda del país es de aproximadamente el 17% entre los niños y niñas menores de cinco años, alcanzando cotas del 25% en el nordeste.