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ÁFRICA OCCIDENTAL Y CENTRAL CONGO: REPORTAJE

© UNICEF CONGO/2008

Espoir, de 8 años, está sano de nuevo. Pasó cinco días en el centro de salud de Loudima recuperándose de un grave caso de cólera. Cuando regresó a la escuela, comunicó a sus compañeros algunas medidas simples de higiene para prevenir el cólera que había aprendido durante su recuperación.

ESPOIR, DE OCHO AÑOS, TUVO LA SUERTE DE SOBREVIVIR AL CÓLERA

Las abundantes lluvias registradas en 2008 hicieron que aumentara la incidencia de enfermedades transmitidas por el agua, con lo que una vez más el cólera volvió a aparecer en la zona noroccidental del Congo. La epidemia afectó a las localidades de Louteté y Loudima, situadas en el departamento de Bouenza. Desde febrero a abril de 2008 se han registrado 47 casos de cólera en Loudima y alrededores.

Moussitou Espoir, un niño de ocho años que vive con su padre en la aldea de Kingoma, a unos 20 kilómetros de Loudima, sobrevivió a la epidemia, y nos cuenta la historia de cómo enfermó. Todo comenzó con un acceso de diarrea y dolor de estómago en la mañana del 24 de abril, seguido de más diarrea y dolor de estómago durante el resto del día. "Tenía mucha diarrea, era una especie de agua blanquecina; estaba mareado y la cabeza me daba vueltas", cuenta Espoir.

Dos días antes, su padre, Moussitou Pascal, había tenido los mismos síntomas. Espoir supo después a través de una enfermera del hospital que se había contagiado de la enfermedad por medio del contacto permanente con su padre. Emplean los mismos utensilios y vasos para comer y beber, e incluso meten los dedos en el mismo plato dado que comparten las comidas.

El pequeño Espoir tuvo suerte. El vecino de su padre y amigo, que conduce un tractor, accedió a llevarles al hospital de Loudima después de una larga negociación con el propietario del tractor. Emprendieron el camino a las cuatro de la mañana con el fin de llegar al amanecer. "Tuvimos que parar tres o cuatro veces por el camino para poder evacuar", cuenta el niño.

Finalmente llegaron al centro integrado de salud de Loudima. "Me sentía muy cansado y seguía teniendo aire en el estómago, pero las primeras palabras de la enfermera (ahí las llaman auxiliares) me reconfortaron mucho", dice Espoir. "Me dijo que ya que había logrado llegar hasta ahí, no debía preocuparme más. Que me pondría bien pronto, y que ahí estaba seguro".

Tras diagnosticársele una deshidratación grave, inmediatamente, con ayuda de otros trabajadores sanitarios, se le administró un goteo. Los fluidos de rehidratación comenzaron a fluir, gota a gota, de la bolsa que colgaba por encima de su cama, a través de un pequeño tubo de plástico que acababa en una guía intravenosa cuya aguja le penetraba el brazo. Mientras, él intentaba beber tanto como fuera posible de una solución salina e ingería las pastillas que se le administraban por vía oral.

Al día siguiente los episodios de diarrea se fueron haciendo menos frecuentes hasta que finalmente desaparecieron. Espoir pudo hacer una comida normal. "Llegamos al hospital un viernes, temprano por la mañana, y nos marchamos el martes de la semana siguiente", nos cuenta.

Durante el tratamiento en el hospital, Espoir y su padre aprendieron una serie de medidas de higiene sencillas y eficaces para prevenir el cólera, tales como el lavado de las manos con jabón antes de cocinar y comer y después de defecar; asegurarse de que los alimentos están bien cocinados, tratar el agua para el consumo con lejía en una proporción de dos cucharadas y media por cada recipiente de 25 litros, y hervir y dejar enfriar el agua en el mismo recipiente, bien cerrado, antes de beberla.

Actualmente, nuestro pequeño superviviente del cólera se encuentra bien. Espoir sigue las pautas de higiene para la prevención del cólera que le enseñaron durante el tiempo que estuvo hospitalizado. "Regresé a la escuela y me dediqué a compartir estos principios básicos de higiene con mis compañeros y profesores, y con los vecinos de mi zona", dice Espoir con determinación.