har_2009_header_sp
Languages
English
Français
عربي

ÁFRICA OCCIDENTAL Y CENTRAL CHAD: REPORTAJE

© UNICEF Chad/2008/Walther

Mayanar, una refugiada sudanesa de 13 años, vive con su madre y su abuela en el campamento de refugiados de Djabal, en la zona oriental del Chad. Asiste a una escuela que recibe apoyo de UNICEF y quiere ser doctora y regresar al Sudán.

TRES MUJERES Y UN SUEÑO: LA EDUCACIÓN EN DJABAL

"Deseo la paz porque quiero continuar la escuela y poder convertirme en médico en mi país", dice Manayar, una joven de 13 años que ha estado viviendo en el campamento de refugiados de Djabal, al este del Chad, durante los últimos cuatro años.

Un día típico en la vida de Manayar comienza a las 4 de la madrugada en la escuela coránica. En casa, prende la lumbre para preparar el té y la boule, (un plato típico del Chad hecho con pan cocinado en salsa). Al tiempo que prepara la comida, Manayar despierta a sus dos hermanos más jóvenes y les prepara para ir a la escuela. Se toma un té rápidamente y después se dirige a toda prisa a la escuela del campamento, donde las clases comienzan a las 7 de la mañana.

Entre todos los alumnos limpian el patio de la escuela, y antes de comenzar las clases cantan el himno sudanés. El programa de estudios es sudanés, y entre las asignaturas hay matemáticas, educación medioambiental, geografía y árabe. Entre las 9 y las 10 todos regresan a casa para desayunar la boule. Al mediodía la primera parte del día de Manayar ha terminado y comienza la segunda. Después de una siesta corta (no hay almuerzo) va a obtener agua para su madre antes de ponerse a hacer sus deberes escolares. La segunda y última comida del día -la boule- se hace a las 6 de la tarde, tras lo cual acuden a la escuela coránica durante otra hora. El largo día bajo el sol del Chad toca a su fin a las 10 de la noche.

Durante las vacaciones de verano, en lugar de asistir a clase se dedican a trabajar en la parcela familiar y a buscar leña.

"No puedo imaginarme la vida sin ir a la escuela", dice Manayar moviendo enérgicamente la cabeza. "Me abre los ojos y la mente. La escuela es mi camino hacia el futuro". Su madre, Fatimé, y su abuela, Mariam, se unen a  nuestra conversación. La abuela de Manayar, que no sabe leer ni escribir, trabaja como partera en el campamento para la organización no gubernamental italiana Cooperazione Internazionale -o COOPI-, aliado de UNICEF, y la madre de Manayar la ayuda inscribiendo a los recién nacidos. 

Es un clan familiar asombroso, este que se halla ahora sentado bajo un árbol: la abuela, una partera capacitada, vela por la seguridad en los alumbramientos; la madre, parte que la nueva generación sudanesa que asistió a la escuela, culmina el proceso del alumbramiento, y, finalmente, la hija, que espera continuar su educación con el fin de hacer realidad su sueño de convertirse en médico algún día.

Gracias a UNICEF y sus aliados, durante la primera mitad de 2008 asistieron a la escuela más de 75.000 niños y niñas en edad escolar que viven en 12 campamentos de refugiados sudaneses, 15.000 niños y niñas desplazados internamente y 10.000 niños y niñas de comunidades de acogida próximas. El apoyo de UNICEF ha consistido en intervenciones como la mejora de las aulas y la distribución de material de aprendizaje y libros de texto para formar a los profesores y a las asociaciones de padres y profesores de las comunidades. Pero aún quedan desafíos.

Tanto el material escolar como las aulas son insuficientes, si bien casi todos los niños y niñas refugiados en edad de recibir una educación primaria van a la escuela. Los proyectos de UNICEF para la educación de refugiados adolecen de graves carencias de fondos. En 2007 se cubrieron el 66% de los fondos que se precisaban para proyectos educativos, mientras que en lo que llevamos de 2008 la cifra es de tan sólo el 56%.

En los campamentos de refugiados no hay posibilidades educativas después de la escuela primaria, debido a la falta de profesores y a la carencia de fondos para la educación secundaria. Después de examinarse de 8º curso en Djabal, Manayar planea regresar al Sudán a fin de proseguir su educación en Khartoum.

Los diplomas que se expiden en los campamentos de refugiados del Chad no están reconocidos por el Gobierno sudanés. Pese a que UNICEF y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados abogan insistentemente por el reconocimiento desde 2007, debido a las continuas tensiones entre el Chad y el Sudán no se ha producido ningún avance importante.

A Manayar le quedan cuatro años más hasta llegar al 8º curso, y UNICEF se ha comprometido a hacer posible que tanto ella como sus compañeros puedan hacer realidad sus sueños.