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ÁFRICA ORIENTAL Y MERIDIONAL ZIMBABWE: REPORTAJE

El sueño de Nomagugu tal vez se cumpla, después de todo

© UNICEF Zimbabwe

Nomagugu (a la derecha), de 19 años, con sus hermanos menores, en Bulilima-Mangwe, Zimbabwe. Nomagugu cuida de sus hermanos, de los dos hijos de su difunta hermana y de su madre, que tiene sida. El 25% de los niños zimbabuenses son huérfanos.

Cuando era niña, Nomagugu Ncube tenía un sueño. Un proyecto con el que la gente se viera moderna y favorecida. “Quería tener mi propio negocio; ser modista,” afirma Nomagugu. Lamentablemente, ha vivido dos años más que traumatizantes. Durante ese período ha estado cuidando de su madre, que es seropositiva, y ha asumido el papel de cabeza de familia para criar a sus cuatro hermanos pequeños. Es una carga ingente que se ha tornado sumamente dura, dado que también se ocupa de un niño de un año, uno de siete y otro de diez, todos huérfanos de su hermana fallecida.

El ser ‘una mamá’ para tantos, y a esa corta edad, es una lucha constante para Nomagugu, si bien está lejos de ser la única en Zimbabwe. Aquí, uno de cada cinco adultos es seropositivo, más de uno de cada cuatro niños es huérfano y 100.000 niños viven en hogares en los que un niño es jefe de familia.
 
“La presión que soportan los niños zimbabwenses es sofocante,” afirma el Representante de UNICEF en Zimbabwe, Dr. Festo Kavishe. “Las enfermedades relacionadas con el VIH se cobran la vida de 3.000 zimbabwenses todas las semanas, 1,6 millones de niños son huérfanos, y los elementos básicos que requiere una infancia saludable y feliz están cada día más lejos de su alcance.”

En medio de esta crisis, Zimbabwe se ve sacudida por las tensiones políticas y una economía que se ha reducido un 50 por ciento en los últimos cinco años. El país registra la inflación más alta del mundo, situada en un 7.300 por ciento, los precios se duplican cada semana, y el país acaba de declarar oficialmente el año 2007 como un ‘año de sequía’.

La combinación de todos estos factores podría resultar demasiado para Nomagugu. Y, sin embargo, cuando habla, se refiere con cariño a su ‘familia’ –aunque ahora son ocho los que dependen de ella – y de algún modo tiende a centrarse en su suerte y no en sus dificultades.

“Tengo mucha suerte,” afirma, pillándome desprevenido. “Bulilima es tan seco. Estaba acostumbrada a caminar durante largas horas para ir a buscar agua para lavar a mi madre enferma y a mis hermanos. No había sanitarios cercanos que mi madre pudiera utilizar, y mis hermanos dejaron de asistir a la escuela porque no teníamos los medios para pagar las cuotas escolares. Las cosas han cambiado. Tenemos un pozo cercano, disponemos de sanitarios en casa y, lo que es más importante, todos mis hermanos han vuelto a la escuela.”
 
Nomagugu y sus hermanos se benefician de un programa de abastecimiento de agua único en su especie, que provee a huérfanos y otros niños que se han vuelto vulnerables por el VIH/SIDA de agua y saneamiento. El proyecto está dirigido por UNICEF y trata de proporcionar agua potable e instalaciones de saneamiento a las comunidades rurales de Zimbabwe.
 
UNICEF en Zimbabwe llegará a 500.000 zimbabwenses con mejoras en las instalaciones de saneamiento, higiene y agua, y a otros 500.000 huérfanos y niños vulnerables con una nutrición mejorada, cuotas escolares y acceso a la educación. Con todo, es preciso hacer más. La madre de Nomagugu no tiene acceso a antirretrovirales, debido a la drástica escasez de los mismos – sólo el 4 por ciento de los 115.000 niños seropositivos del país reciben medicamentos que prolongan la vida. En general, las donaciones suponen una pequeña fracción de lo que  antes se destinaba a Zimbabwe, ya que el país recibe la ayuda más baja por persona que vive con el VIH, que asciende a 62 dólares, comparado con sus pares regionales, como Namibia, que recibe 664 dólares por persona.

Sin embargo, hoy en día, a los hogares más afectados por el VIH y con mayor número de huérfanos o niños vulnerables se les proporcionan letrinas, apoyo para la construcción de pozos y, como en el caso de Nomagugu, becas de educación.

Obviamente, ello no resuelve todos los problemas de Nomagugu. Sigue teniendo que luchar para mantener a sus hermanos y a su madre enferma, aunque es la primera en reconocer que su carga se ha aligerado.

“Gracias al agua y a las instalaciones de saneamiento puedo emplear mi tiempo haciendo otras cosas para mi familia. Imagínese, antes dedicaba seis horas al día sólo para ir a buscar agua. Hoy, mi madre está enferma, pero siempre está limpia. Mis hermanos gozan de mejor salud. E incluso he empezado a hacer un pequeño huerto de hortalizas para ganar algo de dinero,” explica Nomagugu.

Tal vez lleve adelante su negocio de modista, después de todo.

* Le total comprend un taux de recouvrement maximal de 7%. Le taux réel de recouvrement pour les contributions sera calculé conformément à la décision 2006/7 du Conseil d’administration du 9 juin 2006.