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ORIENTE MEDIO Y ÁFRICA DEL NORTE JORDANIA: REPORTAJE

Los niños iraquíes desplazados vuelven a las aulas en Jordania

© UNICEF Jordan

Ikhlas, una refugiada irakí de 13 años, vive en Ammán, Jordania. Gracias a una iniciativa gubernamental respaldada por UNICEF, los niños y niñas refugiados iraquíes, como Ikhlas, pueden ir a la escuela en Jordania.

Sentados en el suelo de una choza de dos dormitorios y paredes blancas recién pintadas, impolutas, en uno de los barrios adinerados de Jordania, cuesta creer que los siete integrantes de la familia Ikzaz que residen allí sobreviven gracias a la buena voluntad de una vecina, Um Jum’a, sin cuya ayuda la familia habría carecido de alimentos, vestimenta y cobijo.

Armash Ikzaz (nacido en Iraq y conocido como Abu Salem) y su familia viven actualmente en lo que solía ser un corral. “Saqué a los pollos y ofrecí este lugar a la familia Ikzaz,” explica la robusta Um Jum’a con una amplia sonrisa. Esta familia vivió en una tienda montada en la calle durante dos años.

“Si trabajo me deportan. Aunque tenemos la fortuna de que nuestros hijos pueden ir a la escuela, no tenemos suficiente dinero para comprarles los libros que necesitan,” comenta Armash Ikzaz, padre de cinco hijos. Lo único que tiene en el bolsillo es un documento de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, en el que consta que es un solicitante de asilo que reclama el estatuto de refugiado.

Abu Salem y su familia llevan viviendo en Jordania desde 2004, año en que huyeron de su país natal, Iraq, a resultas de la agitación política y la violencia constante.

Cuando nos sentamos en el suelo, cuatro niñas se apiñan alrededor de su madre, de 34 años de edad. El pequeño Salem, de siete años, se sienta aparte en una esquina, frotándose los ojos hinchados – su color rosa amarillento indica una alergia. Sus padres no pueden permitirse llevarle al médico o comprar medicamentos.

“Sí, me alegra ir de nuevo a la escuela,” dice Ikhlas, de 13 años de edad, quien perdió varios años de educación escolar, “pero me siento avergonzada ante mis compañeros porque no puedo comprar los libros,” añade la tímida niña de largos cabellos negros. En este país, la matrícula de los niños extranjeros en una escuela pública cuesta unos 70 dólares, y a eso hay que sumarle los 15 dólares que cuestan los libros. Los hijos de Abu Salem pudieron obtener algunos de los libros que necesitaban y pagar las tasas de matriculación únicamente gracias a la solidaridad de su vecina Um Jum’a, que recaudó fondos de otras familias para ayudar a sus inquilinos iraquíes.

UNICEF ha desempeñado un papel decisivo para que el Gobierno jordano decidiera permitir la matriculación en sus escuelas de niños iraquíes desplazados. En Jordania residen actualmente unos 750.000 iraquíes en esa situación, y el número de niños iraquíes que asistían hasta ahora a las escuelas jordanas era inferior a 20.000. UNICEF y sus aliados se proponen matricular este año a otros 50.000 niños iraquíes.

“Me quitaron los libros y me dijeron que me los devolverían cuando pudiera pagar,” cuenta Rana, de 12 años de edad. La herma mayor, Shifa’, dice que tiene tres libros pero que aún quedan muchos por comprar. No parece estar motivada y no saca buenas notas en la escuela.

UNICEF está ultimando con el Ministerio de Educación de Jordania una iniciativa destinada a suministrar libros de texto a los niños que no tengan acceso a ellos y ayudar a pagar las cuotas escolares a las familias que no puedan hacerlo. Sin embargo, por bienvenidos que sean, en las hacinadas aulas de las escuelas no hay suficiente espacio para la oleada de nuevos estudiantes. Por lo tanto, UNICEF brinda al Ministerio de Educación apoyo técnico que le ayude a alquilar instalaciones adicionales donde se puedan impartir clases y a poner en práctica un sistema escolar de doble turno. También brindará capacitación a los profesores para que puedan prestar apoyo psicosocial a los niños iraquíes.

Todas las mañanas, los niños de la familia Ikzaz se levantan de madrugada y van a pie hasta la escuela. Se trata de una caminata de 45 minutos. “La gente cree que, como vivimos en esta zona, somos ricos y deberíamos poder permitirnos el transporte público,” revela Shifa’. “Estamos profundamente preocupados porque en los próximos meses los niños tendrán que ir y volver de la escuela bajo lluvias torrenciales y con un frío que cala los huesos,” añade Um Jum’a.

Por ahora, la familia Ikzaz espera pacientemente que su situación mejore. Entretanto, el pequeño Salem se queda dormido. Ha abandonado la batalla con sus ojos.

* Le total comprend un taux de recouvrement maximal de 7%. Le taux réel de recouvrement pour les contributions sera calculé conformément à la décision 2006/7 du Conseil d’administration du 9 juin 2006.