har_header_sp_2008

ÁFRICA ORIENTAL Y MERIDIONAL ERITREA: REPORTAJE

Respondiendo a las necesidades básicas de las personas internamente desplazadas en las nuevas zonas de asentamiento

© UNICEF Eritrea/2007/Saegusa

Senay (izda, 10 años) y Lula (dcha, de 4) en su hogar improvisado en la región meridional de Debub. Su comunidad fue desplazada durante el conflicto fronterizo de 1998-2000 y han sido reinstalados en una zona que carece de servicios sociales suficientes.

A medida que las nubes azules y grises se arremolinan en el cielo, una ráfaga de viento helado barre el terreno, y la lluvia empieza a caer, primero un chubasco moderado, luego un verdadero torrente, haciendo que la tierra seca y agrietada se convierta en lodo herrumbroso. Tebereh, de 40 años de edad, coge a su hija de cuatro años, Lula, mientras se reajusta la correa que sujeta precariamente un bidón lleno de agua que lleva sobre su frágil espalda. Da con el codo a su hijo Senay, de siete años, para que acelere el paso, ya que sólo han recorrido la mitad del camino que asciende a las colinas para llegar a su casa, en la aldea de Lahyo. Tebereh hace una mueca cuando se levanta la neblina, preocupada por los otros cinco hijos que ha dejado en casa, en especial por su hijo menor, quien ha estado enfermo durante los últimos días. “Tiene fiebre y no come desde hace unos días,” dice Tebereh buscando la montaña.

La lluvia no dura mucho, y al cabo de una hora Tebereh y sus hijos llegan a la meseta de Lahyo, en la región meridional de Debub, a una altitud de 2.400 m sobre un escarpe que da a la frontera. La comunidad de Tebereh, al igual que otras comunidades cerca de Lahyo, fue desplazada durante el conflicto fronterizo de 1998-2000 y reasentada en febrero de 2006 para permitir que las familias empezaran a rehacer sus vidas.

Mientras esperan a que se construya el nuevo sistema de agua, las familias recorren un trayecto de tres horas hasta el río, al pie de la colina, para buscar agua. Como sucede en la mayoría de las zonas rurales de Eritrea, en particular en aquéllas montañosas y de difícil acceso, la escasez de agua tiene graves consecuencias en la salud de los niños. Las infecciones respiratorias y la diarrea, que llevan a la deshidratación y a la desnutrición, son comunes entre los niños.

“Estamos preparando la puesta en marcha, dentro de muy poco, de un programa de alimentación suplementaria para poder satisfacer las necesidades nutricionales de los niños desnutridos,” dice Abraham, un enfermero que trabaja en el puesto de salud de Lahyo, de reciente apertura. UNICEF ha apoyado al puesto de salud con vacunas, medicamentos esenciales y un sistema solar que permite mantener la cadena de frío. La apertura de un puesto de salud en la aldea, acercando así la atención de la salud a familias y niños, ha aumentado en gran medida la posibilidad de solicitar ayuda cuando un niño está enfermo. Antes, las familias de Lahyo solían caminar 20 km hasta el puesto sanitario más cercano, en Forto, o 30 km hasta el hospital de Senafe, para los casos más complicados.

Tebereh está criando a sus hijos sin ayuda de nadie, algo que ocurre con mucha frecuencia en Eritrea, donde el 47 por ciento de los hogares están encabezados por una mujer. Caminar largas distancias para llegar a una instalación sanitaria, mientras dejan al resto de sus hijos solos en casa, es para muchas mujeres el último recurso, y los niños a menudo pierden la oportunidad de recibir tratamiento.

Para alimentar a su familia, Tebereh se ocupa de una pequeña parcela en la que cultiva garbanzos. La sequía, las lluvias imprevistas y la enfermedad de las plantas del año anterior tan sólo le han permitido obtener una cosecha y unos ingresos modestos. “Da mucho trabajo, y tengo que dejar a mis hijos en casa, aunque los mayores pueden al menos ir a la escuela mientras estoy trabajando,” dice Tebereh.

Con el apoyo de UNICEF, los niños de primaria de 12 comunidades de Lahyo y alrededores pueden ir a la escuela. En Lahyo, UNICEF ayudó en la construcción de aulas provisionales para que todos los niños en edad escolar pudieran asistir a la escuela.

Se estima que, con el apoyo de un programa conjunto de las Naciones Unidas y otros aliados, el Gobierno pudo reasentar a más de 40.000 personas internamente desplazadas en 2006 y 2007, mientras que cerca de 13.000 permanecen en campamentos. Al igual que Tebereh y su familia, muchas familias retornadas o reasentadas aún viven en condiciones precarias, y los servicios sociales básicos en las comunidades de acogida, incluidas las fuentes de agua y la atención de la salud, están al límite de sus posibilidades.

UNICEF ha estado respondiendo a las necesidades básicas de la población internamente desplazada en las nuevas zonas de reasentamiento, proporcionando agua potable mediante la construcción y rehabilitación de sistemas de suministro de agua; construyendo escuelas temporales y suministrando material escolar; y distribuyendo productos no alimentarios y kits sanitarios de emergencia.

Además, las minas y los artefactos no explosionados siguen siendo una amenaza silenciosa tanto para las comunidades internamente desplazadas como para las comunidades vecinas. Los niños son víctimas de más de la mitad de los incidentes de minas que suceden en el país. A través de un programa apoyado por UNICEF en las dos regiones de reasentamiento de desplazados internos, Debub y Gash Barka, más de 17.500 personas (incluidos más de 10.000 niños) recibieron de la Autoridad de Desminado de Eritrea educación en materia de riesgo de minas durante el primer semestre de 2007.