Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Un salvavidas para el pequeño Banza en la provincia de Kananga, República Democrática del Congo

Era julio, Mukalayi Banza volvía de su granja al final del día y vio una escena horrible cuando se acercaba a su pequeña aldea, Kincha, en el norte de la provincia de Katanga. Los fuertes gritos y gemidos de la gente le llegaban cuando estaba aproximadamente a medio kilómetro. Nadie pudo explicarle exactamente que había pasado, absortos como estaban en salvar lo que podían de las ruinas. Todas las casas estaban en llamas y la gente yacía tirada en el suelo. Corrió a su casa para encontrarse con su familia, casi todos sus miembros yacían muertos, su mujer y tres de sus hijos. Únicamente su hijo menor, de sólo cuatro meses, había sobrevivido a la masacre.

Cuando Mukalayi dejó su casa aquella mañana para ir a su granja nada indicaba que algo así fuera a ocurrir. Durante meses y meses, la aldea de Kincha se había visto atormentada por las secuelas del conflicto entre varias facciones y las fuerzas armadas nacionales que trataban de erradicar a la milicia. Los hombres de uniforme y los rebeldes maï-maï a menudo iban en busca de comida y acosaban a los aldeanos. Indefensos, él y los demás aldeanos miraban cómo estos hombres robaban, violaban y cometían actos de violencia contra sus mujeres y sus hijos. No sabían cómo remedir esta situación, y los perpetradores continuaban adelante con una impunidad descarada.

Mukalayi sintió un peligro inminente, agarró a su hijo y se dirigió al bosque para escapar. Permaneció en el bosque durante seis meses. “Me es difícil explicarles lo que comimos. Nuestro mayor aporte provenía de la mandioca que cogí de las granjas abandonadas. Convertía la comida en un puré que le daba a mi hijo. Arrancaba pequeñas plantas salvajes y completaba nuestra comida con insectos. No había agua potable, a veces bebíamos  agua de manantiales, pero a menudo usábamos el agua del río,” nos confía.

“Era una dieta impuesta, pobre en proteínas y vitaminas, y para nada apropiada para las necesidades de un bebé. Contribuyó a deteriorar la salud de todos los niños. Las condiciones eran muy malas: sin donde refugiarse, con frío. No podía proporcionarle suficientes cuidados a mi hijo. Estaba expuesto a todo tipo de enfermedades. Vivíamos con un temor permanente.”

Un día Mukalayi conoció a un grupo de desplazados que le convencieron de que fuera a Mitwaba. Habían oído que allí se podía acceder a ayuda humanitaria. Llegó a Mitwaba, donde decenas de miles de personas ya se habían congregado, en mayo de 2006. Debido al mal estado de salud de su hijo le dirigieron inmediatamente al centro de nutrición terapéutica gestionado por Acción contra el Hambre, ONG apoyada por UNICEF, que proporciona cuidados intensivos a niños gravemente desnutridos. UNICEF suministra las medicinas, en especial leche enriquecida, mantas, jabón y otros artículos.

Con 12 meses Banza a penas pesaba 3,1 kg. “El niño llegó en un estado crítico. No podía comer ni moverse, y claramente sufría. Lo examinamos de forma inmediata para comprobar su estado de deshidratación y proporcionarle los cuidados y la alimentación que requería para los cuatro primeros días.” 
Tres semanas más tarde, la salud de Banza empezó a mejorar. Todavía está en cuidados intensivos para asegurar que su pequeño cuerpo es capaz de superar infecciones y, más importante aún, que recupera el apetito, de manera que se puedan incorporar gradualmente alimentos complementarios a su dieta. El pequeño Banza ni siquiera puede gatear, pero es capaz de sonreír de nuevo y reconoce a su padre y a los que le rodean. Cada día muestra nuevos signos de una lenta pero segura mejoría. Su vida ya no corre peligro.

Banza tiene suerte, muchos otros niños no han sobrevivido a sus prolongadas estancias en los bosques. Ahora, con las negociaciones entre el gobierno y las milicias maï-maï, cada vez más desplazados están encaminándose a Mitwaba en busca de alguna ayuda. UNICEF proporciona utensilios de cocina, mantas, bidones, jabón, toldos de plástico, etc. Esta ayuda es esencial antes de que finalmente regresen a sus aldeas de origen. Desde enero de 2005, UNICEF ha ayudado mensualmente a unos 120.000 desplazados en la República Democrática del Congo.

© UNICEF DRC/Pirozzi

Víctimas de la violencia sexual que reciben tratamiento médico y quirúrgico, así como asesoramiento en el Hospital Doctors on Call for Service (DOCS) en Goma, República Democrática del Congo.