Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

SRI LANKA

El suministro de alimentos empieza a escasear en Jaffna

JAFFNA, 22 de octubre de 2006 - La península de Jaffna en Sri Lanka ya ha vivido décadas de conflictos.  Ahora su población de 600.000 personas está sufriendo los efectos del reciente recrudecimiento de los combates entre los Tigres de Liberación de Tamil Eelam y las fuerzas gubernamentales. 

Aparte del sonido de los bombardeos ocasionales en la distancia, las calles de la ciudad de Jaffna están tranquilas: hay pocos vehículos motorizados en las calles, debido a la escasez de combustible, y las bicicletas se han convertido en las reinas.  La falta de seguridad hace que a penas unos pocos negocios funcionen. Mucha gente no tiene trabajo, y el transporte para llegar hasta Jaffna actualmente está limitado al aéreo y marítimo.

En la ciudad, se forman colas aquí y allí ante las tiendas de comida. Aunque el gobierno sigue enviando suministros por barco y ha establecido un sistema de racionamiento, casi todo el mundo habla de escasez de harina, arroz, azúcar y lentejas. En el mercado negro un kilo de azúcar cuesta ahora 400 rupias y un litro de gasolina, 500 rupias, unas cuatro veces sus precios habituales.

Hay más de 50.000 desplazados en la península. La mayoría se han hospedado en casas de familiares o amigos.  Otros se han reunido en lugares designados como centros de alojamiento temporal.

En la ciudad de Jaffna, más de 1.000 personas viven en los terrenos de la iglesia de Nuestra Señora del Refugio. Alrededor de la gran iglesia blanca, las mujeres se sientan sobre el suelo arenoso mientras conversan y se trenzan el pelo unas a otras. Los niños y los adolescentes juegan cerca de los muros de la iglesia. Los hombres, la mayoría pescadores, están de pie y observan, o hablan entre ellos.

Aquí las familias viven en edificios escolares de los terrenos de la iglesia. Dentro, la gente ha agrupado sus pertenencias, algo de ropa, y quizás un colchón y algunas mantas, ollas y sartenes, sobre los suelos de piedra. Huyeron de dos pueblos, Allaipiddy y Mandaithevu, situados en islas al oeste de Jaffna.

Los residentes de Allaipiddy han tenido que dejar su pueblo dos veces este año, una en mayo, cuando mataron a trece civiles, y ahora otra vez en agosto, cuando estallaron los enfrentamientos en la zona.  “Cayó un proyectil en nuestro pueblo y me hirió en la pierna,” cuenta Jeyapiria Jeyaratnam, de 10 años. “He visto muchos enfrentamientos. Oigo ruidos de noche y me asusto mucho. Siento que el proyectil va a caer aquí y me asusto cuando oigo hablar de los enfrentamientos en la radio.” 

La madre de Jeyapira, Mary Angaleena comenta que la familia decidió ir a vivir a una iglesia cuando empezaron los bombardeos. “A las 4.30 de la mañana un proyectil cayó en la iglesia y me hirió en el estómago, el brazo y el cuerpo. Mi marido sacó una bandera blanca y condujo a la gente hasta un cruce de caminos, pero no pudieron seguir. Así que llamó a Jaffna y una ambulancia vino y nos recogió. Perdimos todo, incluso nuestras ropas.”

Jeyapira, sonriente, dice que ahora ella pasa tiempo jugando, y a veces peleando con otros niños en Nuestra Señora del Refugio. También ayuda yendo a buscar agua cuando su madre cocina. Está en 5° curso y cuenta que está desilusionada por tenerse que perder los exámenes por culpa del conflicto. 

Vajeesman Sivalingam de 15 años, de Mandaithevu, cuenta que le gustaría volver a su pueblo y vivir allí en paz. “Yo volveré cuando ambas partes se reúnan. Deben perdonarse unos a otros,” dice.

Niños como Vajeesman y Jeyapira están inscritos en la escuela y esperan poder empezar pronto las clases. 

UNICEF ha estado trabajando con el gobierno y otros socios para apoyar a las familias que están en la iglesia y en otros centros de la zona, creando espacios en los que los niños puedan jugar y recibir clases informales. M E Pius, el párroco local de Nuestra Señora del Refugio, está preocupado porque las enfermedades puedan propagarse, y comenta que está tratando de encontrar otro lugar para la gente que se está quedando allí. Mientras tanto, UNICEF y sus socios han suministrado depósitos de agua, baños, áreas para lavar ropa y pozos para los centros de alojamiento temporales del distrito de Jaffna.

Al noreste de la ciudad de Jaffna, en el área de Karaveddy, hay unas 7.000 personas desplazadas, unas dos terceras partes de las cuales viven con familias de acogida. Huyeron de la primera línea de enfrentamientos en el este. En una pequeña aldea, cuatro familias, todas emparentadas, viven juntas en una casa de una planta propiedad de Yogaraja Vijeyabarathy. En total las familias tienen 11 niños. Los hombres duermen afuera en la terraza, y las mujeres comparten las habitaciones en el interior.

“Las cuatro familias cocinan por separado,” comenta Yogaraja. “La comida es el principal problema. No hay suficiente harina ni arroz, pero todo el mundo permanecerá aquí hasta que el problema se resuelva.”

A causa de la situación de  inseguridad, las familias casi nunca dejan la casa. Dicen que tienen miedo de volver a su pueblo y les preocupa que los niños no estén yendo a la escuela.

Cerca de allí, en un centro de alojamiento temporal, otras treinta y seis familias se están quedando en una escuela. Han recibido tres tandas de raciones, pero los suministros están empezando a escasear. Las madres del centro dicen que cocinan gachas de arroz para el desayuno. Comentan que en ocasiones pueden comprar verduras en el mercado, pero por la noche se saltan la cena para poder alimentar a sus hijos.

© UNICEF Sri Lanka/2006/Mead

Cuatro familias, incluyendo 11 niños, huyeron del repunte del conflicto en la península de Jaffna, Sri Lanka, y ahora viven todos juntos en una casa de un solo piso.