Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

SIRIA

Ofreciendo tratamiento ante la angustia de los niños libaneses que encontraron refugio en el campamento sirio de Zabadani

En el pionero campamento de Zabadani, cercano a Damasco, Omar, de 11 años, y Sali, de 9, están en el área de juegos con otros niños y están contentos de jugar libremente y seguros, sin preocuparse de los ataques aéreos. Como muchos otros libaneses, llegaron con su familia a Siria y encontraron refugio en uno de los muchos albergues en los que se han suspendido las actividades de verano para recibir a los refugiados huidos.

Su aldea en el valle de Beqa’a fue objetivo en varias ocasiones de los aviones de combate israelíes, haciendo imposible la vida allí. Omar, el mayor de la familia, recuerda cómo los niños de su aldea corrían y se escondían cada vez que oían el ruido de un avión espía israelí, que surcaba el cielo alrededor del área objetivo de su ataque unos pocos minutos antes de que empezará el bombardeo. “El primer avión hace el mismo ruido que un trueno,” explica Omar.

El día que la familia dejó su casa fue el más devastador. Llovían bombas del cielo y los aviones de combate volaban muy bajo a una velocidad increíble. “Yo casi tenía una crisis nerviosa cada vez que oía los aviones volar sobre la casa,” dice la madre, antes de continuar diciendo, “Pensaba que lanzarían una bomba. Tenía mucho miedo por mis hijos.” Después todos corrieron hacia el coche y el padre condujo hacia el Este, a Siria, bajo un fuego intenso.

La familia llegó a Siria y se quedó en el campamento de Zabadani, uno de los mayores albergues del Damasco rural que alberga a unos 2.000 refugiados. Las autoridades sirias, las ONG y la comunidad, distribuyeron entre las familias comida, ropa, colchones y mantas. UNICEF apoyó estos esfuerzos proporcionando artículos de higiene personal y respondiendo a las necesidades de agua y saneamiento en los emplazamientos.

Sin embargo, se expresó una preocupación inmediata por la salud de los niños y las mujeres. “Tuvimos que asegurarnos que las madres siguieran dándole el pecho a sus hijos para proteger su bienestar,” comenta Marc Lucet,  Coordinador de Programas de UNICEF. “Tuvimos que asegurarnos el poder inmunizar a los niños para que pudieran resistir en las condiciones de vida en las que están hoy en día.” Se organizó una campaña de vacunación contra el sarampión para los niños menores de 15 años y también una campaña de ‘puesta al día’ para completar las vacunas de los niños menores de cinco años, intentado evitar cualquier brote de enfermedades infantiles entre los refugiados.

Los espacios abiertos y las áreas de juego son muy importantes para casi la mitad de los habitantes de este campamento, los niños. Las actividades las organizan algunos voluntarios, mientras UNICEF distribuye muchos juguetes y organiza juegos para que los niños jueguen y para ayudarles a superar los días difíciles de los que han sido testigos.

“Aquí estamos muy felices, pero quiero volver a casa” dice Sal. Más tarde, su padre nos explica que ha oído que una bomba derrumbó su casa pocos días después de que se fueran. “Mis hermanos y yo hemos trabajado más de 30 años para construir nuestras casas y tiendas, y en diez minutos todo ha desaparecido,” explica Yousef. Todavía no ha encontrado el momento de decirle a su familia que no hay nada a lo que volver.

Entre los refugiados que viven en este campamento, esta familia no es la menos afortunada. Al lado, vive Ali, de 3 años. Él y su familia sobrevivieron después de que una bomba cayera sobre su casa pero no explotara. Cuando huían de la casa, cayó otra bomba, y en esta ocasión Ali resultó herido. Ali todavía se despierta en mitad de la noche presa del pánico, salta en brazos de su padre, y pregunta “¿Nos volverán a disparar?”.

Con el objeto de tratar la situación de angustia de los niños que han sido testigos de la muerte de seres queridos y de la destrucción de sus hogares y sus comunidades, UNICEF ha formado a voluntarios de la Media Luna Roja Siria en temas de evaluación y apoyo psicosocial. También se han creado espacios amigos de los niños donde puedan encontrar de nuevo un entorno seguro y se puedan beneficiar de las actividades recreativas y educativas.

Visto desde fuera, el campamento parece simplemente cualquier otro lugar en el que los niños están pasando sus vacaciones de verano. Pero Sali y Omar ya están pensando en el futuro y están deseando volver a la escuela en septiembre. “Quiero ir a la universidad, me encanta estudiar,” dice Omar.

© UNICEF Syria/2006/0995/Al Azmeh

Estos niños están contentos de poder jugar libremente y con seguridad, sin preocuparse de los bombardeos aéreos. Como muchos otros libaneses, llegaron a Siria con sus familias y encontraron refugio en un campo para desplazados.