Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

UGANDA

El pez y la jirafa: Una ‘madre niña’ en el norte de Uganda protege a sus hijas

Cuando Milly Auma, llevando sobre su espalda a una de sus hijas, sujetando a la otra a su lado  y apoyándose en un bastón para apoyar su pierna herida, apareció en Gulu en 2002, diez años después de haber sido secuestrada por el Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés), se convenció de que la decisión de haber escapado de sus captores había sido la correcta. Pero durante las primeras semanas y meses, aún lo dudaba.

“La gente decía que me había unido [al LRA] por voluntad propia,” cuenta Auma, ahora con 26 años, recordando las dificultades que tenía para sacar agua del pozo comunitario por los insultos a los que debía enfrentarse. “Ellos decían, ‘¿por qué nos contaminas con tu espíritu maligno?’ Llamaban a mis hijas ‘hijas de Kony.’ Al menos [en el LRA], un niño era considerado como ‘nuestro hijo.’” Un vecino les puso a sus hijas como sobrenombre simplemente ‘Kony,’ haciendo referencia a Joseph Kony, el líder del grupo rebelde que ha luchado durante los 20 años de conflicto en el norte de Uganda.

Las experiencias de Auma hacen eco de los testimonios de otros niños y jóvenes que fueron anteriormente secuestrados, y habla del estigma y la discriminación con los que muchos se encuentran al volver a casa. Ella también arremetió contra los insultos individuales, contra ella y sus hijas (de dos y cuatro años en el momento de su regreso). A pesar de las penurias padecidas durante su cautiverio, contemplaba la vuelta voluntaria al LRA si finalmente no era aceptada por la comunidad. Después de todo, ella sólo quería lo mejor para sus hijas.

Al final, fue ese espíritu de determinación el que permitió a Auma adaptarse a su nuevo entorno como adulta, habiendo sido apartada de la comunidad en su último año de escuela primaria, cuando apenas tenía la edad que tiene ahora su hija mayor. Pero lo que más la ayudó a fortalecer el vínculo entre sus responsabilidades sociales y económicas fue el apoyo de la Asociación de Trabajo Social Juvenil (YSA, por sus siglas en inglés), una organización comunitaria, apoyada por UNICEF y otros socios.

YSA realiza programas de reintegración para los niños que fueron secuestrados y para otros adolescentes vulnerables ante la opinión publica de su comunidad. Los proyectos incluyen actividades de generación de ingresos y terapia entre pares, así como sesiones de formación en liderazgo y habilidades empresariales. Estas sesiones se imparten en un módulo denominado ‘Twiga,’ que es la palabra swahili para ‘jirafa’, un animal conocido por su habilidad para ver a lo largo y a lo ancho.

En 2005, utilizando lo que había aprendido a través de YSA, Auma invirtió una pequeña cantidad de dinero para transportar pescado de agua dulce desde el río Nilo en Jinja hasta Gulu, y venderlo en los mercados locales. Tuvo unas ganancias iniciales de 100.000 UGX  (aproximadamente unos 50 dólares estadounidenses). El segundo viaje le reportó 200.000 UGX, y así continuó. Al principio traía el pescado en bolsas de plástico, que pronto pasaron a ser recipientes. La madre de tres hijos, dio a luz a su tercer hijo en febrero, ahora piensa en arrendar una parcela para cultivar verduras y venderlas.

El Oficial de Programas de YSA, Flora Omony, cuanta que el caso de Auma y de otros niños muestra el vínculo entre los programas de la organización y la capacidad de recuperación con la que vuelven de su cautividad muchos de los niños que fueron secuestrados. “Estos niños y adolescentes tenían una capacidad de supervivencia desarrollada al haber estado con el LRA y llegar incluso a escaparse. Destacamos una serie de habilidades genéricas y les animamos a [los que fueron secuestrados] a desarrollar sus propios mecanismos para enfrentarse a las circunstancias.”

Desde que comenzó el conflicto, el LRA ha secuestrado a unos 25.000 niños, incluidas unas 7.500 niñas. Entre las niñas secuestradas hay ‘niñas madres,’ aquellas que regresan de su cautividad habiendo concebido y dado a luz a sus hijos.

“Existen tensiones entre los jóvenes que previamente estaban con el LRA y las comunidades en las que ahora viven. Dichas diferencias deben ser tratadas de forma coherente y de manera que se promueva el desarrollo de toda la comunidad si es que se quiere una paz duradera en el norte de Uganda,” comenta el jefe de operaciones de UNICEF en Uganda, Martin Mogwanja.

Desde su asociación con YSA, el cambio más destacable que Auma ha experimentado es que ha dejado de agredir a los que la etiquetan a ella y a sus hijos. “Ahora tengo un negocio y la gente ve que tengo éxito,” comenta. Hoy ha ido a la oficina de YSA para asistir a una sesión de formación que permita identificar y aconsejar a los adolescentes vulnerables. Antes de esta sesión, ella se pone una etiqueta con su nombre sobre su pañuelo rojo. “No debería ser descrita como alguien inútil. Si alguien dice algo negativo de mí, ahora lo ignoro."

© UNICEF Uganda/2006/Hyun

Milly Auma y dos de sus tres hijos asisten a la sesión de formación YSA sobre el valor de la participación infantil y juvenil.