Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

SOMALIA

Oro líquido y un río de lágrimas: la difícil situación de los habitantes de los pueblos asolados por la sequía en el sur de Somalia

Como miles de somalíes, Faduma Adow Bolis, de 26 años, hace frente a la última desgracia a la que se enfrenta también su gente. El país, tachado por años de conflicto entre clanes y por el acceso limitado a los servicios sociales básicos, ahora se enfrenta a la peor sequía de la última década. Bajo el cañón de un AK-47, todo tiene un precio. En una tierra completamente seca, el agua es como oro líquido.

“Hay sequía en la zona, los animales están muriendo y ahora nosotros tenemos hambre,” explica Faduma. “Toda la situación es difícil, tenemos hambre, toda la zona, todo el país está igual.” Los conflictos localizados agravan más la situación puesto que las cuencas se secan. “Nuestra mayor prioridad es el agua. Cuando alguien sangra, lo primero que haces es parar la hemorragia. Así que si no hay agua, no hay vida,” dijo el Jefe Malak Mohammed Mohlem después de que el abrevadero de su pueblo se secara a finales del año pasado. Recientemente se ha informado del aumento del número de pastores desposeídos de sus rebaños, que se concentran en las ciudades del sur de Somalia y que dependen de las ayudas. Los últimos en llegar normalmente son los últimos que reciben ayuda.

“Tan pronto como empiezan a menguar los recursos, empieza el conflicto, en especial cuando hay poca agua y todos quieren tener prioridad,” comenta el Oficial de Agua y Saneamiento de UNICEF, Abdulkadir Dalib, en Wajid, Somalia. “Los que vinieron primero son la gente de la zona. Así que los que no son de esta zona o se vienen aquí no son considerados prioritarios.”

Un ejemplo típico de esta situación es la ciudad de Wajid, que ha visto multiplicarse su población durante el primer trimestre del año con la llegada de más de 12.000 personas de áreas distantes en busca de agua y comida. Al tiempo que los débiles y vulnerables acudían a la ciudad, rápidamente empezó a hacerse patente que Wajid no era el prometedor oasis que muchos esperaban.

Habiba Madker viajó durante cinco días con sus tres hijos para llegar a Wajid. “El viaje ha sido muy complicado. No disponíamos de un transporte adecuado. Como hemos perdido a nuestros animales de carga yo llevé a los niños sobre mi espalda,” nos cuenta. “No hemos recibido ninguna ayuda desde nuestra llegada; ni siquiera puedo salir a por leña ya que no puedo dejar solos a los niños. Los niños están enfermos porque tienen hambre. No puedo volver al lugar del que provengo; allí no hay nada.” Bajo esta presión, y ante la falta de recursos en la ciudad, la paciencia de la gente comienza a superar los límites de la fortaleza humana. UNICEF y sus socios comunitarios intervinieron rápidamente trayendo camiones cisterna de agua potable para ayudar a las más de 36.000 personas de la región. El acceso al agua potable es sólo una de tantas necesidades urgentes a las que esta gente se enfrenta, pero es una que implica la diferencia entre vivir o morir.

“La ayuda de UNICEF va más allá del simple suministro de agua,” comenta el Jefe del equipo de Agua y Saneamiento de UNICEF en Somalia, Chris Print. “El agua potable es un derecho humano básico, pero además en Somalia limita las posibilidades de conflicto y por lo tanto contribuye a la seguridad de Habiba y sus hijos. Nuestro objetivo no es simplemente aliviar el apremiante sufrimiento y la amenaza de enfermedades. Es reforzar el sentido primario de pertenencia de los sistemas de agua, dañados por el conflicto, por parte de las comunidades, y proporcionales agua suficiente para su gente y sus animales. Necesitamos centrarnos en cómo la ayuda de UNICEF puede contribuir a poner fin a este ciclo de desesperación que usurpa la vida de estas personas.”

Esta lógica puede verse reflejada en la ayuda que UNICEF proporciona a las comunidades, por ejemplo a la de Kulaan Jurrer en Wajid, para construir tanques de agua y reparar los sistemas de bombeo que abastecen a comunidades como la de  Habiba. A fecha de hoy, más de 200.000 personas y su ganado se han beneficiado de unas propuestas de equipamiento innovadoras, incluyendo el suministro de una serie de bombas que funcionan con energía solar. Puede que estas intervenciones no hayan resuelto el conflicto, pero evitan la propagación de enfermedades mortales y alivian el apremiante sufrimiento.

Para Faduma y Habiba la vida seguirá en un equilibro precario durante los próximos meses. Pero cuando vuelvan a casa tras las lluvias, UNICEF continuará apoyándolas mediante la reparación de las bombas y los pozos de sus comunidades, rompiendo así el ciclo de desesperación y remplazando su río de lágrimas por agua potable.

© UNICEF Somalia/2006/Keulen

UNICEF ayuda a la población afectada por la sequía en el centro y sur de Somalia construyendo y rehabilitando el suministro de agua para así prevenir enfermedades mortales y aliviar el sufrimiento de los niños somalíes y de sus familias.