Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

MOZAMBIQUE

Ayudar a los ancianos cabezas de familia a cuidar de los niños

En la remota aldea de Bomofo, localizada en la provincia meridional de Gaza, un grupo de unos 50 ancianos y ancianas, algunos acompañados por sus nietos huérfanos, ubican sus cansados cuerpos bajo la sombra de un árbol. Se han reunido para encontrar soluciones a los problemas a los que se enfrentan mientras crían a sus nietos huérfanos.

Es una de las muchas reuniones que realizan regularmente como miembros de Vukoxa (significa ‘anciano’ en la lengua local), una organización que ayuda a los ancianos cabezas de familia a cuidar de los niños, normalmente sus nietos. Charlan abiertamente unos con otros y con los representantes de las autoridades educativas y sanitarias del distrito. Con el apoyo de Help Age International (Ayuda Internacional para los Mayores) y UNICEF, Vukoxa trabaja actualmente en ocho comunidades para proteger los intereses de las personas mayores y representarlas a nivel provincial y de distrito.

Todos los mayores están de acuerdo en que Vukoxa ha tenido éxito en mejorar sus vidas y las de los pequeños a su cargo. “Athaliah Mabunda es una de las muchas abuelas representativas que se han beneficiado de Vukoxa,” explica la consejera Ameilia Mondlane. “Ella estaba tan traumatizada la primera vez que la visitamos que no fue capaz de hablarnos, pero poco a poco se ha ido dando a conocer.”

El pasado de Athaliah Mabunda es traumático. Ha vivido 16 años de guerra civil que la privaron de su marido, Francisco. Le mataron de un disparo cuando estaban tratando de huir de los enfrentamientos, y seis de sus siete hijos murieron durante la guerra. “Era demasiado peligroso ir hasta el puesto de salud, así que simplemente nos quedábamos en casa,” cuenta.

Su última hija, a la que había abandonado su esposo, murió en 1999 tras una larga enfermedad, que posiblemente se debió al SIDA, aunque entonces no era fácil hacerse la prueba. La delicada abuela se quedó a cargo de Eliza, que ahora tiene 11 años. 

Su devoción por su nieta fue puesta a prueba al año siguiente, durante las inundaciones devastadoras del año 2000 en Mozambique. “Oí el agua rugir como un tren, así que corrí para agarrar a Eliza. La envolví con mi cuerpo.” Eliza sonríe por primera vez al tiempo que su abuela nos lo demuestra levantándola entre sus brazos y envolviéndola en una tela alrededor de su estómago. “Después corrí hasta el árbol del vecino. Y trepé con Eliza sujeta a mí. Estuvimos arriba del árbol durante dos días con los demás vecinos hasta que el agua bajó. Vi mi hogar pasar flotando,” cuenta la abuela.

Aunque Athaliah Mabunda no ha ido a la escuela, se asegura de que Eliza nunca falte a clase. Sin embargo, hay muchas tareas del hogar que hacer antes y después de la escuela, como por ejemplo ir a buscar agua, recoger madera, cultivar para tener que comer, cocinar y limpiar. 

Eliza no dice mucho, pero es rápida señalando sus deseos para el futuro. “Me gustaría ser profesora”, dice. Su abuela sonríe y comenta, “Ella siempre le dice eso a la gente.”

Vukoxa les ha ayudado con los libros escolares y lápices, y con mantas, ropa y utensilios para cultivar y cocinar. También se ha reforzado su pequeño hogar tradicional de barro y ramas con hormigón en el suelo y ahora tiene un tejado de zinc, una letrina cerca de la casa y jabón.

“Con la ayuda de los consejeros de Vukoxa, 43 niños, la mayoría de los cuales son huérfanos, han vuelto a la escuela”, comenta el Director de la escuela local, Estavao Nhatumbo.

Los consejeros de Vukoxa también desempeñan un papel importante en los cuidados sanitarios de los niños, comenta Silva Chauque, del sector sanitario. “Los consejeros explican a los demás ancianos que deben llevar a sus niños al puesto de salud cuando tienen fiebre o diarrea en lugar de tratarlos con plantas del curandero tradicional. Antes, morían unos seis niños todos los meses en el puesto de salud local, pero por ejemplo, este mes, no ha habido ninguna muerte.”

Cuando se les pregunta por su principal problema, casi todos los ancianos coinciden en que, a pesar del apoyo en las actividades agrícolas, la falta de alimentos para sus nietos debido a la persistente sequía es lo que más les preocupa. Todavía piensan en la supervivencia básica del día a día. Le preguntamos a Athaliah Mabunda acerca de sus planes de futuro y se queda en blanco. “¿En qué futuro podemos pensar cuando somos tan pobres?” pregunta.

© UNICEF Mozambique/2006

Un grupo de cerca de 50 hombres y mujeres de avanzada edad, algunos acompañados de sus nietos huérfanos, se sientan a la sombra de un árbol en una reunión con los consejeros Vukoxa.